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EL MINUTERO

Superiberia
  • Por Andrés Timoteo / Columnista

OTRO AÑO EN LA FAENA
Qué lejos y qué cerca aquel octubre del 2011. Ya son nueve años de que El Buen Tono circula en la zona centro informando a la sociedad. Siempre polémico e incómodo, desde su primer número hasta el ejemplar que ahora mismo el lector tiene en sus manos. En esos nueve años se ha contado tanto en sus páginas, las de papel como en las digitales, con la misma tónica primigenia: procurar la verdad, denunciar al corrupto y brindar a los lectores los instrumentos informativos suficientes para la toma de decisiones. Es un servicio esta faena y en ella estamos.
Desde París, Francia, una felicitación a los reporteros, fotógrafos, redactores, editores, voceadores, distribuidores, vendedores y directivos de esta casa editorial. Lo mismo para los impulsores del proyecto periodístico, Paulina y José Abella García. Y a los lectores de El Buen Tono un agradecimiento especial por su confianza y credibilidad obsequiados durante estos nueve años. Enhorabuena por todos.
 
LA HUELLA HÚMEDA
En estos días también se recuerdan las inundaciones que anegaron dos tercios del territorio veracruzano hace más de dos décadas. Entre el 4 y el 10 de octubre de 1999, las lluvias provocadas por la depresión tropical número 11 que se estacionó en el Golfo de México dejaron una estela de daños y muerte.
Durante más de un mes se cortó comunicación terrestre con la zona norte de la entidad donde los municipios más castigados fueron Poza Rica, Papantla, Cazones, Nautla, Martínez de la Torre, Álamo, Tecolutla y Gutiérrez Zamora, que prácticamente quedaron bajo el agua y desgajados -los situados en zona montañosa- por el desbordamiento de ríos y el deslizamiento de tierra.
En un principio se dijo que murieron 98 personas, después que fueron 150 y el último reporte fue de 384. En realidad no se sabe la cifra real por el manoseo político que hicieron las autoridades y el ‘maquillaje’ para minimizar la tragedia. La otra numeralia oficial fue de 81 municipios con afectaciones, 13 ríos desbordados, 22 carreteras y 11 puentes destrozados y 450 mil personas damnificada en diversos niveles.
La ‘huella húmeda’ de aquel 1999 en Veracruz sigue grabada en miles de personas que la sobrevivieron, muchas de las cuales nunca fueron indemnizadas ni reubicadas y algunas ni siquiera pudieron recuperar los cuerpos de sus seres queridos arrastrados por las barrancadas. Los periodistas que cubrimos ese desastre también conservamos el recuerdo impactante a pesar del paso del tiempo.
Como todo suceso lleno de tragedia, dolor y asombro, a la distancia muchos momentos pasaron de la anécdota a la leyenda. Por ejemplo, que las compuertas de las presas ubicadas en Puebla e Hidalgo -manejadas por Conagua- se abrieron sin avisar a la población y ese fue uno de los motivos que las inundaciones se volvieran catastróficas. Para sacudirse la responsabilidad, funcionarios gubernamentales dieron una justificación casi burlona: que no se llamaban “compuertas” sino “puertas” y por lo tanto no se abrieron las compuertas.
También el tema de la fosas comunes -y clandestinas- que el gobierno habría ordenado cavar para sepultar a decenas de fallecidos en el afán de minimizar los saldos mortales. Los avisos tardíos a los habitantes para que evacuaran zonas de riesgo y el ocultamiento durante casi tres semanas que el gobierno de Miguel Alemán Velasco hizo del desastre humanitario en la sierra del Totonacapan, porque no quería ‘mala fama’ en la región que afectara la primera edición de la Cumbre Tajín que se realizaría en diciembre de ese año, para recibir el 2000 así como el nuevo siglo y el nuevo milenio.
Los muertos del 99 siguen doliendo en cientos de hogares, muchos de los daños a la infraestructura urbana continúan sin repararse, los responsables de aquella tragedia por sus omisiones y mentiras nunca fueron requeridos por la justicia y gozan de impunidad. Entonces, lo que queda es recordar. Que nadie olvide ni a sus muertos ni a quienes los minimizaron o escondieron. Tampoco a los que lucraron con la tragedia, se robaron el presupuesto de ayuda y dejaron en la indefensión a miles de damnificados. La memoria es el arma cuando el tiempo se impone.
 
