Laura A. García
El Buen Tono
Cuitláhuac.- La creciente indignación en la cabecera municipal ha alcanzado un punto crítico. Los vecinos del municipio denuncian que la invasión de las banquetas por parte de establecimientos comerciales y particulares ha rebasado cualquier límite tolerable, transformando las vías peatonales en extensiones privadas de mercancía, mobiliario y obstáculos. Ante esta situación, la población exige a la alcaldesa, Angélica Peña Martínez que ejerza su autoridad y ponga orden de manera inmediata, pues la seguridad de los transeúntes pende de un hilo.
El problema no es reciente, pero se ha agravado: mesas, sillas, cajas y hasta vehículos han bloqueado las banquetas, reduciendo el paso a franjas mínimas. Esta ocupación del espacio público no solo atenta contra la imagen urbana, sino que convierte el acto cotidiano de caminar en una verdadera odisea para los habitantes.
Las consecuencias de este desorden son palpables y peligrosas. Obligados a descender al arroyo vehicular para poder avanzar, los peatones se exponen directamente al tráfico rodado, arriesgando su integridad física. Personas de la tercera edad, infantes que van a la escuela y madres que cargan carriolas se convierten en blancos fáciles de accidentes viales. La posibilidad de ser arrollados ya no es una especulación, sino una amenaza constante que genera angustia y zozobra en la comunidad.
Los pobladores exigen a la alcaldesa Angélica Peña Martínez operativos de verificación, multas a los infractores y el retiro de los obstáculos que usurpan las banquetas. Asimismo, piden un replanteamiento del uso del suelo comercial en zonas céntricas para evitar que se repita el conflicto.
Es responsabilidad del gobierno local garantizar el libre tránsito y la seguridad vial. La molestia vecinal en Cuitláhuac es un llamado de urgencia que no puede ser ignorado.
El derecho a caminar seguro por las vías públicas es inalienable, y su violación exige una intervención municipal decidida antes de que la negligencia desemboque en una tragedia mayor.
