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De política y cosas peores

ElBuenTono

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etonina, vedette de moda, salió una noche con don Algón, maduro y salaz ejecutivo. Al día siguiente una de sus compañeras le preguntó: “¿Cómo te fue anoche en tu cita con ese señor?”. “Muy bien -replicó, feliz, la bailarina-. Cumplimos una semana de estar saliendo, y celebramos nuestro aniversario intercambiando regalos iguales. Él me dio las llaves de un coche último modelo y yo le di las llaves de mi departamento”. Babalucas era recluta en un campo militar. En el curso de uno de los ejercicios el sargento les ordenó a los soldados: “Sigan avanzando”. Babalucas le preguntó al compañero que tenía al lado: “¿Quién es Vanzando, tú?”. Un patrullero de carreteras y su novia contrajeron matrimonio. Preguntémonos esto: en la noche de bodas ¿cuánto duró el primer acto de amor? Voy a decirlo: duró 12 segundos. Es muy poco tiempo, si se considera que el término promedio de la amorosa acción, al decir de Irving Wallace, es de 7 minutos. Terminado el brevísimo trance la desposada se dirigió en tono acre a su marido: “¿Y tú eres el que multa a los conductores por exceso   de velocidad?”. De sobra está decir que Morena es el partido que hoy por hoy parte el pastel en México. Y todo indica que por mucho tiempo no soltará el cuchillo. Es el partido de un solo hombre, eso es obvio, y en la mayoría de los estados, por no decir que en todos, carece de estructura, de organización y de figuras señeras que le den prestigio y personalidad. Pero 30 millones de votos lo respaldan, y su caudillo principal -y único- lo eleva muy por encima de los demás partidos. Eso no es bueno para México. Todo partido necesita, para serlo verdaderamente, una oposición real. Por eso es tan lamentable que el PAN, el PRI y el PRD -los cito por orden de aparición en escena- estén tan decaídos y desmadejados. La elección del 2018 fue para ellos una debacle de la cual aún no se reponen. Y sin embargo pienso que esos tres partidos, con todos sus errores y defectos, han hecho aportaciones de valor a la vida nacional. Acción Nacional, fundado por ese mexicano ejemplar que fue don Manuel Gómez Morín, mostró a los mexicanos el valor de la democracia y del bien común. El PRI impulsó el progreso y desarrollo de México, aunque lo haya hecho en medio de la antidemocracia y de la corrupción. Y el PRD hizo una labor de verdadera izquierda que favoreció causas y luchas populares de importancia. Los tres partidos tradicionales  deben mantener su calidad de opción para los ciudadanos. Especialmente el PRI ha de resistir la tentación del pragmatismo y recuperar su identidad, aunque haya estado acostumbrado durante décadas a atender las consignas presidenciales. Perder su independencia y autonomía frente a Morena, convertirse en otro Partido Verde u otro PT, sería perderse. No puede haber democracia sin partidos que luchen entre sí por el poder a fin de implantar en la sociedad sus principios y valores. Ahora más que nunca hacen falta en México partidos opositores. El PAN, el PRI y el PRD tienen el deber de serlo. Filerito era un mancebo tímido, apocado. Cortejaba desmañadamente a Loretina, joven mujer que en su muy corta vida -andaría apenas por la veintena de años- había acumulado experiencias como para escribir 15 novelas. Y no de color rosa, lo puedo asegurar. A la muchacha le gustaba el pretendiente, pero éste, como se dice en lenguaje coloquial, no se aventaba. Cierto día Filerito venció por fin sus miedos y con voz temblorosa le dijo a Loretina: “Anoche soñé que tú y yo hacíamos el amor”, “¡Mira! -exclamó la vivaz chica-. ¡Eso demuestra que eres menos pendejo dormido que despierto!”. FIN.

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¡¡Abuso de su autoridad!!