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De la Redacción
El Buen Tono

Córdoba, Ver. — El ambulantaje en el centro de Córdoba no solo no ha sido controlado, sino que se ha extendido. En enero, el censo oficial registró a 286 personas en condiciones de comercio ambulante en el perímetro del Mercado Revolución. Seis meses después, la ocupación de la vía pública es mayor.

La calle 7, desde la avenida 8 hasta la 2, está tomada. La avenida 8, en la zona del mercado, es un corredor de puestos. En la calle 9, las carretillas ya operan como puntos fijos; los postes de luz sirven de exhibidores y las señales de tránsito cuelgan mercancía. No hay orden, no hay autoridad.

El alcalde Manuel Alonso Cerezo prometió en enero un “programa de reordenamiento” y la reubicación de vendedores en mercados municipales. Dio un ultimátum para el 15 de enero. Aseguró que se pondría orden. Nada de eso ocurrió. En febrero, aún “gestionaba un espacio”. Hoy, la única gestión visible es el discurso vacío y la omisión.

La regidora con comisión en Comercio, Glorisel Ixmatlahua Rodríguez, es una figura de adorno. Su reglamento no se aplica. La supervisión que ella misma documentó se limita a recorridos y oficios, sin resultados concretos. Su función es decorativa.

El dato más grave es el que se desprende de los hechos: los ambulantes estarían pagando cuotas “por fuera” a autoridades municipales, sin que ese dinero entre al erario. Se refuerza así un mercado negro de impuestos, donde la complicidad de inspectores y mandos medios permite la operación ilegal a cambio de una coima.

La autoridad municipal es omisa o cómplice. El problema no se resuelve porque no hay voluntad de resolverlo.

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