Andrés Timoteo
Columnista

CLASES PARA EL FUTURO
Casi todos los países europeos inician el ciclo escolar 2020-2021 en este mes de septiembre y lo hacen bajo estrictos protocolos sanitarios para evitar salones repletos y estrecho contacto físico entre los alumnos. El uso de cubrebocas es obligatorio para los trayectos, tanto de casa a la escuela y viceversa como en la movilización interna de cada colegio. También diariamente se medirá la temperatura corporal de los estudiantes para verificar que no presenten fiebre, uno de los síntomas del Coronavirus.
 Los 14.4 millones de estudiantes franceses comenzaron clases ayer martes primero mientras que en España sus 8.2 millones de alumnos iniciarán el viernes 4. Italia lo hará hasta el 14 cuando sus 10 millones de alumnos retornen a las aulas. Vaya, México con sus 30 millones de estudiantes que iniciaron ciclo escolar la semana pasada acapara la cifra de esos tres países juntos. A diferencia de lo que han hecho países asiáticos, en Francia no habrá cierre total de escuelas si algún alumno es detectado con la infección gripal.
 Al estudiante se le enviará a su casa y si acaso también a sus compañeros de salón. Los patrones otorgarían vacaciones obligatorias a los padres de los niños que salgan seropositivos para que los cuiden en casa. Con un solo caso positivo se activará el protocolo para someter a maestros, estudiantes, empleados y padres de familia a test clínicos para determinar el alcance del brote y cortar la cadena de contagio. El cierre de una escuela completa solo será si “la situación se sale de control”.
 Sin embargo, a pesar de estas previsiones en Francia y que se repite en casi todo el continente europeo, el regreso a clases es “a tientas” como reconocen las propias autoridades y en el sector científico porque se trata de una situación inédita. Se experimenta sobre la marcha para tratar que la pandemia no arruine nuevamente el ciclo escolar. No hay nada inamovible ni descartable, incluyendo el reconfinamiento total.
 En este contexto, muchos analistas sostienen que el regreso a clases no solo debe ser para impedir que se interrumpa la formación académica de niños y jóvenes -lo que a largo plazo sería un pasivo para la sociedad en su conjunto- sino que tiene que considerarse como una oportunidad para adecuar el perfil de la educación en las nuevas generaciones a fin de prepararlas para enfrentar el futuro. La pandemia y sus consecuencias obligan a la educación para anticiparse a otro zarpazo global.
 La formación de niños y adolescentes en acciones, valores y previsiones que no tuvieron o escasamente tuvieron sus padres y abuelos como la higiene personal, colectiva y medioambiental, la protección ecológica, el civismo, el ahorrar y compartir lo que se tenga, la tolerancia hacia el otro por muy diferente que sea, la prevención, la solidaridad y la generosidad. En fin, dar lecciones para lo que invariablemente ha de llegar.
 
EL APARTHEID PANDÉMICO
 Lo anterior hace recordar una reflexión muy atinada que en marzo pasado publicó la periodista y escritora brasileña Eliane Brum en el periódico El País de España bajo el título “El virus somos nosotros” en el que habla sobre lo hoy se vive en Europa y en muchas partes del mundo -y que se vivirá en México y el resto de los países que aún no superan la primera ola de la peste gripal-: la Post-pandemia. Aquí va un extracto de ese análisis imperdible:
 “(Durante el encierro) por las ventanas de Facebook, Twitter, WhatsApp e Instagram, la gente decreta: el mundo no será nunca más el mismo. No lo será. Pero quizás seguirá siendo bastante parecido. No se engañen. En cuanto pase la pandemia, el Mercado volverá con todo su poder de oráculo para dictar todo lo que tenemos qué hacer para salir de la recesión a través de sus sacerdotisas, los economistas neoliberales o ultraliberales. Esta carga, como siempre, será compartida por igual entre los más pobres.
 Además de nuestra supervivencia, lo que está en disputa en este momento es en qué mundo viviremos y qué humanos seremos después de la pandemia. Estas respuestas dependerán de cómo vivamos la pandemia. El después —la posguerra mundial de nuestro tiempo— dependerá de cómo elijamos vivir la guerra. No es cierto que en la guerra no se pueda elegir. La verdad es que, en la guerra, elegir es mucho más difícil y las pérdidas resultantes son mucho mayores que en tiempos normales.
 En la guerra, tenemos dos caminos personales que determinan lo colectivo: ser mejores de lo que somos o ser peores de lo que somos (y) puede que escapar del virus esta vez no nos salve del próximo. Hay que cambiar la forma de vivir. Nuestra sociedad tiene que convertirse en otra. El callejón sin salida que nos impone la pandemia no es nuevo. Es el mismo en el que nos metió, hace años, décadas, la emergencia climática. Los científicos repiten y gritan que hay que cambiar urgentemente la forma en que vivimos o seremos condenados a que parte de la población desaparezca.
 Y quien sobreviva estará condenado a una existencia mucho peor en un planeta hostil. La pandemia es el efecto concentrado, agudo, de lo que la crisis climática produce a un ritmo mucho más lento. Es como si el virus nos hiciera una demostración de lo que viviremos pronto. En la pandemia de Covid-19 existe el mismo apartheid. Está bastante explícito qué gente tiene derecho a no contaminarse y qué gente aparentemente puede contaminarse. El virus, que también habita este planeta, nos ha recordado algo que habíamos olvidado: los otros existen”. Hasta ahí el extracto del artículo.
 La reflexión se puede resumir en que si la gente -todos nosotros- no entendemos la lección que nos dio esta tarascada epidémica y no cambiamos ni educamos a las nuevas generaciones para cuidar al planeta y a la humanidad misma, vendrá -más pronto que tarde- otra nueva calamidad sea vírica, climática o bélica en la que la raza humana ya no tenga la oportunidad de resistir por no haber recompuesto lo dañado previamente. 
Lo del ‘apartheid’ pandémico -discriminación- que refiere la periodista brasileña es más que cierto porque la epidemia la vivieron -y la murieron- de forma diferente los ricos y los pobres, los migrantes y los nacionales, los mestizos y los indígenas, los rurales y los citadinos, los obreros y los burócratas, las mujeres y los hombres, los campesinos y los profesionistas, los del primer mundo y los del tercero. La pandemia desnudó las distancias y precariedades sanitaria, educativa, laboral, financiera y hasta humana en todas las naciones. Y eso habrá que resanarlo también.
 
