AGENCIA
Torreón, Coahuila.- El suelo de Torreón se hunde progresivamente y el problema alcanza dimensiones preocupantes. Investigaciones científicas identificaron que 62.5 por ciento de la superficie urbana está afectada por subsidencia, mientras que 58 por ciento de sus habitantes vive en zonas clasificadas con vulnerabilidad alta o muy alta.
Un estudio internacional publicado en octubre de 2026 en la revista Nature Cities ubicó a Torreón entre las ciudades con mayores registros de hundimiento del terreno, con una tasa aproximada de 17 milímetros anuales, equivalente a 1.7 centímetros.
La investigación, que analizó 465 ciudades de 107 países mediante observaciones satelitales, confirmó que el fenómeno representa un problema que va más allá de las grietas y los socavones visibles en calles y avenidas.
Por su parte, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) identificaron una superficie regional de subsidencia de aproximadamente 2 mil 940 kilómetros cuadrados. Sus mediciones, correspondientes al periodo 2016-2023, también detectaron deformaciones localizadas de hasta 134 milímetros anuales.
Una de las principales causas está relacionada con la extracción intensiva de agua subterránea, que modifica la presión en los depósitos del subsuelo y favorece la compactación de los materiales sedimentarios. La situación se agrava por las características geológicas de la Comarca Lagunera y la presión que ejercen las actividades agrícolas, industriales y urbanas sobre los acuíferos.
El riesgo no es solamente estructural. En 1991, una mujer murió cuando el terreno colapsó debajo de su vivienda en Lerdo, Durango. Desde entonces se han documentado grietas, hundimientos y evacuaciones de viviendas en distintos sectores de la región.
Los especialistas advierten que estos movimientos pueden afectar casas, carreteras, instalaciones industriales y redes de agua potable y drenaje. Aunque no todas las grietas representan un peligro inmediato, la falta de vigilancia y estudios geotécnicos puede incrementar la exposición de la población.
El problema plantea un desafío para las autoridades: frenar la sobreexplotación del agua subterránea, fortalecer el monitoreo del terreno y evitar que el crecimiento urbano avance sin estudios adecuados. Reparar pavimentos y rellenar socavones no resuelve las causas de fondo de un fenómeno que continúa modificando el subsuelo de La Laguna.
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