Andrés Timoteo
Columnista

2C-19 NUEVO PERFIL
En Europa se intensifica la alerta epidémica por el rebrote del Coronavirus. Dos cosas ya son seguras: el virus SARS-CoV-2 está circulando de forma más intensa y ha mutado ahora cebándose con personas más jóvenes. Los médicos ya habían advertido desde hace al menos un mes que el sector de la población más atacado es el que está por debajo de los 40 años y aparentemente ha disminuido la letalidad de la infección, es decir quien se enferma no necesariamente terminará en un hospital o fallecerá.
No obstante, la directora del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina de Francia, Ségolène Aymé, alertó que la mutación del virus gripal no significa que éste haya pasado a una etapa inicua o inofensiva. El virus continúa siendo mortal en muchos casos de adultos mayores y personas con un organismo comprometido por padecimientos alternos.
Por eso llamó la población y a las autoridades a no confiarse con la mutación pregonada. Ha cambiado el perfil serológico y el patrón de transmisión según se observó durante el verano, pero no es sinónimo de que la gripe haya dejado de ser una amenaza masiva. Lo más preocupante es que mientras no haya una vacuna que lo prevenga, se espera otra mutación del Covid-19 para otoño o invierno.
Los científicos no pueden predecir cuál será el próximo perfil serológico de la pandemia ni su patrón de transmisión, pero lo seguro es que continuará mutando.  Ahora, en verano, se determinó que aumentó su capacidad de contagio, disminuyó el rango de edad en los huéspedes y bajó su letalidad, aunque eso no será permanente y hay la posibilidad de que para los meses siguientes aumente su agresividad y mortalidad, sobre todo porque se aproximan las estaciones de frio intenso al menos en Europa.
A la par, hay un pronóstico tabú que las autoridades tanto gubernamentales como científicas evitan decirlo abiertamente para no generar el pánico social, pero que se discute intensamente en esos ámbitos. Se trata de la posibilidad de que en la siguiente etapa de mutación del virus éste pueda disminuir aún más el rango de edad de los huéspedes y atacar con mayor agresividad a adolescentes y niños. Y tal escenario pone los ‘pelos de punta’ a todos porque la amenaza es para las siguientes generaciones.
Por lo pronto, el gobierno francés elevó la alerta epidemiológica pues en los últimos cuatro días se acumularon casi 40 mil nuevos casos de personas infectadas por el Coronavirus y en las últimas jornadas se han registrado de 14 a 25 fallecimientos. Hay 528 focos de infección activos y el creciente aumento de las infecciones obligó al ministerio de salud a poner bajo advertencia de “transmisión en aumento preocupante” a 28 de los 101 departamentos del país.
En España se reportan más de 250 muertes diarias en la última semana y hay activos 837 focos de infección. Es decir, también se elevan potencialmente las cifras negativas de la pandemia. Tanto en España como en Francia, las autoridades se rehúsan a la posibilidad de decretar un confinamiento generalizado -si la pandemia vuelve a provocar un caos- plantean ordenar “catorcenas” y “decenas” de aislamiento familiar, barrial, distrital o de un municipio completo en los casos más extremos. 
Lo anterior porque todos coinciden que un encierro draconiano como el adoptado en los meses de marzo, abril y mayo sería otro golpazo a sus economías. O sea, de encerrar a la gente de forma permanente se aprestan a hacerlo por 10 o 14 días atendiendo el periodo de incubación del virus. Por cierto, en la nomenclatura que ya se maneja para identificar a la segunda ola de la pandemia -claro en el ámbito periodístico, que no médico o científico- figuran las abreviaciones: 2-Covid-19 y 2C-19.
 
