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Andrés Timoteo
Columnista

DOS GALLOS Y UN LAGARTO 
Varios observadores del quehacer político en México coinciden que a un año y medio de iniciado el gobierno del tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, los partidos de oposición y los poderes fácticos que lo contuvieron durante muchos años -empresarios, un sector de la Iglesia católica, intelectuales y los grupos de influencia política- siguen desordenados, sin poder articular un frente para hacerle contrapeso y preparar la revancha electoral en el 2024.
En parte es cierto, sobre todo en el terreno de la oposición partidista que no logra aglutinarse en un proyecto o movimiento que sirva para mantener bajo escrutinio permanente a la llamada “cuarta transformación”. Sin embargo, también es verdad que a pesar de que no hay una articulación puntual de la oposición, algunos sectores ya colocaron al lopezobradorismo en predicamento.
Las redes sociales son uno de ellos pues de ser “benditas”, según lo presumía el tabasqueño, se convirtieron en el terreno de crítica y hasta de descalificación permanente de su gestión. Pero la oposición partidista también se mueve, aunque lentamente, y comienzan a notarse liderazgos para enfrentar al morenismo en las elecciones del 2024,
Uno de ellos es Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, quien en las últimas semanas ha acaparado los titulares de prensa no solo por decidir aplicar por su cuenta medidas sanitarias contra la pandemia del Coronavirus, cuestionar la información oficial sobre la crisis sanitaria e impulsar la revisión -junto con otros mandatarios estatales- del Pacto Fiscal de la Federación debido al regateo de recursos federales a su entidad, sino que ahora tiene una confrontación directa con López Obrador.
Las protestas violentas por la detención y muerte del albañil, Giovani López en un municipio jalisciense -que no es del Movimiento Ciudadano al que pertenece el gobernador, sino del Revolucionario Institucional- sirvió para declarar y mostrar una “guerra abierta” entre el gobierno federal y el estatal. Es inocultable la violencia policíaca y la represión en Jalisco, pero también es cierto que desde la Ciudad de México enviaron operadores a esa entidad para azuzar las protestas y poner en evidencia al gobierno alfarista.
De ahí la acusación directa del mandatario contra el presidente y sus colaboradores que pretenden sumir a Jalisco en el caos con el fin de debilitarlo, pero en el jaloneo, la figura de Alfaro Ramírez se fortaleció porque a pesar de los disturbios y excesos policíacos para sofocarlos supo manejar la crisis poniéndose al frente de las acciones, localizando y presentando con vida a las 30 personas que se declararon como “desaparecidas” tras ser detenidas por supuestos agentes policíacos. También hizo algo a resaltar: dio marcha atrás a los procesos judiciales y ofreció disculpas públicas por los abusos de la policía.
En estos tiempos de soberbia política, las disculpas y el reconocimiento de acciones erróneas es algo raro, y por eso también encomiable. Aunque con raspones, Alfaro ha sorteado la embestida centralista y el caos provocado por su propia policía. A la par, logró sacar de sus casillas al tabasqueño López Obrador quien respondió sus acusaciones y lo retó a presentar pruebas de que su gobierno está detrás de la revuelta callejera.
¿Qué significa eso en la lectura política? Que la figura de Enrique Alfaro creció al grado de ponerse al mismo nivel de retórica que el presidente López Obrador y se erigió como un opositor declarado y contestario. No hay que perder de vista al mandatario jalisciense porque ya muchos lo ven como uno de los personajes que podría convocar a la oposición y encabezarla en la disputa por la sucesión presidencial.
Alfaro tiene la ventaja que no es del PRI ni del PAN sino de Movimiento Ciudadano y podría ser el eje convocante y unificador de la oposición partidista. Tampoco hay que olvidar que el fundador del MC, el ex gobernador Dante Delgado Rannauro, fue uno de los impulsores de la alianza con el PAN y el PRD en el 2018 y a su vez puede repetir la dosis aliancista para el 2024 incluyendo al tricolor.
Obviamente, la figura de Delgado Rannauro ha crecido en estos días porque en dos ocasiones ha dirigido cartas públicas a López Obrador cuestionando su actuación y revelando detalles de su personalidad, sus acuerdos, sus alianzas y convicciones -ahora extraviadas, según dice- que son tan ciertas que el tabasqueño no las ha desmentido. Durante muchos años, Dante Delgado y el MC fueron aliados y financiadores de López Obrador, así que lo que dice no es una mentira sino información de primera mano.
El actual senador le habla al tú por tú al tabasqueño, comportándose como otro incipiente contrapeso. Y aquí salta la teoría sobre un posible escenario electoral en Veracruz. Si el PAN esta dividido, el PRI en la lona y los demás partidos pequeños dispersos, ¿quién podría aglutinarlos para presentar un frente opositor que le arrebate la gubernatura a Morena? Obvio, Dante Delgado y no habría personaje en el morenismo que lo derrote, salvo con un mega fraude electoral.
La figura de Delgado está mejor posicionada que los morenistas que desde ahora se barajan para la contienda electoral del 2024. Entonces ni a Alfaro y a Delgado hay que perderlos de vista porque pueden ser los protagonistas del Bloque Amplio Opositor (BOA) que ayer mismo en la conferencia matutina del presidente fue denunciado como “un intento para derrocar a su gobierno” y que comenzaría en los comicios del 2021.
Claro, esta exhibición hecha en la “Mañanera” es un buscapiés que involucra a varios personajes, entre ellos periodistas, a fin de detectar a los operadores de la oposición en fase de articulación y de paso desprestigiarlos. El famoso BOA -el mismo nombre lleva una intencionalidad para demonizar un eventual frente opositor al ligarlo con una serpiente, el icono cristiano de satanás- es a la vez un distractor ideal del morenismo frente a la crisis sanitaria y económica que lo trae a trompicones.
Aun así, la deducción no es muy complicada: uno, desde palacio nacional ya identificaron el peligro para la permanencia del morenismo. Dos, la oposición no está tan dispersa como parece y, tres, la pandemia, así como las revueltas callejeras de estos días perfilaron al menos dos gallos para enfrentarse al régimen del “Pejelagarto’. Uno por la presidencia y otro por la gubernatura de Veracruz.
 
