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De la redacción
El Buen Tono

Puebla.— Mientras los principios de austeridad y responsabilidad en el servicio público forman parte del discurso gubernamental, la delegada del Bienestar en Puebla, Natalia Suárez del Real, quedó en el centro de la polémica tras difundirse un video en el que aparece recibiendo un masaje en su oficina.

La grabación no tardó en encender las redes sociales, donde usuarios cuestionaron la imagen que proyecta una funcionaria pública al convertir su espacio de trabajo en un lugar para relajarse, al menos durante los momentos captados por la cámara.

En el video, Suárez del Real aparece acompañada de una amiga a quien identifica como Yara. La funcionaria explica que ambas están descansando después de una jornada laboral y de haber compartido alimentos con integrantes de un grupo al que se refiere como “nuestros amigos de la 3 de octubre”.

Más adelante, señala que ha llegado el momento de descansar y reconoce que el masaje comienza a darle sueño, antes de despedirse de quienes siguen la grabación.

Las imágenes abrieron la puerta a una pregunta incómoda para la funcionaria: ¿qué tan compatible resulta esta escena con la responsabilidad que implica ocupar un cargo público?

Las críticas no se hicieron esperar. Usuarios y sectores de oposición señalaron una aparente contradicción entre la conducta exhibida y los principios de austeridad y ética institucional que se exigen a quienes trabajan en el servicio público.

Porque una oficina gubernamental no es un spa privado ni un espacio personal ajeno al escrutinio ciudadano. Quienes ocupan un cargo público deben entender que sus actos, especialmente cuando ellos mismos los exhiben, pueden convertirse en motivo de cuestionamiento.

Sin embargo, hay un punto que no puede darse por hecho: hasta ahora, la grabación no permite establecer si el masaje ocurrió durante el horario laboral ni si se utilizaron recursos públicos para realizarlo. Tampoco demuestra, por sí sola, que se hayan incumplido normas administrativas.

La polémica, por tanto, no gira únicamente en torno a un masaje, sino a la imagen de una funcionaria cuya conducta quedó expuesta ante la opinión pública y que ahora enfrenta cuestionamientos sobre el uso de su espacio de trabajo y la congruencia con los principios del servicio público.

En política, la austeridad no debería ser solamente una palabra para los discursos. También tendría que reflejarse en la conducta cotidiana de quienes ejercen funciones públicas. Y cuando una grabación genera más preguntas que explicaciones, el costo no se mide únicamente en críticas en redes sociales, sino también en la confianza ciudadana.

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