De la Redacción
El Buen Tono
Estados Unidos anunció este miércoles una acusación formal por cargos de asesinato contra Raúl Castro, exmandatario de Cuba, por su presunta responsabilidad en el derribo de dos avionetas civiles ocurrido el 24 de febrero de 1996, un incidente que provocó la muerte de cuatro personas y que durante décadas generó tensiones entre ambos países.
Las aeronaves pertenecían a la organización Hermanos al Rescate, con sede en Miami, integrada por cubanoamericanos que realizaban misiones de búsqueda de migrantes en el estrecho de Florida. Ese día, dos de sus avionetas fueron interceptadas y derribadas por aviones militares cubanos.
El gobierno cubano sostuvo que las aeronaves habían ingresado a su espacio aéreo y justificó la acción como una medida de defensa nacional. Sin embargo, la Organización de Aviación Civil Internacional concluyó posteriormente que el ataque ocurrió sobre aguas internacionales, respaldando la postura de Estados Unidos.
Hermanos al Rescate afirmó que su labor consistía en localizar balseros que intentaban abandonar la isla. No obstante, las autoridades cubanas acusaron al grupo de realizar actividades de provocación, incluyendo el lanzamiento de miles de volantes sobre La Habana semanas antes del incidente.
Tras el derribo, Fidel Castro aseguró que había ordenado detener los vuelos cercanos a Cuba, pero negó haber dado instrucciones específicas para destruir las aeronaves. También sostuvo que Raúl Castro, entonces ministro de Defensa y responsable de los servicios de seguridad, no emitió una orden directa para el ataque.
La administración del entonces presidente Bill Clinton respondió con sanciones contra Cuba y promovió un endurecimiento del embargo comercial, aunque no presentó cargos penales contra los hermanos Castro. En 2003, el Departamento de Justicia acusó a tres oficiales militares cubanos relacionados con el caso, pero nunca fueron extraditados a territorio estadounidense.
Treinta años después de los hechos, el caso vuelve a ocupar la atención internacional con la acusación presentada por el gobierno estadounidense, reavivando uno de los episodios más controvertidos en la historia de las relaciones entre Washington y La Habana.
