

AGENCIAS
CDMX.- El gobierno mexicano volvió a quedar atrapado entre el discurso patriótico y la realidad. Mientras Claudia Sheinbaum repite que la soberanía “no se negocia”, medios estadounidenses ya exhiben que la CIA participa activamente en operaciones contra el narcotráfico dentro de México, definiendo objetivos, aportando inteligencia y coordinando ataques.
La nueva versión difundida por The New York Times no limpia al gobierno federal; por el contrario, confirma que Washington ya opera dentro del país y que las autoridades mexicanas terminan haciendo el trabajo sucio.
Según la investigación, la CIA proporcionó información estratégica y participó en la planeación para ubicar y eliminar a Francisco “El Payín” Beltrán, operador del Cártel de Sinaloa muerto tras la explosión de una camioneta en Tecámac.
Aunque el diario asegura que los agentes estadounidenses no estuvieron físicamente en el atentado, el fondo del asunto sigue siendo devastador: Estados Unidos decide y México ejecuta.
La diferencia con la versión de CNN sólo cambia el grado de participación, no la gravedad de los hechos. Primero negaron todo. Después resultó que sí hubo coordinación. Luego aceptaron inteligencia compartida. Ahora ya se habla de planeación conjunta. La narrativa oficial se cae pedazo por pedazo.
El problema no es únicamente la presencia de agencias extranjeras; el verdadero escándalo es el nivel de sometimiento político de un gobierno que presume soberanía en los discursos mientras permite que Washington marque prioridades, objetivos y rutas operativas dentro del territorio nacional.
Donald Trump lo dijo sin rodeos: si México no combate a los cárteles, Estados Unidos lo hará. Y hoy sus amenazas empiezan a tomar forma. Primero fueron drones de vigilancia, después agentes infiltrados, luego operativos “coordinados” y ahora operaciones de inteligencia para eliminar objetivos específicos ligados al narcotráfico.
Mientras tanto, el gobierno mexicano intenta esconder la crisis detrás de comunicados ambiguos y desmentidos tibios. Omar García Harfuch rechazó “operaciones letales extranjeras”, pero evitó negar la colaboración estratégica. Es decir, reconocen la intervención mientras juegan con las palabras para no admitir públicamente que la seguridad nacional ya está condicionada por Washington.
La situación se volvió todavía más delicada tras revelarse la presencia de agentes estadounidenses en Chihuahua, algunos armados, participando en operativos contra narcolaboratorios sin que incluso autoridades estatales tuvieran conocimiento pleno de ello. El desorden institucional ya es inocultable.
México pasó de exigir respeto internacional a convertirse en un territorio donde agencias extranjeras operan bajo el argumento del combate al terrorismo. Y mientras eso ocurre, el gobierno sigue más preocupado por controlar la narrativa que por explicar hasta dónde llega realmente la intervención estadounidense.
La pregunta ya no es si existe injerencia extranjera. La verdadera pregunta es cuánto más está dispuesto a ceder el gobierno mexicano mientras públicamente sigue hablando de soberanía.
