• Por Andrés Timoteo / columnista

EN PETIT COMITÉ
Hoy, como nunca, adquiere sentido la expresión francesa que ha sido adoptada en todo el mundo para dar a entender que ciertos asuntos se tratan entre un reducido grupo de personas. Esto porque en Europa las Nochebuena y Nochevieja se festejarán en ‘petit comité’ o sea entre unos pocos. Finalmente se hizo oficial que el Coronavirus se robará la Navidad y poco se puede hacer para evitarlo salvo aminorar el impacto con la imaginación y la postergación.
La imaginación apoyada en la tecnología, pues los que no puedan acudir a las cenas familiares estarán conectados a los dispositivos digitales -teléfonos móviles, tabletas y computadoras portátiles – para los convivios virtuales. Y la postergación porque ya circula la convocatoria para que los encuentros familiares se reprogramen para mayo del 2021 cuando ya buena parte de la población esté vacunada contra la Covid-19. “Hagamos una Navidad en primavera”, reza el llamado.
Por lo pronto, el gobierno galo recomendó ‘seis a la mesa’, es decir seis adultos como máximo en las cenas de Navidad y Año Nuevo -en los niños no hay límite-, además de observar medidas sanitarias como la desinfección de manos, suelas de zapatos, uso de cubrebocas para llegar y salir del domicilio y evitar lo más posible el contacto físico. Habrá, así, las fiestas decembrinas atípicas con los llamados a la prudencia, la protección de los adultos mayores y a mantener la distancia física.
En este contexto y para ejemplificar la situación de vulnerabilidad de los adultos mayores, falleció ayer el ex presidente Valéry Giscard d’Estaing (1974-1981) uno de los últimos gaullistas y de los mandatarios más queridos y visionarios -llevó a la Constitución los derechos al divorcio, el aborto y la anticoncepción- quien a los 94 años sucumbió a la Covid-19 tras varios días de estar hospitalizado.
En la vecina Italia serán más estrictos para las navidades pues el gobierno anunció que tanto en Nochebuena como en Nochevieja habrá ‘toque de queda’ de las 10 de la noche a las 7 de la mañana, y desde el 21 de diciembre quedan prohibidos los desplazamientos interregionales mientras que los bares y restaurantes tendrán que cerrar a las 6 de la tarde. Este decreto durará hasta el 7 de enero.
Tal endurecimiento es porque la península italiana registró la cifra récord de 23 mil infectados y 953 fallecimientos en las últimas 24 horas, lo que no sucedía desde febrero cuando inició la primera oleada pandémica y convirtió al país en el epicentro de la peste del continente europeo. Por su lado, el gobierno de España hizo público el “Plan Navidad” que limita a 10 personas por cena en Nochebuena y Nochevieja cuando también habrá ‘toque de queda’ que comenzará a la 1:30 de la mañana.
Además, desde el 23 de diciembre al 6 de enero se restringirá la movilización de personas entre ciudades y comunidades autónomas -los estados-, y las celebraciones religiosas -entre ellas las misas de gallo- serán con aforo limitado y con la recomendación de que se llame a la feligresía a seguirlas por televisión o en la web.
Efectivamente, el ‘CoronaGrinch’ se robará la Navidad, pero además dejará un regalo envenenado: la tercera ‘ola’ de la pandemia que se prevé para mediados de enero. Todos coinciden en que que será muy complicado que la gente respete al pie de la letra las recomendaciones y se abstenga de fiestas y contacto físico, por lo que es casi seguro que el 2021 abrirá con un tercer zarpazo vírico.
Hoy se sabe que el arribo y la agresividad de esta segunda ‘ola’ pandémica son consecuencia del relajamiento adoptado en verano cuando bajo el argumento de salvar el periodo vacacional, la gente se expuso al contagio masivo y eso se repetiría con las fiestas navideñas. La otra lección es que la ansiada vacuna no llegó a tiempo y los gobiernos le dieron un uso propagandístico como si fuera un placebo retórico.
 