MAÑANERA REMIX
 ¿Qué hubo de nuevo en el segundo informe presidencial del tabasqueño Andrés Manuel López Obrador?, ¿dio alguna noticia que haya calmado la incertidumbre en la que viven los mexicanos?, ¿Se informó sobre algún proyecto social, educativo, sanitario, financiero o cultural concretado y que esté rindiendo frutos en favor de la nación?, ¿ya se acabó la corrupción y se apaciguó al país de esa violencia que lo lacera? Bueno, para reducir las cuestiones: ¿alguien le puso atención a ese informe gubernamental?
 Ni autocritica ni disculpas públicas ni variante en el negacionismo. El mensaje presidencial de ayer fue una versión remasterizada de las conferencias matutinas que López Obrador ofrece diariamente y que son conocidas como “La Mañanera”. Es decir, informó lo que pasa en el país que habita él y su círculo cercano, no la mayoría de los mexicanos. Fue el informe de la realidad alternativa y los “otros datos”.
 La inseguridad a la baja, la economía en buen resguardo con una “crisis transitoria”, la pandemia ya casi extinta por las acciones adoptadas,  que “el país tiene el mejor gobierno en el peor momento”, que no se doblegó ante el norteamericano Donald Trump y que en su visita a la Casa Blanca esté expresó su respeto por México y los migrantes -risas-, la austeridad como presea a presumir y que de los 100 compromisos hechos durante la campaña electoral ya ha cumplido con 95. O sea, solo le faltan 5 y el país está arreglado. Se hizo historia -más risas- y México es el país del ‘Nunca Jamás’.
 EL ‘CHUCHINERO’
 Ya se ha dicho muchas veces: como es arriba, es abajo. El Partido de la Revolución Democrática (PRD), registra su peor etapa tanto en cuestión de representatividad popular como en ética política. Muestra es la elección del exalcalde de Catemaco, Sergio Cadena Martínez, un personaje con la currícula altamente cuestionable, como presidente del Comité Directivo Estatal en Veracruz. 
Ahora, Jesús Zambrano fue electo el pasado fin de semana como dirigente nacional del Sol Azteca y el señor es todo un catálogo de malas prácticas y desaseo político. Él, como todos saben, ya fue líder nacional del partido entre el 2011 y el 2014 y entregó al PRD al priismo, concretamente para avalar su retorno a la presidencia en el 2012. Fue impulsor del llamado “Pacto por México” de Enrique Peña Nieto. 
Junto con el también exdirigente nacional, Jesús Ortega, formaron la corriente “Nueva Izquierda”, conocida popularmente como “Los Chuchos” progobiernista, entreguista y altamente corrupta. Ese es el nuevo dirigente perredista. En el 2008, el exjefe de Gobierno del Distrito Federal y actual subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas resumió la dirigencia del PRD bajo esa corriente partidista como “un chuchinero”, descripción que le quedó al dedillo.
 En los comicios del 2012 operó, junto con otros líderes internos, para el fracaso electoral del entonces candidato de la alianza PRD-PMC-PT, López Obrador. Veracruz no se escapó de ese “chuchinero” pues hay que recordar como Zambrano permitió que el duartismo se apoderara de la dirigencia perredista en la entidad. 
A pesar de las denuncias de la militancia local por la injerencia del gobierno estatal tomando por asalto el Comité Ejecutivo Estatal con el exalcalde de Ciudad Mendoza, Sergio Rodríguez Cortés a la cabeza de esa asonada junto con otros pro-duartistas, nunca hizo nada para evitar al llamado “PRD rojo”. Ahora, Zambrano está de vuelta y seguramente se entenderá bien con Cadena Martínez pues son del mismo pelo.

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