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Austeridad letal

Superiberia

Billie J. Parker

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.”

Párrafo que abre el libro “La Historia de dos ciudades” (el mal y el bien), de Charles Dickens.  Concebida hace 160 años por el periodista más famoso de todos los tiempos, quien teje una trama que se desarrolla durante la revolución francesa. Rememora que la historia humana se desarrolla entre estas dos fuerzas.  Es desde este punto donde se podría analizar varios temas de esta transición de régimen que padecemos. Puedo irme por la política de extinción de la prensa crítica que sigue siendo, contra toda regla de oro del periodismo, noticia. Pero hay aspectos sociales mucho más graves en la agenda nacional como para distraer la tarea que nos toca.

Hablemos del exterminio soterrado de gran parte de la población en nombre de una cruzada contra la corrupción. Esa ansiada batalla que no ha generado que los verdaderos corruptos sean castigados, en cambio, y como ofrenda al pueblo bueno que sacrifican, les entregan en charola la caída a la pobreza de miles de familias inocentes, que descalifican, estigmatizan y hasta persiguen en redes- y con recursos del erario-, por tener un empleo que sirve a la población. Tal como sucede con los médicos, los pasantes, las y los enfermeros, las mujeres, los cuidadores de niños o los mismos periodistas que enseñan lo que sucede en el sector salud, la corrupta inercia o la inseguridad,

Ante el caos se multiplican las insurrecciones de un México bronco que no termina de despertar porque la Nación está hecho de esperanza y esa todavía no la liquidan del todo. No obstante, cada grupo está aplicando su propia justicia, lo mismo ocurre con autodefensas, como lo hace la recién llegada burocracia. Es tiempo de vendettas.

Hablemos de esa poda social disimulada, tan propia de la tecnocracia, de los neoliberales diría nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, que lamentablemente se hace presente en una cuarta transformación que emerge deshumanizada, incompatible con su discurso restablecedor de la justicia social.

Hablemos de cómo evitar la eliminación sistemática de millones de seres humanos a manos de una burocracia salvaje, como aconteció con aquellos alemanes que bien reseñó Hannah Arendt, filosofa y periodista que cubrió el juicio del nazi Adolf Eichmann, uno de los autores del Holocausto, quien en su libro terminó exhibiendo las condicionantes que imponen los regímenes políticos al ser humano. En un artículo esplendido del País se reseña cómo el arquetipo Eichmann era un ser ansioso por conseguir el aplauso de sus superiores, un hombre incapaz de cuestionar su condición de engranaje al interior de la maquinaria del Estado, una persona vencida por la conciencia de su época: “Lo que me tranquilizaba era no encontrar a nadie que se opusiera al exterminio”, dijo, el siempre dispuesto a obedecer a su Führer.

“La tesis fundamental de Arendt en torno a la banalidad del mal pone a la vista que hay situaciones en las que el actuar de los seres humanos responde, fundamentalmente, a las reglas impuestas por el sistema al cual pertenecen”. Tesis que fue impugnada y rechazada, pero la filósofa alemana insistió en que “las situaciones extremas, es decir, los regímenes totalitarios —sean más o menos explícitos y muestren el rostro que muestren— generan siempre situaciones deshumanizadas que, aquí la clave, “la misma indiferencia y la misma soledad que engendran seres sumisos”.

No permitamos que ello suceda, pongámosle rostros a esos muertos que nadie está contando. Evitemos que el mal triunfe en esas esferas que intentan pasar a la historia como héroes o heroinas, que si siguen por el camino que van serán los antihéroes, hijos de una arribista burocracia ignorante y sin consciencia.

AMLO estableció la búsqueda de la transformación de la vida pública del País sin que nadie preguntara, por puro rigor ¿a costa de qué o quiénes? Porque cerrar la llave de los ductos no es lo mismo que cerrar la llave de los medicamentos, de los empleos, de la dignidad de las personas.

Cuando se ve a López Obrador negar con rotundos “no, no, no, no”, lo que sucede en la trágica realidad de la población surgida de las deshumanizadas políticas de recortes o, la obsesiva necesidad de “concentración de poder y riqueza”, se parte la psique de muchos que albergan la esperanza de que la atrocidad rampante pudiera deberse a un error de sus colaboradores, pero con su negativa terminante sepulta cualquier duda.

Las crisis de salud está documentada desde arriba hasta abajo. Desde los directores de nosocomios hasta quienes no encuentran la manera de atención y están muriendo. Ellos, los que pueden, documentan en la Cámara de Diputados el déficit presupuestal que les afecta. Los ven y oyen, empero ¿quién escucha a los enfermos y los que no tienen los recursos para evidenciar sus historias?

Para eso estamos nosotros, nosotras, aunque nos linchen un día sí y otro también. Hay que exhibirlas desde la parte baja de la pirámide, porque la horizontalidad y la circularidad no existen en este cambio de régimen. Tenemos la obligación de documentar lo que se padece en clínicas rurales, en centros de salud, en instituciones, farmacias, en todo el sector salud, entre más pronto menos muertes habrá.  *BillieParkerNoticias.com

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