LAS PILTRAFAS PÚBLICAS  
La expectativa de una vacuna ha sido instrumentalizada por los gobernantes, en especial los negacionistas que manejaron desastrosamente la crisis sanitaria y en cuyos países hay cifras de terror en muertes y contagiados. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump prometió iniciar la vacunación antes de las elecciones del 3 de noviembre a fin de ganar votos y ya casi acaba el año -y su gobierno- sin que haya inmunización.
Es más, la unión americana batió el récord necrológico al registrar 3 mil 157 muertos en un solo día -de miércoles a jueves- y ya tiene más de 100 mil personas en terapia intensiva por lo que su sistema hospitalario está a punto de colapsar. En México, otro negacionista, Andrés Manuel López Obrador, anunció la compra de 34 millones de dosis, pero solo llegarán en este mes 250 mil ¡para un universo de 125 millones de mexicanos!  Vaya, no alcanzarán ni para el personal médico. Pura demagogia.
A nivel estatal sucede lo peor: la pandemia que devasta y funcionarios que ya rebasaron todo límite de descaro. La comparecencia del secretario de Salud, Roberto Ramos en el Congreso local como parte de la glosa del segundo informe de gobierno demostró que estos señores no solo son ineficientes y ladrones sino sinvergüenzas impúdicos. ¿Qué dijo sobre la crisis sanitaria? Que todos tienen la culpa menos ellos, los del gobierno.
Culpó a los obesos, a los diabéticos, a los hipertensos, a las embarazadas y a los enfermos cardiacos de contagiarse y morir. También a los neoliberales, a las farmacéuticas, a los gobiernos pasados y a la pandemia misma del desastre sanitario y hasta del presupuestal. Vaya, este señor llegó al grado de acusar a los médicos y enfermeras de ser “traidores de la patria” por negarse a trabajar y por eso tuvieron que contratar a galenos cubanos. Disparate tras disparate.
La perorata de Ramos Alor recalca que el gobierno cuitlahuista no solo es negacionista, indolente e irresponsable -esos términos ya los rebasó- sino una piltrafa pública. Lo más grave es que ante la sarta de oprobios contra médicos, mujeres, enfermos y demás, ningún diputado le puso un alto al deslenguado funcionario, nadie pidió una moción de censura ni lo reconvino, mucho menos le exigieron disculparse. Le toleraron la soflama. El Legislativo, que en teoría es la representación y defensa del pueblo al que Ramos Alor difamó a mansalva, también es una piltrafa pública.
 
A QUITARLES EL SUEÑO
Los periodistas franceses, y en especial fotógrafos y camarógrafos, tuvieron que salir a las calles para atajar la intención gubernamental de censurar su material gráfico como lo contempla el proyecto de “Ley sobre Seguridad Global” impulsado por el presidente Emmanuel Macron. Varias jornadas de protesta se han realizado en París y en otras ciudades. La última, del fin de semana, congregó a 150 mil personas y fue el campanazo para la administración macronista que ordenó parar el texto legal.
Dicha ley que ya fue aprobada por la Asamblea Nacional -cámara de diputados- y en enero será votada en el Senado. Concretamente hay un artículo -el 24- explícitamente atentatorio de la libertad de prensa ya que penaliza la difusión de imágenes de los policías. Es decir, si algún periódico, revista, televisora o sitio digital difunde fotografías y videos de los agentes de seguridad incurrirán en un delito y enfrentarán consecuencias judiciales.
Gasolina al fuego porque el país galo lleva en su lema oficial la palabra “Liberté”, un derecho cosechado desde la Revolución Francesa y que ha sido enseñado al mundo para ejercerlo a plenitud desde hace más de dos siglos. Por eso era impensable que los comunicadores se quedarán callados frente a esa intentona de censura, ese “liberticidio” como lo bautizaron en las calles donde la turbamulta denunció el ataque a una de las esencias nacionales. Al presidente Macron no le quedó otra que anunciar que un grupo de expertos reescribirá el artículo.
Pero el asunto no es anecdótico sino sintomático pues hay una intención de regular el material periodístico e incluso considerarlo -legalmente- como un factor que pone en riesgo la “seguridad nacional”. Tal intención ha sido largamente acariciada, pero ahora Macron se aventuró a llevarla a la redacción jurídica. Y todo le salió mal porque simultáneamente estalló el escándalo del abuso de un grupo de policías parisinos contra un productor musical afrodescendiente al que golpearon al salir de su edificio.
Los policías ya están en detención preventiva, pero eso no hubiera sido posible si en la prensa y las redes sociales no hubieran difundido el video de la agresión que obligó al mismo mandatario y a los otros funcionarios de alto rango a condenarlo. Vaya, fue el botón de muestra de que si esa cuestionada “Ley de Seguridad Global’ estuviera vigente no habría sido posible mostrar a la opinión pública el abuso policíaco. Se demostró que las imágenes de prensa son contrapesos irrefutables del poder. 
Por cierto, la cadena televisiva alemana Deutsche Welle (DW) difunde un video excelente para retratar la tarea de los periodistas frente al poder. En el aparece un hombre mayor que en su recámara no logra conciliar el sueño, se revuelve en la cama, luego, enfundado en su bata de seda, se pasea por su palacete, de madrugada. Por ahí se aprecia un uniforme militar listo para ser usado, la muda del día siguiente. El desvelado opta por distraer el insomnio tomándose un coñac y sacando a pasear al perro.
Todo mientras de fondo suena la melodía “I can’t sleep” (No puedo dormir) y aparecen fugazmente, entre la alcoba y la biblioteca del magnate, un periódico doblado y un teléfono móvil que no deja de mandar alertas sobre notificaciones -de prensa, se supone- recibidas. También se logra escuchar un noticiero de televisión y un reporte radiofónico. El video finaliza con la frase en texto: “Sentimos quitarles el sueño, autócratas”.
Lo sorprendente es que la DW es financiada por el Estado. Aun así, es independiente y cumple su quehacer frente al poder. En una editorial adosada a dicho video -en su sitio web- expone: “En todo el mundo la democracia está en cuestión y la libertad amenazada. En países en los que los poderosos controlan la información, su población está obligada a elegir entre opciones no satisfactorias. Nuestra misión es ofrecer un periodismo imparcial para mentes libres…para quitarles el sueño a los autócratas”.