De la redacción
El Buen Tono
Científicos reportaron por primera vez evidencias que podrían corresponder a un planeta de “segunda generación”, un mundo que se habría formado a partir de los restos expulsados por una estrella después de su muerte.
El posible planeta estaría orbitando la enana blanca HS 0209+0832, ubicada a unos 270 años luz de la Tierra. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Nature Astronomy, las observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble y otros instrumentos revelaron señales químicas que apuntan a la presencia de material planetario alrededor de esta estrella muerta.
Una señal química inusual
Uno de los principales indicios fue la detección de rastros de elementos pesados, entre ellos niobio, en la superficie de la enana blanca. Los investigadores consideran que este material podría provenir de un planeta cercano que está siendo afectado por la intensa radiación de la estrella.
Jamie Williams, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Warwick, explicó que es la primera vez que se detecta niobio en una enana blanca y que su presencia podría estar relacionada con material procedente de los restos de la estrella tras su muerte.
Además, observaciones realizadas mediante el satélite TESS de la NASA identificaron una señal tenue de brillo que se repite aproximadamente cada 4.4 días, un comportamiento compatible con la existencia de un planeta gigante que orbita la enana blanca.
¿Cómo podría formarse un planeta después de la muerte de una estrella?
Cuando una estrella similar al Sol agota su combustible, se expande hasta convertirse en una gigante roja y posteriormente expulsa sus capas externas. Lo que queda es un núcleo extremadamente denso y caliente conocido como enana blanca.
Los planetas que se formaron originalmente junto con la estrella pueden sobrevivir a este proceso si se encuentran suficientemente alejados. Sin embargo, hasta ahora los astrónomos no habían registrado un planeta que pudiera haberse formado después de la muerte de su estrella anfitriona.
Los investigadores plantean que, durante la transformación de la estrella, el material expulsado pudo permanecer alrededor de la enana blanca y formar un disco. Con el tiempo, ese material podría haberse aglutinado hasta dar origen a un nuevo planeta.
Una posibilidad es que otro cuerpo celeste, como una estrella pequeña o una enana marrón, haya interactuado con la estrella durante su etapa de gigante roja, evitando que todo el gas y polvo se dispersara y favoreciendo la formación de un disco alrededor de la futura enana blanca.
El planeta todavía no está confirmado
A pesar de las evidencias, los científicos son cautelosos. Jamie Williams señaló que el objeto todavía es considerado un candidato y que se requiere mayor investigación para confirmar su existencia.
El equipo planea realizar nuevas observaciones con el Hubble y el Observatorio de rayos X Chandra de la NASA. También solicitó tiempo de observación con el telescopio espacial James Webb, que podría aportar información adicional sobre las características del sistema.
De confirmarse, el hallazgo representaría una nueva clase de planetas y abriría la posibilidad de que existan otros mundos de segunda generación alrededor de enanas blancas.
Una mirada al futuro del Sistema Solar
El descubrimiento también podría ayudar a los científicos a comprender qué podría ocurrir en nuestro propio sistema planetario cuando el Sol llegue al final de su vida.
El Sol terminará convirtiéndose en una enana blanca, por lo que los investigadores consideran que estudiar estos sistemas podría ofrecer pistas sobre el futuro lejano del Sistema Solar y sobre la posibilidad de que nuevos planetas lleguen a formarse después de la muerte de una estrella.
Más del 95 por ciento de las estrellas del universo terminarán convirtiéndose en enanas blancas. Por ello, confirmar que pueden surgir nuevos planetas alrededor de estos remanentes estelares ampliaría considerablemente la comprensión sobre la evolución de los sistemas planetarios.
Por ahora, HS 0209+0832 y su posible planeta representan una pista extraordinaria sobre lo que puede ocurrir con los mundos y los sistemas planetarios incluso después de que una estrella deja de existir como tal.
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