Luis Adalberto Maury Cruz
La multipolaridad, en esta Tercera Modernidad, expresa una reconfiguración del sistema mundial: la hegemonía estadounidense no ha desaparecido, pero opera bajo tensiones crecientes. En este escenario, el financiamiento no constituye un elemento accesorio, sino una condición estructural de la guerra. El sistema financiero funciona como un dispositivo de poder que permite sostener aliados, debilitar adversarios y reorientar flujos globales de energía, comercio e inversión.
En este desplazamiento, las redes financieras globales se convierten en infraestructuras de coerción capaces de producir exclusión, vigilancia y disciplinamiento económico (Farrell & Newman, 2019). Las sanciones —incluida la exclusión de redes como SWIFT o el congelamiento de activos soberanos— han desplazado parcialmente la lógica de la guerra convencional hacia formas de coerción económica de alta intensidad. Su expansión no es marginal: entre 2000 y 2021, el uso de sanciones financieras por parte de Estados Unidos aumentó más de 900 %, consolidándose como instrumento central de política exterior (U.S. Department of the Treasury, 2021).
Los principales focos de fricción —Ucrania, Taiwán, Irán y América Latina— deben leerse como nodos de disputas más amplias entre Estados Unidos, China y Rusia, con configuraciones variables según el caso. En todos ellos, la dimensión militar se articula con disputas financieras, tecnológicas y geoeconómicas que redefinen las formas contemporáneas del conflicto y constituyen lo que la literatura denomina guerra híbrida.
El sistema financiero occidental opera, en este sentido, como infraestructura de poder global: financia aliados, restringe adversarios y reorganiza jerarquías económicas internacionales. Su eficacia no radica únicamente en la profundidad de los mercados, sino en su capacidad de disciplinar mediante liquidez, sanciones y control de los circuitos de pago.
En consecuencia, las guerras proxy pueden entenderse como conflictos híbridos donde la dimensión militar depende del financiamiento global, mientras las finanzas internacionales funcionan como un mecanismo de reorganización del poder mundial. La cuestión decisiva es si este patrón inaugura una nueva arquitectura geopolítica o prolonga, bajo formas renovadas, la estructura hegemónica existente. En esta línea, Alfredo Jalife-Rahme sintetiza la asimetría estructural del sistema internacional contemporáneo: “En la geoestrategia mundial el orden es bipolar nuclear; en geoeconomía es multipolar; y en el orden financiero, unipolar” (Jalife-Rahme, 2011).
Dólar, City, Wall Street, SWIFT y sanciones
El sistema financiero occidental no es una entidad única ni un aparato centralizado, sino una arquitectura jerárquica de poder monetario, crediticio, cambiario y regulatorio articulada en torno a Estados Unidos, Europa occidental y el eje Wall Street–City de Londres. Su cohesión descansa en la primacía del dólar, la profundidad de los mercados de capitales, la banca transnacional y las infraestructuras globales de pagos.
De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el dólar continúa representando alrededor de 58 % de las reservas internacionales globales, lo que confirma su centralidad estructural como moneda de reserva y liquidación (IMF COFER, 2024).
En este entramado, el núcleo monetario está integrado por la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra. El dólar mantiene la posición dominante como moneda de reserva, financiamiento y facturación global, seguido por el euro y la libra esterlina; esta última conserva relevancia por el peso estructural de la City de Londres en el mercado global de divisas.
Esta centralidad del dólar se explica por la profundidad del mercado de bonos del Tesoro de los Estados Unidos, uno de los más grandes y líquidos del mundo, que funciona como activo libre de riesgo global y colateral del sistema financiero internacional (U.S. Treasury, 2025).
El segundo componente está constituido por los intermediarios financieros: banca comercial, banca de inversión, aseguradoras, fondos de inversión y pensiones, junto con el universo creciente de la intermediación financiera no bancaria (shadow banking), cuyo volumen global supera ya el 50 % del sistema financiero mundial (FSB, 2023).
El tercer componente corresponde a los mercados de capitales y divisas, donde se forman precios globales y se financian Estados y corporaciones. En el mercado cambiario, el dólar participa en aproximadamente el 88 % de las transacciones globales de divisas (BIS, 2022).
Wall Street y la City de Londres operan como una doble bisagra del poder financiero occidental: Nueva York concentra el anclaje soberano del dólar, el mercado de deuda y la banca de inversión; Londres articula el mercado global de divisas, el financiamiento offshore y la intermediación transnacional.
