DÍA 28: LA IRA TRAS LAS PAREDES 

La hoz pandémica no sólo segará vidas y herirá las economías sino también hará que tambaleen los regímenes gubernamentales. El mundo se está sacudiendo y en ese barquinazo muchos proyectos y personajes políticos se derrumbarán, al menos así lo prevén los observadores del poder. El virus del Covid-19 está secundado por el del enojo popular que podría convertirse en furia. Y rebasará las paredes donde ahora está confinada.

Un político español lo acaba de decir ante el Parlamento de su país. En referencia a los millones que están encerrados en sus casas, advirtió que “una ventana puede ser (en estos tiempos) un pedazo de cielo desde donde se aplaude y anima a los que hoy luchan contra la infección, pero también (es) un tribunal severísimo con jueces sin toga, pero con una autoridad indiscutible que castigarán lo que hoy se hizo o no se hizo”.

Por ahora, el enojo popular también está en cuarentena, pero crece intramuros y cuando salga a la calle será inflexible con la clase gobernante y política que no estuvo a la altura para proteger a la población y atenuar el saldo mortal. La gente está encerrada, pero con bastante tiempo para reflexionar en lo tarde que se enclaustró debido a que los gobernantes supieron del peligro y dilataron para decretar la emergencia.

Cada día que pasó sin que la gente se resguardara del virus se cuenta en muertos. Y el conteo es apocalíptico: hasta mil diarios en algunos países. La dilación y el manejo de la crisis sanitaria será cribado en la rabia popular nada más que salgan las multitudes del encierro domiciliario, aunque ya hay visos de lo que podría venir.

En España, el miércoles se dio algo inédito: una manifestación digital contra el presidente Pedro Sánchez, denominada #GobiernoDimisión y que congregó a más de 400 mil personas en una transmisión en vivo en la red social YouTube. “Nos engañaron”, fue la deducción del colectivo virtual sobre el gobierno ibérico tanto por las decisiones tardías como por las cifras de enfermos y muertos. Todos acusan que los números están maquillados.

“Muchos advirtieron lo que se venía y desde el gobierno los acusaron de alarmistas y ‘conspiracionistas’. Miren cómo estamos. Todo fue cierto”, alegan los enojados-enclaustrados. La coalición gobernante de los partidos Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos entrará en cuarentena en cuanto la gente salga de ella.

En Francia, los ‘Gilets Jaunes’ (Chalecos Amarillos) esperan ansiosos que se levante el confinamiento para lanzarse a la yugular del presidente Emmanuel Macron con más rabia que nunca. Muchos prevén que las movilizaciones serán mucho más caóticas que las de 2018 y 2019 en las que llegaron a reunir más de 300 mil manifestantes.

Ya hay una plataforma digital que convoca a una “guerrilla urbana” y a “emboscar a los líderes fracasados” del gobierno francés. Esta plataforma digital tenía, hasta ayer, 361 mil integrantes que se organizan recopilando testimonios de personas que han enfermado o que tienen familiares que perecieron por el Coronavirus, que perdieron sus trabajos o que pasan penurias, por lo que llaman “la caótica gestión del gobierno”.

Un signo de que el presidente Macron está por entrar en pánico ante el creciente enojo popular que se le vendrá encima es que ayer sorpresivamente fue hasta Marsella a reunirse con el médico y profesor universitario Didier Raoult, quien es el pionero en Francia sobre el tratamiento de los enfermos del Coronavirus con Hidroxicloroquina, usada para tratar la malaria o paludismo, algo que inicialmente habían refutado los asesores médicos del Elíseo.

La reunión es simbólica porque el doctor Raoult, ahora repentinamente procurado por Macrón, es una de las figuras más invocadas por los “Gilets Jaunes’ quienes argumentan que científicos como el marsellés están ocupando los vacíos de poder que se perciben. En pocas palabras, los franceses aumentaron su enojo contra el macronismo y en el encierro ya comenzaron a avivar las brasas para que éstas se conviertan en incendio apenas termine el enclaustramiento.

¿FIN DE SEXENIO?

El presidente norteamericano Donald Trump, quien se quiere reelegir en noviembre, ya sintió que la lumbre le puede llegar a los aparejos por eso cambió repentinamente su postura burlona y desidiosa ante la pandemia. Ahora, aprovecha la contingencia para erigirse en una especie de comandante supremo en la guerra sanitaria, lo que le ha ayudado a subir levemente su popularidad, que ronda los 40 puntos, que había comenzado a declinar a principios de marzo.

Claro, su reelección pende del número de muertos que cause la pandemia y la gestión de la Casa Blanca de la contingencia. No hay que pasar por alto que la población afroamericana y latina es hoy la más tocada por la mortandad y el desempleo que ya alcanza cifras catastróficas. El Covid-19 será, sin duda, el gran elector en noviembre próximo, si es que no se posponen los comicios por la guadaña pandémica.

¿Y México? Al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador no le irá mejor. Su popularidad ya estaba en picada desde antes de la crisis por la pandemia y el virus acabará -pronostican lo analistas serios, no los desesperados opositores- por colocar su proyecto político al borde de la tumba. Muchos hasta sostienen que el sexenio lopezobradorista ya se terminó.

Se fue al camposanto político el domingo pasado cuando el presidente tuvo la oportunidad de mostrarse como un Jefe de Estado y no un líder de partido, sembrador del odio y divisor de los mexicanos. La “cuarta transformación” será traqueteada por la pandemia y terminará como una mera anécdota discursiva de alguien que engatusó a buena parte del país -a 30 millones- y cuando éste lo necesitó para que lo condujera en medio de la tormenta, se rió, hizo bromas, minimizó el riesgo y les falló a todos.

El geopolitólogo Alfredo Jalife lo remarcó hace un par de semanas: la “cuarta transformación” y Movimiento Regeneración Nacional (Morena) entraron en cuarentena y pueden pasar a terapia intensiva, y si López Obrador no cambia (de actitud y de acciones) ni quita a los que no le sirven, los mexicanos lo quitarán a él. Es la advertencia de un fundador de Morena y seguidor profundo del lopezobradorismo.