Andrés Timoteo
Columnista

LA PANDEMIA LES DA RISA
Estos señores ven la tempestad y no se hincan. En estos días circuló la información de que la familia Luz López no pudo concretar la compra el equipo de fútbol “Córdoba FC” por incumplir los requisitos que establece la Liga del Balompié Mexicano (LBM). A la noticia le dieron revuelo algunos medios informativos que exhibieron una supuesta carta de agradecimiento de ese equipo a la opinión pública, explicando la situación.
Se dijo también que la intención de la alcaldesa Leticia López Landero era destinar 10 millones de pesos del erario cordobés para adquirir esa franquicia además de canalizar recursos adicionales para adecuar el estadio Rafael Murillo Vidal para que fuera la sede del equipo. Como se sabe, la LBM es de reciente creación y apenas comenzara su primera temporada de competiciones en octubre venidero con 19 equipos inscritos.
El vigésimo debió ser el “Córdoba FC”, pero a la matriarca de los Luz López se le frustró la intención de regalarle esa escuadra deportiva a su hijo, Isaac Luz con dinero de los cordobeses y para que la usara como escaparate de promoción rumbo a los comicios del 2021. Aun cuando esa información llevó una buena dosis de cizaña, también tiene todo para ser creíble dada la ambición de los Luz López y su proclividad para usar el erario municipal como si fuera patrimonio
familiar.
Todo parece indicar que la edil López Landero está desbocada, haciendo todo lo posible por que su vástago herede la silla municipal o al menos alguna diputación. Sube y baja en esa intención. Un día negocia con Morena para que lo haga candidato a cambio del pacto suscrito con palacio de gobierno y al otro día saquea la tesorería para promocionarlo.
Entonces, es y por mucho, creíble que hayan buscado hacerse de un equipo de futbol para ondearlo como bandera electoral. A la alcaldesa no le importa que Córdoba se encuentre en el tercer lugar estatal de víctimas por la Covid-19 y acumule más de 130 muertos. Lo que le interesa es que su parentela no quede fuera del poder y los negocios con recursos públicos. A los Luz López la pandemia les da risa.
Otro que también se ríe de la gripe y no le importa que la gente se contagie y muera es su homólogo de Fortín de las Flores, Antonio Mansur quien ordenó la reapertura de los tianguis que se instalan en el municipio, incluyendo el más grande que se coloca sobre el bulevar a Córdoba. Al panista poco le importa que esos lugares por su aglomeración se conviertan en focos de contagio del Coronavirus, lo importante son los ingresos que el ayuntamiento recibe del comercio ambulante y los sobornos que llegan a trasmano.
El munícipe Mansur Oviedo no solo es irresponsable sino un vulgar ambicioso al que no le importa que la zona esté convertida en un hervidero de infecciones, lo que ve solo es el dinero que llega a las arcas municipales. El alcalde fortinense se carcajea de la pandemia, mientras no lo toque a él y a su familia. El karma tarda, pero llega.
Finalmente, un tercero que está afanado en atropellar la “sana distancia” y la prohibición que recientemente hizo el Organismo Público Local Electoral (OPLE) para que los diputados no se promocionen con fines personales es Rubén Ríos Uribe, legislador local por Córdoba, quien acaba de ir al Hospital Civil Yanga a regalar botellas de suero que supuestamente gestionó con una empresa particular.
El morenista está en franca competencia con el director del DIF municipal, Isaac Luz para posicionarse entre los electores rumbo al 2021 y hace malabares para ello, aunque sea igual de cerril que el hijo de la alcaldesa. Lo contradictorio del asunto es que los sueros que Ríos Uribe hizo al hospital los donaron, ¿quién cree?, Femsa, la mayor refresquera del país.
Dicha empresa es la vendedora del “veneno embotellado” como la ha calificado el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell y una de las responsables de la epidemia de obesidad que agrava la situación de los que se contagian con la Covid-19. Vaya, son las incongruencias en medio de las carcajadas de limitado Ríos Uribe. Estos sujetos -los Luz López, Ríos Uribe y Mansur Oviedo- están apurados en mantenerse en la nómina pública y hacer negocios desde el poder. Ni la enfermedad ajena los detiene. Se ríen en plena pandemia.
 
