Superiberia

CATÓN
Columnista

Nadie debería leer el chascarrillo que descorre hoy el telón de este artículo de humor dominical. Dicha historieta es de carácter sicalíptico, y podría ofender el pudor de alguien. Preferible es empezar la lectura en el segundo cuento… Meñico Maldotado, joven varón con quien natura se mostró avarienta en la parte correspondiente a la entrepierna, fue con una linda chica al popular Motel Kamawa. El empleado de turno les asignó la habitación número 210. Ahí tuvo lugar el consabido trance. Pirulina –tal es el nombre de la muchacha- suplió con su sabiduría la impericia del inexperto doncel, y lo llevó con sus artes mujeriles a la cumbre del placer sensual. Extático, arrobado, Meñico le propuso ahí mismo matrimonio, así de maravilloso fue el deliquio que experimentó. Le dijo lleno de emoción: “¡Cásate conmigo, Pirulina! ¡Te prometo ser la luz de tu vida!”. Respondió ella, dudosa: “¿Con ese cerillito?”… Doña Taísia, mujer casada, recibió el sábado por la noche en su recámara al mejor amigo de su esposo. Le preguntó el amante, inquieto: “¿No vendrá tu marido?”. “No –lo tranquilizó ella-. Me dijo que iba de pesca contigo todo el fin de semana”… La pequeña Rosilita le contó a su mamá: “Le di un beso a Pepito”. “¿Ah sí? –sonrió la señora-. ¿Cómo sucedió eso?”. Contestó Rosilita: “Cuatro niñas me lo detuvieron”… Ya conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. Un compañero de oficina le comentó: “Llevé a mi prometida a ver la película ‘La novia de Frankenstein’. Ya te imaginarás la fealdad de la mujer: cabellos erizados; rostro escamoso; ojos desorbitados; dientes como colmillos de bestia salvaje…”. Lo interrumpió Capronio: “¿Y cómo era la novia de Frankenstein?”… Jactancio, hombre presuntuoso, narcisista, pagado de sí mismo, le dijo en el bar a una hermosa dama: “Sólo hago el amor los días que comienzan con e”. Opuso ella: “Ningún día de la semana empieza con la letra e”. “Cómo no –replicó Jactancio-. El lunes, el martes, el miércoles…”… Aquella señora acudió a la consulta de una terapeuta sexual. Le dijo, preocupada: “Algo me sucede, doctora. Ya no encuentro atractivo a mi esposo”. “Tráigalo –le pidió la especialista-. Me gustaría tratarlos a los dos juntos”. Así lo hizo ella: en la siguiente consulta llevó consigo a su marido. La terapeuta, después de saludar al hombre, llevó a la señora a su privado y le dijo: “No tiene usted absolutamente nada. Yo tampoco encontré atractivo a su esposo”… Un platillo volador con tripulación marciana llegó a la Tierra en el momento en que se celebraba el Super Bowl. Cuando el ovni regresó a Marte el líder de la expedición le entregó a su jefe un balón de futbol americano y le dijo: “Éste es el objeto más valioso que tienen los terrícolas ¡Viera usted cómo se pelean por él!”… La esposa de don Algón entró en la oficina de su marido sin llamar antes. Cuál no sería su sorpresa al ver que su cónyuge tenía sentada en las rodillas a su secretaria. Don Algón no perdió la sangre fría. Siguió dictando: “En conclusión, señores del consejo, les pido autorización para comprar otra silla, pues con una sola el trabajo se dificulta mucho”… Aquel actor era pésimo, pero tenía una altísima autoestima. Cuando recitó en escena el monólogo de Hamlet lo hizo tan mal que la gente empezó a abuchearlo. El tipo fue al proscenio, se encaró con el público y le dijo: “A mí no me culpen. Yo no escribí todas esas pendejadas”… Doña Macalota fue al súper a comprar algunas cosas. Se dirigió a una empleada: “Estas lechugas son para la ensalada de mi esposo. ¿Contienen alguna sustancia tóxica?”. “No, señora –respondió la chica-. Tendrá que ponérsela usted misma”… FIN.

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