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El Buen Tono 

Sandra González 

Orizaba.- Mientras las cifras macroeconómicas reportan una desaceleración de la inflación general, el costo de llevar alimentos a la mesa continúa presionando el bolsillo de las familias mexicanas. De acuerdo con el economista Jorge Alberto Moreno Sánchez, los productos de la canasta básica alimentaria están aumentando a un ritmo superior al de la inflación, al grado de que el ingreso de un trabajador con salario mínimo resulta insuficiente para cubrir por sí sólo la alimentación de una familia de cuatro integrantes.

Explicó que en julio de 2026 la inflación general anual se ubicó en 3.12 por ciento, pero el comportamiento de los alimentos, bebidas y tabaco alcanzó 4.85 por ciento, reflejando que el encarecimiento de los productos esenciales mantiene una presión mayor sobre los consumidores.

Moreno Sánchez señaló que la canasta alimentaria urbana alcanzó alrededor de 2 mil 550 pesos por persona, con una variación anual de 3.8 por ciento. Para una familia de cuatro integrantes, esto representa un gasto cercano a 10 mil 200 pesos mensuales únicamente para cubrir la alimentación.

La cifra resulta especialmente preocupante frente al salario mínimo. Tomando como referencia un ingreso de 315 pesos diarios, un trabajador obtiene aproximadamente 9 mil 450 pesos al mes, por lo que ni siquiera ese ingreso mensual alcanzaría para cubrir el costo de la canasta alimentaria de cuatro personas, sin considerar vivienda, transporte, educación, salud, servicios y otros gastos indispensables.

El economista advirtió que el problema no termina en los alimentos, pues el costo de vida también se incrementa cuando se incorporan otros bienes y servicios necesarios para una familia. En este caso, la llamada línea de pobreza por ingresos contempla rubros como transporte, vivienda, educación y salud, cuyos costos también han mantenido incrementos importantes, particularmente en las zonas urbanas.

“Comer lo básico en México es cada vez más caro”, señaló al explicar que la inflación subyacente continúa mostrando una inercia difícil de romper, debido a que los precios de bienes y servicios mantienen presiones al alza.

El especialista consideró que las cifras generales pueden dar la impresión de que la inflación está bajo control, pero para las familias de menores ingresos la realidad es distinta, porque una proporción cada vez mayor de sus recursos debe destinarse a productos indispensables.

De esta manera, la reducción de la inflación general no necesariamente significa un alivio para los hogares: si los alimentos aumentan por encima del índice general y los salarios no crecen al mismo ritmo, el poder adquisitivo continúa deteriorándose.

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