TELESCUELA
 No es algo nuevo ni por el convenio ni por el modelo. El   presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que desde el 24 de agosto iniciará el ciclo escolar 2020-2020 en su modalidad a distancia pues no habrá asistencia física en las escuelas, sino que las clases se impartirán a través de la televisión pública y la privada. Los canales paraestatales 11 y 22 así como los privados 5.2, 7.3, 14, Imagen Televisión y Milenio Televisión serán los
transmisores.
A esos se unirán radiodifusoras para llevar clases auditivas a los que no tengan un monitor y también los canales públicos estatales como repetidores de la señal, todo con el fin de que 30 millones de estudiantes no interrumpan su formación. Sin embargo, ese esquema de telescuela es inédito solo por la incorporación de empresas privadas y el tiempo de pandemia, pero no es un modelo innovador ni un genuino invento
mexicano.
En el país existe la educación televisada desde los años 60s con el sistema de Telesecundaria fundado por el periodista, escritor, profesor y cineasta Álvaro Gálvez y Fuentes en 1968 durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz -por cierto, al profesor Gálvez le apodaban “El Bachiller”- y que fue un modelo exitoso que ayudó a millones de estudiantes de comunidades rurales y maginadas a cursar el nivel
medio.
Muchos de los que ahora tenemos un título universitario hicimos nuestra secundaria en este modelo que ya tiene cincuenta años de vigencia y ahora mismo hay 18 mil 667 telesecundarias en todo el país. La telescuela tampoco es aportación de México al mundo como quiere hacer creer el tabasqueño López Obrador pues el modelo nació en Italia en 1958 por medio de la paraestatal Radio Televisión Italiana (RAI) también para difundir clases en el nivel medio al que llamaron ‘Telescuola’.
En México, la telesecundaria fue la predecesora de los Centros de Educación Media Superior a Distancia (CEMSAD) o Telebachilleratos Comunitarios iniciados en los años 90s y de los cuales también han egresado muchos profesionales exitosos. La entidad por medio de Radio Televisión de Veracruz (RTV), en aquella época TV Más, fue pionera en el sistema de telebachillerato. Actualmente hay 2 mil 833 Telebachilleratos Comunitarios funcionando en todo el país.
Si se consideran los instrumentos modernos de comunicación, entiéndase con la educación ‘on line’ por medio de la internet, recurrir a la televisión es reconocer el retraso tecnológico que hay en el país. El modelo de telescuela es viejo, sesentero, ya superado por todos los países del llamado primer mundo, incluyendo Italia que lo inventó, que ahora se apoyan en la web -transmisiones en vivo e interacción simultanea entre alumno y profesores-.
Eso refleja el nivel que tiene México frente al mundo globalizado. Claro, acá un modelo basado totalmente en la educación en línea fracasaría porque el 55 por ciento de los hogares no tienen una computadora y el 52 por ciento tampoco internet. Lo más calamitoso es que hay casas que tampoco hay electricidad. La pandemia del Coronavirus exhibió, una vez más, la precariedad tecnológica y la pobreza de millones de familias mexicanas cuyos hijos ni siquiera podrán acceder a la telescuela.
 
LAS INÚTILES REDES
 Lo anterior en cuanto al modelo de educación televisada y respecto al convenio del gobierno lopezobradorista con empresarios televisivos tampoco es algo nuevo sino más bien indicativo. Los Azcárraga, Salinas Pliego y los Vázquez Raña propietarios de las tres cadenas de televisión abierta más grandes -Televisa, Televisión Azteca e Imagen Televisión- son a la vez genuinos integrantes de “la mafia del poder” a la que tanto se refirió López Obrador durante 18 años.
Ellos eran los demonios difusores y defensores del neoliberalismo, de los saqueadores de la nación, pero ahora son sus aliados. Tampoco es el primer pacto con ellos pues los mismos forman parte de su consejo de asesores en materia económica y con Salinas Pliego, dueño de Televisa la concupiscencia se extiende a la entrega de contratos millonarios y permisión para hacer lo que quiera durante la pandemia, incluyendo mantener abiertas sus tiendas y obligar a sus empleados a laborar aun si enferman.
Ahora, la peste gripal vuelve a unir lo que se pensaba eran como agua y aceite: la “honestidad valiente” con la “mafia del poder”. A la vez se demuestra que las “benditas redes sociales” no son útiles cuando se necesita un proyecto de nación, en este caso contribuir a la educación de las nuevas generaciones. Tan es así que fue necesario echar mano de las grandes televisoras tan vituperadas por López Obrador y la ‘chairada’.
¿Por qué López Obrador no puso a sus youtuberos a dar clases en línea? No solo por la precariedad de cobertura en internet sino porque estos señores no saben leer ni escribir su nombre completo. ¿Por qué no recurrió a transmisiones de Twitter, Facebook o Instagram? Por lo mismo, los difusores masivos de la 4T son -en su mayoría, no todos- analfabetas funcionales. 
En resumen, la televisión entra al quite porque las “benditas redes sociales” únicamente sirven para el chismerío y el debate frívolo, nunca para educar a diferencia de otros países que sí utilizan tales instrumentos. El éxito de la estrategia de educación televisada está bajo cuestionamiento tanto por las limitaciones tecnológicas y de cobertura como porque todos saben que nada bueno viene de las grandes televisoras cuando estás pactan con el poder en turno.