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Sandra González 

El Buen Tono 

Orizaba.- Convertir el impulso, el enojo o la tristeza en color, textura y forma. Esa es la propuesta con la que la artista plástica Yadira Díaz Orejan trabaja diariamente con niñas, niños, jóvenes y adultos, muchos de ellos atravesando crisis emocionales profundas o expuestos a contextos de violencia.

“Definitivamente el arte es un neutralizante”, afirmó. “Hay niños demasiado viscerales, hasta para decirle cosas a sus papás, y también pueden ser crueles con otros niños. Nosotros nos enfocamos en capturar bebés del arte: en lugar de gritarle a tu papá, a tus amigos o a tu entorno… dale ese grito a un lienzo”.

Díaz Orejan recordó la anécdota de una alumna que, frente al lienzo, comenzó a desgastarlo con fuerza. “Le dije: esa es tu obra, ahora píntala. Y lo hizo. Pintó sus emociones, así, desgajadas. Ese es el objetivo: canalizar esa energía”.

Explicó que, mientras muchos niños están hoy atrapados en pantallas, videojuegos violentos o entornos familiares difíciles, el arte ofrece un refugio y, al mismo tiempo, un espacio para procesar su realidad. “Si quieres descargar algo contra la pared de tu cuarto, hazlo, pero hazlo bien. No a medias. En la vida real, las cosas a medias nunca son buenas: o eres o no eres. Lo mismo en una obra: la terminas o no la terminas”.

Su taller atiende de 4 a 85 años, pero las urgencias emocionales se concentran en los jóvenes que enfrentan soledad, depresión, violencia o pensamientos suicidas; para la artista, el arte no sólo forma creadores, sino que reconstruye vidas fragmentadas.

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