TANTO PARA NADA
Hace una semana, el miércoles 02 de septiembre, comenzó un juicio histórico en los tribunales parisinos que incluso ha sido comparado con los Juicios de Nuremberg, celebrados entre noviembre del 1945 y octubre de 1946 contra 611 dirigentes nazis que cometieron crímenes de lesa humanidad durante la Segunda Guerra Mundial. Es el enjuiciamiento de 14 involucrados, trece hombres y una mujer, en el atentado terrorista contra el semanario Charlie Hebdo, el 7 de enero del 2015.
En aquel ataque fueron asesinadas a balazos doce personas, entre ellas siete caricaturistas, una columnista, un articulista, un corrector de estilo y otros empleados de la revista satírica. Tal atentado perpetrado por yihadistas fue el preludio de la serie de ataques terroristas en Francia en la que los más mortíferos fueron los del 13 de noviembre de ese mismo año en diferentes puntos de París cuando murieron 137 personas y el de Niza, el 14 de julio del 2016, que cobró la vida a otras 87.
Además de abrir la saga de atentados terroristas en el país galo, el ataque contra Charlie Hebdo tiene un impacto histórico porque tocó uno de los valores de la patria francesa y del mundo: la libertad de expresión. El castigo contra el semanario fue por “blasfemar” contra el profeta Mahoma que era personaje central y frecuente de las viñetas, y también contra el islam, sacudió el orbe y obligó a reconocer la vulnerabilidad de los periodistas aun en suelo del llamado primer mundo.
El juicio contra esas 14 personas es suigéneris porque se juzgará a los cómplices –‘segundos cuchillos’, les dicen- pues los autores materiales directos, los hermanos Chérif y Said Kouachi, fueron abatidos aquel día. Además, se enjuiciará físicamente solo a once de los integrantes de la red de simpatizantes yihadistas porque dos están fugados, huyeron a Siria e Irak, y por lo tanto serán juzgados en ausencia.
El proceso que se desarrolla en el Palacio de Justicia de París – a unos pasos de la catedral de NotreDame- y que está siendo cubierto por periodistas de un centenar de países durará 49 días y la sentencia se emitirá el 10 de noviembre. Obviamente, a la par de este juicio se retoma la polémica sobre conceptos como la libertad de expresión, el respeto a los credos, la intolerancia religiosa y la blasfemia.
Polémica avivada desde el mismo semanario Charlie Hebdo que su edición de la semana pasada, aparecida la víspera de que iniciara el juicio, llevó en su portada una selección de 12 caricaturas de Mahoma publicadas a lo largo de las últimas dos décadas, entre ellas esa  del 2006 que hizo enfurecer al mundo musulmán en la que aparece el profeta con una bomba con el mechero encendido en lugar del turbante del caricaturista danés  Kurt Westergaard quien recibió una ‘fatwa’ o sentencia de muerte del islamismo.
El cabezal de esa portada tiene doble ironía: “Tout ça pour ça” que traducido literalmente es “Todo eso (el atentado y las muertes) por esto (las caricaturas del profeta)”, pero la expresión francesa también sirve para burlarse de la nimiedad de algo que se promovió como grande. La frase en español que más se le acerca es “tanto para nada” entendiendo que, pese al ataque terrorista, la revista sigue de pie y ejerciendo su libertad de expresión -y eso continuar publicando viñetas mordaces del profeta islamita-.
Así lo machacó el director de Charlie Hebdo, el caricaturista Riss, quien en declaraciones al diario “Le Parisien” señaló que “el odio que nos golpeó permanece aún, tras el 2015, se han tomado el tiempo de mutar, de cambiar de aspecto para pasar desapercibido, aunque su cruzada despiadada continúa creciendo sin hacer mucho ruido, (Pero) nosotros no nos doblegaremos jamás, no renunciaremos jamás”.
Para los tribunales, para la comunidad periodística, para los lectores, para Francia y para el mundo entero, dijo el directivo, los dibujos sobre Mahoma que propiciaron el atentado terrorista del 2015 son “pièces à conviction” (evidencias criminales) que deben ser expuestas porque fueron las causantes de ese horror que no debe volver a repetirse. Charlie Hebdo ha decidido no ceder al miedo ni capitular frente al terror.
Sin duda, el proceso en el Palacio de Justicia será histórico porque de él se desprenderán tesis sobre las libertades de expresión, prensa y culto. Será, obviamente, un mensaje al mundo sobre el quehacer periodístico y también es la construcción de la memoria histórica -en su parte jurisdiccional- sobre la violencia desatada por fanáticos intolerantes contra la prensa crítica y, en el caso de estos caricaturistas, hasta mordaz.
En Pakistán e Irán grupos musulmanes protestaron en las calles por la portada de Charlie Hebdo con sus doce caricaturas de Mahoma exigiendo que los gobiernos de sus países rompan relaciones con Francia. Y seguirán atizando contra los “blasfemos” porque el fanatismo religioso siembre va a estirar la liga. Así es esto.
Por cierto, los 200 mil ejemplares de la edición 1467 de Charlie Hebdo se agotaron a las pocas horas y el sábado pasado se imprimieron otros 200 mil. La compra masiva de la publicación es, como siempre, la muestra del apoyo de los franceses, sean lectores permanentes o esporádicos, al periodismo cuando éste se encuentra en predicamento. Es la interdependencia entendida, dirían los filósofos: las libertades de prensa y expresión son vitales para la sociedad y sin el respaldo social es imposible el periodismo libre.
 
CUCO FONSECA
No hay tragedias grandes ni chicas, todas son tragedias. La próxima semana, el 17 de septiembre, se cumplirán nueve años de la desaparición del periodista Gabriel Manuel “Cuco” Fonseca, reportero del Diario de Acayucan y El Mañanero en el sur de la entidad. ¡Tenía 19 años cuando lo engulló la violencia! Y nadie lo busca, sigue ausente.
Los de las comisiones de protección -risas- de periodistas, tanto la gubernamental como la legislativa, nunca se ocuparon de su caso. Ah, pero, eso sí, no olvidan cobrar los estipendios obtenidos a su nombre. ¿Se puede esperar algo digno de quienes se colgaron del periodismo y de los reporteros víctimas para vivir del erario?, ¿podrán dormir tranquilos estos simuladores, algunos ya en campaña descocada por un nuevo cargo? Al parecer sí pues no se les da el decoro.

Danos tu Opinión:

Te recomendamos leer: