


Tinta Ácida
El Buen Tono
Orizaba, Ver.- El cierre del teleférico del 8 al 11 de septiembre para mantenimiento volvió a exhibir no sólo las fallas de la obra más presumida por Juan Manuel Diez Francos, sino también la total incapacidad de la Unidad Municipal de Protección Civil, que no cuenta con protocolos de prevención basados en reportes meteorológicos y permite que el sistema opere aun en condiciones de riesgo, poniendo en peligro la vida de los usuarios.
El incidente del pasado 13 de agosto, cuando 12 personas quedaron atrapadas por más de una hora en las cabinas debido a las rachas de viento que activaron el frenado de emergencia, es la prueba más clara: Protección Civil no actuó de manera preventiva pese a que los reportes de clima anunciaban inestabilidad en la zona. En vez de suspender el servicio, dejaron operar el teleférico hasta que el sistema colapsó con pasajeros a bordo.
El problema no es el viento, sino la negligencia. Un plan de seguridad serio tendría protocolos para cerrar antes de que las ráfagas superen los niveles seguros; sin embargo, en Orizaba se apuesta al azar, con la complacencia del alcalde, que prefiere callar antes que admitir la vulnerabilidad de su “obra estrella”.
El teleférico, de 917 metros de longitud y 320 metros de altura, se presume como el cuarto más largo y el más alto del país, pero la realidad es que opera bajo la lógica del “a ver si no pasa nada”. Turistas y familias quedan a expensas de las rachas de viento y de la falta de reacción de las autoridades, en un juego de ruleta rusa disfrazado de atractivo turístico.
No hay protocolos, no hay transparencia en las bitácoras de seguridad, ni existe una estrategia preventiva que garantice el resguardo de los visitantes. Se improvisa después de los incidentes, se cierran las instalaciones y se habla de “mantenimiento”, cuando en realidad lo que se necesita es responsabilidad.
Con este esquema de omisión y complicidad, Protección Civil deja de ser un organismo que protege a la ciudadanía para convertirse en cómplice del alcalde, priorizando la operación del teleférico sobre la vida de las personas.
“En Orizaba no se previene: se espera a que el teleférico falle con pasajeros arriba para reaccionar”.

