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Laura A. García
El Buen Tono

Tepatlaxco.- Lo que era una solución para los vecinos de la colonia Guadalupe se ha convertido en un foco de conflicto. La reparación del camino principal, una demanda añeja de la comunidad, terminó por generar un daño colateral significativo: la pared de una bodega particular resultó afectada tras los trabajos, y ahora el agua se filtra hacia el interior del inmueble, poniendo en riesgo mercancías y estructura del local.
De acuerdo con el testimonio de la persona afectada, la maquinaria pesada usada para el raspado y nivelado de la carpeta asfáltica golpeó y fracturó el muro perimetral de su propiedad. Lo que en un principio pareció un daño menor, se ha agravado con las lluvias, convirtiendo la grieta en una vía directa para la entrada de agua. La afectada señala que, pese a haberlo notificado a las autoridades municipales no ha recibido respuesta, por lo que ahora exige la intervención de la alcaldesa Erika Jauregui Hernández, para que se reparen los daños ocasionados.
El caso expone una problemática recurrente en la administración: la falta de previsión y supervisión en la ejecución de obras. Mientras el Ayuntamiento se atribuye el mérito de la rehabilitación del camino, los perjuicios colaterales quedan en el limbo, desatendidos y a merced de la suerte del afectado. La omisión de la autoridad no solo vulnera el patrimonio ciudadano, sino que envía un mensaje de desinterés por las consecuencias de sus acciones.
Más allá del daño material, la situación se torna aún más cuestionable al analizar la estrategia de la administración para llevar a cabo el mantenimiento de esa vía de comunicación. El Ayuntamiento optó por convocar a los vecinos a través de faenas para ejecutar los trabajos, una decisión que, encubre una preocupante dilación de responsabilidades. Esto porque cuentan con partidas presupuestales etiquetadas para el mantenimiento de caminos y que, por tanto, tiene la obligación de ejecutarlas sin delegar la carga operativa en la ciudadanía y con ello revelan que se están robando los recursos.
Usar mano de obra vecinal cuando existen recursos para ello no solo es cuestionable desde la perspectiva administrativa, sino que también abre la puerta a la corrupción.
Al carecer de la supervisión técnica este tipo de decisiones aumentan el riesgo de daños colaterales como el que hoy vive la propietaria de la bodega.

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