Adriana Estrada
El Buen Tono
Orizaba.- Durante tres semanas consecutivas, el Grupo de Búsqueda Coralillo, perteneciente al Colectivo Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba, recorrió terrenos agrestes en municipios de la zona, bajo la esperanza de encontrar a los suyos, a quienes siguen esperando que regresen a casa.
Las jornadas, antes de una semana completa, hoy se reducen a los últimos días por falta de recursos y apoyo institucional. Aun así, el Colectivo sigue trabajando bajo lluvia, lodo, caídas, temor a víboras y cansancio, con esperanza intacta y el corazón cargado de ausencia.
Los trabajos se realizaron en Cuitláhuac del 11 al 13 de mayo y en Río Blanco del 20 al 22 y del 27 al 29. Cada pala, herramienta y vehículo listo representó más que trabajo: esperanza, fe y compromiso de seguir buscando a quienes no han regresado.
El colectivo, representado por Araceli Salcedo, señaló que aun con indicios positivos las diligencias se detienen al llegar el fin de semana, dejando suspendido el dolor y la incertidumbre. Pese a ello, las familias continúan desmalezando, abriendo caminos y realizando pozos en condiciones extremas, muchas veces junto a las autoridades.
Detrás de cada salida hay madres, padres, hermanos e hijos que transformaron el dolor en fuerza. “Nuestras herramientas son instrumentos de amor. Con ellas removemos la tierra, pero también el silencio.
Buscamos respuestas, verdad y la posibilidad de devolver un poco de paz a familias que viven con el corazón incompleto”, compartieron integrantes del grupo.
El Grupo de Búsqueda Coralillo creció con nuevas familias que, pese al dolor de la desaparición de un ser amado, se integraron como rastreadores. Cada incorporación significa más víctimas, pero también más fuerza y corazones dispuestos a no rendirse. “No son solo fosas lo que buscamos, buscamos verdad, justicia, paz y un abrazo pendiente que nunca debió faltar”, destacaron.
El Colectivo Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba, a través del Grupo Coralillo, honra la fortaleza de cada persona que sale al campo. Su lucha es un acto de amor que no se rinde: mientras haya un desaparecido, seguirán removiendo maleza y miedo con esperanza intacta.