VÁLVULAS DE ESCAPE
En Veracruz como en el resto del país los abusos policíacos no son algo nuevo sino una práctica frecuente. Peor aún, la constante tampoco son las detenciones arbitrarias y con abuso físico que rompen con el respeto a los derechos humanos de las personas intervenidas ya que los policías aprehenden ilegalmente, torturan, asesinan y desaparecen a voluntad y sin que nadie los detenga. Eso es lo más pernicioso: la tolerancia y la impunidad.
Son contadísimos los casos en que algún agente termina frente a los tribunales o preso. Los abusos y hasta la complicidad con el crimen organizado de las corporaciones policíacas son algo tan común que ya se invisibilizó. Por eso, las protestas contra la policía que en los últimos días se han multiplicado en el país y que ayer llegaron a Veracruz -concretamente a Xalapa- no parten de un enojo reciente sino de un acumulado.
Las personas que el martes marcharon y ocasionaron destrozos en el zócalo xalapeño lo hicieron para protestar por la muerte del músico, Andrés Navarro Landa, detenido y asesinado por policías hace más de un mes. En su momento, solo los familiares salieron a reclamar justicia, pero ahora es la turbamulta. Y así como se protesta por el crimen de este joven xalapeño se podría hacer por la niña Magdalena y su abuelo Bellarmino acribillados el pasado enero por la policía estatal en Atzalan.
O por los tres detenidos en estos meses por la policía municipal de Huatusco que han aparecido muertos en la comisaría del lugar, o los jóvenes ‘levantados’ por los agentes de la Secretaría de Seguridad Pública en Mariano Escobedo, Minatitlán, Coatzacoalcos, Córdoba, Martínez de la Torre y Orizaba a los que también se les encontró en fosas clandestinas, despedazados en el interior de bolsas de plástico o que simplemente no se les ha vuelto a ver. Y esto es en este sexenio que corre, ya no se diga en los anteriores.
Es decir, hay demasiados motivos y muy fuertes para salir a marchar contra la policía estatal que encabeza Hugo Gutiérrez Maldonado o las corporaciones municipales. No obstante, como se dijo al inicio, lo que hoy genera la movilización y el vandalismo no es una moda sino una inercia que combina la indignación por los casos más recientes de abuso policíaco y el enojo popular amontonado.
La mecha se encendió en Estados Unidos con la detención y muerte por asfixia del afroamericano George Floyd el pasado 25 de mayo en Minnesota y se extendió por varias partes del mundo, incluyendo México donde el estandarte inicial es la detención y muerte del albañil Giovanni López en Jalisco, el 4 de mayo, también hace más de un mes. La gente está enojada, ha guardado una ira durante los últimos meses y ahora las protestas son válvulas de escape.
El confinamiento por la pandemia de Coronavirus que, si bien solo lo guardaron algunos, ha generado secuelas económicas que afectan a todos. A esto se suma el pésimo manejo de la crisis sanitaria por el gobierno, las mentiras que desde palacio nacional se recetan todos los días a la población y el acumulado de muertos que crece día a día, lo que forma un nicho de crecimiento para la ira colectiva. Ahí está el enojo, asomándose en pequeñas bocanadas en una olla de presión a punto de estallar.

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