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de la REDACCIÓN
EL BUEN TONO

Córdoba.- Un completo relajo de modas, sin guardar una etiqueta formal de vestuario y cada quien como quería, sin coordinación y sin una línea institucional definida. Así lució el primer Grito de Independencia encabezado por Manuel Alonso Cerezo, una postal que, más allá de la ropa, terminó convirtiéndose en una radiografía del desorden político que se vive dentro del Ayuntamiento.
Porque una fotografía también habla. Y en esta, el protagonismo del centro se desplazó para dejar ver tensiones, acomodos y jerarquías. Los tres integrantes del extremo izquierdo funcionan, de acuerdo con la lectura política de esta imagen, como auténticos comodines: o votan en contra o el alcalde logra sumarlos a favor, resultándole mucho más barato que negociar con otros bloques. En la zona centro-derecha aparece el bloque de cinco integrantes que representa el principal contrapeso y resistencia.
Y mantener tranquila esa resistencia tendría, según esta interpretación, un costo político y económico considerable. En el otro extremo aparece la edil colocada junto al alcalde, posición que proyecta cercanía y confianza personal. Mientras tanto, el desplazamiento del alcalde y la Primera Dama hacia los extremos de la fotografía rompe con la tradicional centralidad protocolaria y deja una imagen institucional tan fragmentada como el propio escenario político del Cabildo.
Y como si al cuadro le faltara otro ingrediente, ni siquiera llamaron a la regidora tercera, Glorisel Ixmatlahua Rodríguez. En los pasillos y redes sociales ya comenzaron a circular las burlas por el atuendo que lució, al grado de que algunos la llaman la “reginaca de Morena”, por la finísima imagen proyectada durante una ceremonia que, por su importancia, exigía formalidad institucional.
Al final, la fotografía terminó diciendo más de lo que probablemente pretendían sus protagonistas: un Ayuntamiento sin coordinación hasta para posar, con bloques perfectamente identificables, alianzas que van y vienen y una conducción que sus críticos cuestionan severamente.
Y mientras desde distintos sectores se lanzan acusaciones de corrupción y lavado de dinero contra Manuel Alonso Cerezo, el alcalde tendrá que cargar también con una imagen que, por sí sola, parece resumir el momento político: cada quien por su lado y Córdoba esperando que alguien ponga orden.

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