Asegura que, pese a las denuncias presentadas desde 2024, su agresor sigue libre y continúan los actos de intimidación
De la Redacción EBT
Córdoba, Ver.- Tras dos años de enfrentar un proceso marcado por la incertidumbre y la falta de resultados, Ailed Chávez Rodal asegura que hoy vive con temor de que algo pueda ocurrirle a ella o a su familia, luego de denunciar agresiones presuntamente cometidas por su expareja, José Alfredo “N”.
La joven relató que el 24 de mayo de 2024 sufrió una agresión cuando su presunto agresor se presentó en el lugar donde trabajaba. A raíz de esos hechos interpuso una denuncia, pero afirma que durante meses no observó avances significativos en el caso.
Fue hasta el 21 de enero de 2026 cuando se realizó una primera audiencia relacionada con el proceso, situación que, asegura, incrementó su preocupación debido a que considera que el tiempo transcurrido permitió que el conflicto permaneciera sin resolverse.
“Este viernes tengo una nueva audiencia y espero que realmente se haga algo. Durante mucho tiempo hemos sentido que nadie nos escucha y que el proceso no avanza”, expresó.
Ailed señaló que pensó que el episodio había quedado atrás; sin embargo, al retomarse la carpeta de investigación volvió a sentirse expuesta y vulnerable, pues asegura que desde entonces han ocurrido situaciones que considera intimidatorias.
Entre ellas mencionó que el pasado 5 de mayo el padre de José Alfredo “N” acudió a su negocio y que posteriormente se encontró con su expareja mientras circulaba en vehículo, momento que describe como una experiencia que la hizo sentir nuevamente en riesgo.
La afectada también manifestó su inconformidad con el acompañamiento legal que ha recibido, pues sostiene que algunos hechos recientes no pudieron incorporarse al expediente debido a la falta de pruebas documentales, situación que considera la ha dejado en estado de indefensión.
Con lágrimas en los ojos, Ailed pidió que las autoridades encargadas de procurar justicia actúen con responsabilidad y den seguimiento puntual a su caso, antes de que la situación pueda escalar a consecuencias más graves.
“Lo único que quiero es vivir tranquila y no tener miedo de que algo me pueda pasar”, expresó.
El caso vuelve a poner sobre la mesa las críticas hacia la lentitud de algunos procesos relacionados con denuncias de violencia, donde las víctimas aseguran enfrentar largos periodos de espera mientras continúan sintiéndose vulnerables ante quienes señalan como sus agresores.