CHARRO INCURABLE
El alcalde de Zongolica, Juan Carlos Mezhua Campos, no tiene compostura. Lleva tres dislates al hilo relacionados con la misoginia, es decir, con el desprecio hacia las mujeres. Primero, su director del DIF, Yair Xochicale Porras, pidió bañar con ácido a una mujer por cuestionar al ayuntamiento, luego el propio edil recomendó en promocionales oficiales que los jóvenes llevarán a las muchachas a la milpa para sostener relaciones sexuales, dando a entender que éstas son para la mera satisfacción carnal de los varones.
Y ahora la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) determinó -el pasado jueves- que Mezhua Campos cometió violencia política de género contra la regidora Arely Tezoco Oltehua con la cual se ha comportado como un verdadero patán. A la regidora Tezoco no solo la bloquea en las sesiones de Cabildo y actos públicos del ayuntamiento, sino que en su círculo cercano se ha referido soezmente sobre su persona minimizándola por ser mujer.
Mezhua Campos añora la usanza del siglo pasado, le molesta el empoderamiento de las mujeres y parece que le gusta el papel de charro misógino, todopoderoso y patriarcal. Su caso es patológico e injustificable, pues lleva años viviendo de la política y, por dende, conviviendo con otras mujeres que han roto ese estigma de la discriminación.
Tampoco se quedó en Zongolica, sino que ha salido al mundo -por decirlo de alguna manera-, entonces su criterio debió cambiar y madurar, pero en las acciones como presidente municipal -entiéndase como un hombre con poder- se sigue comportando como un neandertal con garrote en mano para aporrear a las mujeres. Es un tipo cerrero, no por el lugar donde gobierna sino por su pensamiento retrógrada.
Por lo pronto, el fallo del TEPJF instruyó que el munícipe y sus colaboradores varones en el ayuntamiento de Zongolica deben someterse a un programa de capacitación y sensibilización sobre la equidad de género, los derechos de las mujeres y el rechazo a la violencia misógina. El Instituto Veracruzano de las Mujeres será el encargado de ofrecerles esa terapia, lo malo es que el organismo lleva tiempo acéfalo y sin operar. En resumen, no hay quien ayude al alcalde Mezhua a controlar su ira hacia las mujeres.
 
LA TREMENDA CORTE
Hay locura en las calles, sí pero sobre todo la de los desmemoriados, diría la psicóloga uruguaya Cecilia Baroni y eso aplica a México por la alharaca sobre el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que validó la consulta popular para llevar a juicio a los ex presidentes. Muchos se desgarraron las vestiduras y algunos hasta decretaron “el fin de la justicia”, los que estaban en contra y que fue “el triunfo del pueblo”, los a favor.
Sin embargo, el problema es – como dice la catedrática sudamericana- con la memoria. Lo que sucedió en la Suprema Corte la semana pasada no fue un retroceso ni una capitulación ni una traición a la constitución ni una sumisión de un poder a otro. Tampoco un triunfo popular ni una muestra de congruencia de los magistrados ni respeto a la voluntad de las mayorías. Fue simplemente la prueba de que nada ha cambiado en la SCJN y que sus integrantes siguen uncidos al Poder Ejecutivo. En pocas palabras, no es triunfo ni derrota sino continuidad.
Los fallos oprobiosos de la SCJN han sido la constante en México sin importar que se deshonre la Constitución. Siempre ha sido así y así continúa ahora con el gobierno del morenista Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué hay ministros gobiernistas y otros opositores? Claro, siempre los ha habido, aunque antes los últimos eran los menos y ahora se ha equilibrado la tabla numérica.
¿Qué hay ministros impresentables?, bueno esa pregunta se responde con otra: ¿cuándo se ha conocido -en el pasado reciente o sea en los últimos cuarenta años por decir- un ministro honesto, libre, realmente constitucionalista o que viva en la medianía republicana? Se cuentan con los dedos de una sola mano y sobran dedos. No se azoten porque hay vidrios en el piso, se burlarían los ‘millennials’, y como la consulta va, entonces habrá que votar y ahí componer lo descompuesto. Santo remedio.
Por cierto, para desempolvar la memoria, lo que sucedió el pasado primero de octubre es algo parecido a lo que se dio el 29 de noviembre del 2007, cuando los ministros de la SCJN impidieron que se sometiera a juicio político al ex gobernador de Puebla, Mario Marín, por la detención ilegal, tortura y tinglado procesal contra la escritora Lydia Cacho, castigada por publicar el libro “Los demonios del edén”. Los ministros de la ‘Tremenda Corte’ protegieron al agresor y no a la víctima con votación de 6 contra 4. 
¿Adivinen quién votó a favor de exonerar al ‘Gober Precioso’ hace trece años? La entonces ministra Olga Sánchez Cordero, hoy secretaria de Gobernación. En aquella sesión, Sánchez Cordero justificó su voto a favor de Mario Marín argumentando que Lydia Cacho solo sufrió “tortura sicológica”, pero no física ni procesal y que las acusaciones contra el gobernador poblano solo eran “de oídas”, pues nunca se comprobó su participación en la conjura. Una perla de la terca memoria.
En fin, se reitera la tesis de la psicóloga Baroni: la alharaca por el reciente fallo en la Suprema Corte es la locura de los desmemoriados, aunque con el agregado de la decepción, pues los ilusos se fueron con la finta de que con la masticada “cuarta transformación” cambió la forma de impartir justicia y la SCJN se había convertido en un órgano honorable. ¡Inocentes palomitas! La Corte sigue igual de tremenda.

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