A un mes exacto de la toma de posesión de Peña Nieto, hay una percepción de fin de época y de principio de otra. Para empezar, están los actos inaugurales de ayer, encabezados por un presidente Calderón desconocido por su rival del PRD tras la elección del 2008, al lado de otro personaje del mismo PRD, el jefe de gobierno de la capital, Marcelo Ebrard, expresando emotiva gratitud al mismo presidente. Y aquí hay varios mensajes, pero sobresale el que parece marcar el final de la larga época de López Obrador como figura tutelar o caciquil tras los poderes políticos y clientelares en que se sustenta el gobierno del DF. 

Los recuentos de los medios hablan de sólo cinco encuentros, a lo largo de 15 años, 12 de ellos de presidentes panistas y de jefes de gobierno perredistas. Y de sólo dos entre Calderón y Ebrard, a lo largo de un sexenio que se desenvolvió en una fría coexistencia, pero que termina con este recorrido, juntos, por la nueva Línea Dorada del metro, un risueño paseo que también parece poner fin a esta época de ríspida anormalidad regida por la personalidad de AMLO en la capital. Todo indica que una nueva época se abre en la relación entre los gobiernos de la república y de la capital, con los mensajes de cercanía que han intercambiado el Presidente y el jefe de Gobierno entrantes. 

 

Sin filtro

Y para seguir con esta percepción de cambio de época está el programa de tele arrancado el domingo en un canal de Televisa por un grupo de jóvenes identificados, algunos de ellos, con el #YoSoy132, de los que precisamente pusieron a Televisa en el blanco de sus protestas de este año. Y no es que haya sido un gran desempeño mediático el de este grupo de universitarios que debutaron el domingo en su programa Sin filtro, de ForoTV. Ni que el show haya alcanzado siquiera un regular nivel de audiencia, por el atractivo de los presentes o de lo que decían o hacían. 

Pero aunque los chavos no acertaron a poner en claro qué significa su consigna de democratización de los medios, ejercieron una expresión que materializa, en parte, esa demanda: el derecho a comunicar, el derecho de las personas y los grupos a colocar en los medios sus mensajes, liberados de los estereotipos que suelen imponer los tratamientos de los medios: selectivos y con la contextualización y la jerarquización propias de los procesos informativos del periodismo. Se trata de los filtros a través de los cuales los medios seleccionan qué se pública y con qué marco. 

Bienvenidos al escrutinio

Probablemente el nombre, Sin filtro, del programa se refiera al propósito de remover algunos de esos filtros que según esto han detenido el libre flujo de “la verdad”, o distorsionado u ocultado “la realidad”. Y, sí, no es infrecuente la presencia en nuestros medios de intereses extra profesionales en el marco del clientelismo que históricamente ha lastrado a la prensa latinoamericana. También han desnaturalizado las funciones y filtros del periodismo, previstos, idealmente, para decantar lo noticioso de lo que no lo es, conforme a los principios profesionales del valor de las noticias y el interés de audiencias y lectores. Pero en su debut, los jóvenes de Sin filtro mostraron desconocer algunos de los rudimentos de la comunicación y el periodismo, entre otros, los trabajos que desde hace décadas exploran las tendencias a estereotipar y distorsionar, precisamente a partir de las rutinas de los medios. 

Y el problema es que hoy, incorporados a un medio, estos jóvenes establecen ya sus propias rutinas, con sus respectivas tendencias a estereotipar a personajes e instituciones, como ya lo hicieron el domingo, entre notables contradicciones, confusiones, imprecisones y no pocas transgresiones al lenguaje televisivo. Seguramente corregirán, aprenderán y crecerán. Pero por lo pronto, bienvenidos al escrutinio público que ya tienen encima, por su nuevo rol de concurrentes a la definición de la agenda del debate público.

Académico