El cuarto componente es la infraestructura financiera, que incluye sistemas de pagos, cámaras de compensación y redes de mensajería financiera. Destacan Fedwire (Federal Reserve Wire Network), sistema de pagos en tiempo real de la Reserva Federal de Estados Unidos; CHIPS (Clearing House Interbank Payments System), red privada de compensación de pagos internacionales en dólares; Euroclear, depositario central de valores en Bélgica para custodia y liquidación de activos; Clearstream, sistema equivalente con sede en Luxemburgo para valores financieros; y SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication), red global de mensajería financiera que transmite instrucciones de pago entre bancos sin mover dinero. Este último, aunque técnicamente neutral, ha sido utilizado como instrumento de exclusión financiera en casos como Irán (2012) y Rusia (2022), evidenciando su dimensión geopolítica efectiva.
El quinto componente corresponde a la gobernanza regulatoria internacional, integrada por el FMI, el Banco de Pagos Internacionales (BIS), el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) y los Acuerdos de Basilea, los cuales estructuran la estabilidad sistémica mediante regulación prudencial global.
A esta arquitectura se suman dos mecanismos estructurales: el eurodólar, que amplía la circulación offshore del dólar fuera de la jurisdicción estadounidense, y el petrodólar, régimen mediante el cual la facturación internacional del petróleo en dólares sostiene la demanda estructural de la moneda estadounidense desde los años setenta (Hudson, 2003).
Finalmente, el sistema incorpora una dimensión geopolítica decisiva: las sanciones financieras, que operan mediante el control del acceso al dólar, los sistemas de compensación, las corresponsalías bancarias y redes como SWIFT, configurando una forma de poder coercitivo global.
Ucrania y las tensiones del sistema financiero occidental
La guerra en Ucrania no ha producido un colapso del sistema financiero occidental, pero sí ha intensificado tensiones estructurales que afectan algunos de sus fundamentos de centralidad: la primacía del dólar, la infraestructura global de pagos y el régimen energético asociado al petrodólar.
En términos generales, dicho sistema se sostiene en la hegemonía del dólar como moneda de reserva, facturación y liquidación internacional, articulada con mercados de capitales profundos —en especial el de bonos del Tesoro de los Estados Unidos— y con infraestructuras críticas como SWIFT.
Sin embargo, la expansión del uso de sanciones financieras —congelamiento de reservas internacionales rusas estimadas en alrededor de 300 mil millones de dólares en 2022— ha convertido estos dispositivos en instrumentos explícitos de coerción geopolítica, erosionando su antigua pretensión de neutralidad y confianza.
Uno de los ejes más sensibles de esta reconfiguración es el petrodólar, entendido como el vínculo estructural entre el comercio global de hidrocarburos y la facturación en dólares, que desde la década de 1970 ha sostenido la demanda internacional de la moneda estadounidense.
No obstante, la guerra en Ucrania aceleró una fragmentación parcial de los flujos energéticos al redirigir exportaciones rusas hacia Asia, introduciendo mecanismos de pago en yuanes, rupias y rublos, junto con descuentos sobre referencias internacionales como el Brent. En este contexto, el petrodólar no desaparece, pero opera con mayor fricción.
A ello se suma la transformación de la infraestructura financiera internacional. La exclusión parcial de bancos rusos de SWIFT impulsó el fortalecimiento de sistemas alternativos: Rusia amplió el Sistema para la Transferencia de Mensajes Financieros (SPFS), mientras China consolidó el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS), orientado a la internacionalización del yuan. Ninguno sustituye la escala global de SWIFT, pero ambos evidencian una tendencia a la fragmentación de la mensajería financiera y a la búsqueda de canales menos expuestos a la jurisdicción occidental.
Irán y el conflicto energético-financiero
Este antecedente permite comprender la relevancia de Irán dentro del sistema financiero global. A diferencia del caso ucraniano, aquí la variable crítica es la intersección entre energía, geopolítica y chokepoints marítimos, en particular el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de líquidos petroleros y alrededor de una cuarta parte del comercio marítimo global de petróleo (U.S. EIA, 2026).
En este punto, el análisis geopolítico contemporáneo —incluyendo formulaciones asociadas a Robert A. Pape— ha destacado que la centralidad de ciertos actores no depende de su tamaño económico, sino de su capacidad de afectar nodos estratégicos del sistema energético global.
Una escalada en Irán no afectaría únicamente a un país sancionado, sino al principal corredor energético del sistema internacional. En ese escenario, el petróleo deja de funcionar exclusivamente como soporte material del petrodólar y se convierte en un factor de volatilidad sistémica.
