DEL YATE A LA TUMBA: MANUEL HUERTA PIDE “VERDAD Y JUSTICIA” POR ZENYAZEN, AHORA QUE YA NO ESTÁ PARA RESPONDERLE
VERACRUZ, Ver.— En política, dicen, la memoria puede ser selectiva. Y el caso de Manuel Huerta Ladrón de Guevara parece ilustrarlo: mientras Zenyazen Escobar García estuvo vivo, ambos protagonizaron una abierta confrontación política; ahora que el diputado federal ha muerto, el senador aparece con un discurso de prudencia, condolencias y exigencia de “verdad y justicia”.
Huerta pidió a las autoridades estatales y federales esclarecer los hechos y respaldó que se conozca la verdad sobre la muerte de Escobar. El pronunciamiento es legítimo en términos institucionales, pero resulta inevitable recordar el largo historial de enfrentamientos entre ambos y preguntarse si la tragedia está siendo convertida también en una nueva oportunidad para la disputa política.
🔥 EN VIDA FUERON ADVERSARIOS POLÍTICOS
La rivalidad entre Huerta y Escobar no era un secreto. Los dos se confrontaron públicamente por el rumbo de Morena en Veracruz, liderazgo, candidaturas y diferencias internas.
Escobar llegó a acusar a Huerta de traición y doble discurso, mientras el senador cuestionó públicamente a integrantes de su propio partido por presuntas prácticas de corrupción, nepotismo y un supuesto enriquecimiento que, desde su perspectiva, debía ser explicado.
La disputa no quedó en los pasillos. Hubo declaraciones, descalificaciones y acusaciones cruzadas que convirtieron a ambos en protagonistas de una de las pugnas internas más visibles de Morena en Veracruz.
⛵ DEL “SQUALO” A LA CONDOLENCIA
Uno de los episodios más recientes fue el incendio del yate “Squalo”, ocurrido en mayo de 2026.
En medio de las versiones que atribuían la embarcación a Escobar, Huerta aprovechó el episodio para cuestionar el patrimonio y el llamado “enriquecimiento inexplicable” de algunos integrantes de Morena. El caso provocó un nuevo choque político y puso nuevamente a Escobar en el centro de las críticas.
Escobar negó ser propietario del yate y sostuvo que se encontraba en una moto acuática cuando ocurrió el incendio. Incluso posteriormente circuló un video que buscaba respaldar esa versión.
Hoy, apenas meses después de aquella confrontación, el escenario es completamente distinto: Escobar ya no puede responder, debatir ni defenderse públicamente.
Y Huerta, uno de sus más visibles adversarios políticos, ahora reclama justicia.
🦅 CUANDO EL ADVERSARIO YA NO PUEDE CONTESTAR
Ahí está el punto incómodo.
No se cuestiona que Huerta tenga derecho a lamentar una muerte ni a exigir que las autoridades investiguen. Lo que genera suspicacia es el contraste entre el discurso de ayer y el de hoy.
Porque una cosa es pedir que se conozca la verdad y otra muy distinta utilizar una tragedia para volver a colocar en el centro de la conversación las viejas disputas políticas.
El problema no es que Huerta hable. El problema sería que la muerte de su antiguo adversario termine convertida en un nuevo capítulo de la guerra política que ambos protagonizaron en vida.
⚠️ LA MUERTE DE ZENYAZEN NO DEBE SER BOTÍN POLÍTICO
Las autoridades todavía deben establecer qué ocurrió con precisión. La Fiscalía General del Estado confirmó el fallecimiento y mantiene abierta la investigación; la Fiscalía General de la República también intervino en el caso. Hasta ahora, las circunstancias exactas de la muerte continúan bajo investigación.
Por eso, antes de fabricar culpables, hipótesis o narrativas políticas, corresponde dejar trabajar a las autoridades.
La exigencia de justicia no tiene dueño, pero tampoco debería tener partido.
Y si durante años hubo diferencias, acusaciones y confrontaciones, lo mínimo que exige la tragedia es respeto.
Porque zopilotear una muerte para sacar ventaja política sería tan mezquino como innecesario.
Zenyazen Escobar podrá ser juzgado por su trayectoria, sus decisiones y sus controversias, pero ya no está aquí para responder.
Y precisamente por eso, quienes antes lo enfrentaron tienen ahora una responsabilidad mayor: no convertir su muerte en botín político.
La verdad deberá salir de una investigación, no de los discursos de sus antiguos adversarios.
En vida fueron enemigos políticos. Hoy, ante la muerte, lo mínimo sería no convertir el luto en otra batalla por poder.