Es precisamente aquí donde emerge con mayor claridad la variable del petroyuan. La presión sobre Irán y otros actores euroasiáticos incentiva la liquidación parcial del comercio energético en yuanes. China, como principal importador mundial de energía, ha impulsado mecanismos de pago alternativos respaldados en su sistema CIPS.
El petroyuan no sustituye al petrodólar ni alcanza su profundidad estructural, pero introduce una fisura en la centralidad monetaria occidental al habilitar circuitos alternativos de liquidación energética. En este contexto, el eje Rusia–China–Irán adquiere una densidad geoeconómica específica: Rusia aporta resiliencia bajo sanciones; Irán, experiencia prolongada de economía restringida; y China, capacidad financiera, industrial y monetaria de absorción sistémica. Aunado a ello, Pape señala que Irán se está convirtiendo en el cuarto centro de poder global junto a Estados Unidos, China y Rusia.
Algunas conclusiones
Las guerras proxy y las finanzas internacionales configuran hoy un mismo campo estratégico del orden global. Los conflictos entre potencias ya no se explican únicamente por la confrontación militar indirecta, sino por la articulación entre financiamiento, sanciones y control de infraestructuras críticas del sistema financiero internacional.
En ese marco, el sistema financiero occidental no puede entenderse solo como una red de mercados, sino como una arquitectura de poder global articulada entre moneda, deuda, energía y regulación. Su dinámica actual está atravesada por una tensión central: por un lado, la persistencia estructural de la hegemonía del dólar, que aún no encuentra sustituto funcional equivalente; por otro, procesos de desdolarización relativa, fragmentación de circuitos de pago y creciente competencia monetaria y energética. La arquitectura financiera occidental conserva su centralidad —el dólar sigue siendo dominante, SWIFT continúa operando como red global principal y el petrodólar mantiene su peso estructural—, pero su pretensión de universalidad incuestionada se debilita gradualmente.
Es precisamente en este contexto donde las guerras proxy dejan de ser conflictos periféricos para convertirse en espacios de reconfiguración del orden mundial. En ellas no solo se disputan territorios o zonas de influencia, sino los soportes materiales del poder global: la moneda, la liquidez, los pagos y la energía. Ucrania e Irán expresan, en registros distintos, una misma mutación histórica: el tránsito de una hegemonía financiera relativamente incontestada hacia una estructura más tensa, fragmentada y competitiva.
Visto así, el sistema financiero occidental no opera como un árbitro neutral del mercado global, sino como una arquitectura de poder capaz de premiar aliados, asfixiar adversarios, congelar reservas, expulsar bancos y reorganizar dependencias a escala planetaria. Cuando el dólar, SWIFT o las sanciones se convierten en armas estratégicas, lo que emerge no es solo la persistencia de una hegemonía, sino también el signo de su desgaste.
Referencias
Bank for International Settlements. (2022). Triennial central bank survey of foreign exchange and over-the-counter derivatives markets in 2022. https://www.bis.org/statistics/rpfx22.htm
Farrell, H., & Newman, A. L. (2019). Weaponized interdependence: How global economic networks shape state coercion. International Security, 44(1), 42–79. https://doi.org/10.1162/isec_a_00351
Financial Stability Board. (2023). Global monitoring report on non-bank financial intermediation 2023. https://www.fsb.org/2023/12/global-monitoring-report-on-non-bank-financial-intermediation-2023/
Hudson, M. (2003). Super imperialism: The origin and fundamentals of U.S. world dominance (2nd ed.). Pluto Press.
International Monetary Fund. (2024). Currency composition of official foreign exchange reserves (COFER). https://data.imf.org/COFER
Jalife-Rahme, A. (2011, 26 de noviembre). “En la geoestrategia mundial el orden es bipolar nuclear; en geoeconomía es multipolar; y en el orden financiero, unipolar”. La Línea de Fuego. https://lalineadefuego.info/en-la-geoestrategia-mundial-el-orden-es-bipolar-nuclear-en-geoeconomia-es-multipolar-y-en-el-orden-financiero-unipolar-entrevista-con-el-cientifico-social-mexicano-alfredo-jalif/
U.S. Energy Information Administration. (2026). World oil transit chokepoints. https://www.eia.gov/international/analysis/special-topics/world_oil_transit_Chokepoints
U.S. Department of the Treasury. (2021). The Treasury 2021 sanctions review. https://home.treasury.gov/system/files/136/Treasury-2021-sanctions-review.pdf
U.S. Department of the Treasury. (2025). Debt to the penny and monthly statement of the public debt. https://fiscaldata.treasury.gov
