• Por Andrés Timoteo / columnista

“AQUÍ NO MANDO YO”
“A confesión de parte, relevo de pruebas”, reza un axioma jurídico que refiere a la aceptación de cargos de un delincuente y tal es lo que ocurre con la alcaldesa de Córdoba, Leticia López Landero, quien al ser cuestionada sobre el escándalo de las torres de vigilancia hechizas le echó la culpa al sistema estatal de Seguridad Pública y a los cordobeses mismos, además de que embarró a los medios de comunicación.
El reparto de culpas a terceros fue para no admitir que se robó los 7 millones de pesos que costaron esos módulos policíacos, donde murieron dos agentes que fueron atacados por un comando del crimen organizado, pues de nada les sirvió resguardarse en esas estructuras hechas de lámina, madera y fibra de vidrio. Entrevistada en un programa de la web el lunes pasado, la edil lo negó todo.
Se atrevió a asegurar que no existen en el mundo las casetas de vigilancia con blindaje y que resistan un ataque como el perpetrado en Córdoba en febrero pasado. “No conozco una sola torre que esté blindada”, afirmó sin empacho. Claro, la señora es demasiado aldeana, no ha recorrido el mundo. A lo mucho llega a pasar los fines de semana en Puebla y algún viaje furtivo a Nueva York, pero de poco le sirve. Dicen que los viajes ilustran, aunque la señora López parece que tiene un teflón en el sentido del aprendizaje porque no se le pega nada de esos pocos lugares donde se pasea.
Entonces es cierto: no conoce módulos policíacos blindados, pero que no los conozca no significa que no existan. El localismo empobrecedor de López Landero no le alcanza para justificar lo que sucedió el 23 de febrero con esas casetas inservibles. Y la señora no paró allí ya que responsabilizó al “Mando Único” (sic) – se entiende que a la Secretaría de Seguridad Pública estatal- de lo sucedido a los agentes y se limitó a decir: “yo cumplí con comprar (las casetas) y entregarlas” para enseguida soltar una perla: “Yo no soy la que manda”.
López Landero asegura que no tiene el control de la seguridad pública local, ni está a cargo de la vigilancia de la ciudad, ni es responsable del combate a la delincuencia ni de los insumos para la corporación policiaca municipal. Entonces, ¿qué es lo que hace?, y ¿para qué está ocupando un cargo y cobrando un sueldo -bastante elevado- si está desocupada todo el tiempo?  La edil se confiesa como un servidor público inservible, ¿no?
También se quejó de que es atacada por la prensa por la muerte de los policías ya que “a alguien le tienen que echar la culpa” y llegó al extremo de tildar a los cordobeses de ignorantes por no comprender el concepto de blindaje. “Yo jamás dije que (las casetas) eran blindadas” y señaló que la confusión es porque el programa de seguridad se llama “Córdoba Blindado”. Para la vivilla edil todos tergiversaron lo que significaba y hay un complot para responsabilizarla a ella.
Otras dos joyas que soltó y que seguramente son el resultado de una traición del subconsciente se dieron cuando se quejó de que la opinión pública la acusa de ser corrupta, de exigirle seguridad y le reclama que no haga obra pública. En la primera se delató, palabras más palabras menos, al arengar que “nos dicen que robamos…sí, pero hay mucha ignorancia”. Risas, ahí está una suprema confesión de parte.
En la segunda, prácticamente les escupió en la cara a los cordobeses: “yo puedo destinar en obras los 40 millones que pago de nómina y ¿de qué sirve si no lo van a ver?”. ¡Recórcholis!, ¿a poco se gasta ese monto de dinero en la nómina de sus funcionarios y prefiere pagarles a ellos que construir obra pública que beneficie a la ciudadanía? Vaya que la alcaldesa es caradura. No tiene compostura. Esa entrevista en la web es un monumento a la desfachatez y una burla a todos los habitantes de Córdoba.
 
LA DESOLACIÓN
Si hay un lugar mágico para vivir las fiestas navideñas en Francia es la Alsacia, al noreste del país, en los límites con Alemania. En esa región son famosos los mercadillos de Navidad o ‘Marchés de Noël’ y en ciudades emblemáticas como Colmar el ambiente medieval los hace aún más especiales. Las calles, plazas y corredores iluminados con centenares de luces son el escenario para esa venta tan esperada de fin de año y la ruidosa convivencia de visitantes y lugareños.
Las casas con el clásico entramado de madera en sus fachadas, el canal al que llaman la ‘Pequeña Venecia” y la colegiata de San Martín con su arquitectura románica convierten a Colmar en un lugar privilegiado para la temporada decembrina. Recorrer las calles, navegar en el canal que alimenta los antiguos molinos, comer churros con chocolate o tomar un ‘vin chaud’ que es vino caliente aderezado con frutillas y especias, son experiencias únicas en el mercadillo colmarense.
Allí cerca, en la región de Lorena, están las ciudades de Moselle y Meisenthal, donde sus talleres vidrieros elaboran las esferas de Navidad más hermosas del mundo. Vaya, esas piezas son tan bellas como las de Chignahuapan en Puebla. En ambas villas también se instalan los mercadillos navideños y se hace la presentación de la esfera oficial del año que corre. En este 2020, la artesanía se llama “Magma” y simula una nave espacial de 13 centímetros.
El modelo es elegido entre todas las propuestas de los artesanos adheridos al Centro Internacional de Arte Vidriero. La esfera del 2019 fue un ángel y la del 2018 una bellota. Sin embargo, todo eso se lo llevó el Coronavirus este año. No hubo mercadillo navideño en Colmar -ni en el resto de Francia- ni exhibición de las esferas artesanales, todo fue en línea incluida la venta de la esfera oficial. A pesar de eso, 10 mil piezas de la esfera 2020 habían sido vendidas hasta el 20 de diciembre por medio del comercio electrónico a diferentes partes de Francia y el mundo.
La pandemia obligó a cancelar todo y la palabra que mejor sirve para describir lo que vive es desolación. Un ambiente que, según los mismos lugareños, no se percibía desde la Segunda Guerra Mundial cuando otro virus, el nazismo, congeló la alegría navideña. No obstante, a pesar de la impopularidad de las restricciones sanitarias en plenas fiestas, el 85 por ciento de los franceses considera que es necesario cancelar, postergar o celebrar con el mínimo de asistencia los festejos de Noël y San Silvestre o fin de año.
Los sondeos levantados por diferentes casas encuestadoras confirman la disciplina social que hay en Francia y en el resto de Europa ante la gravedad del problema epidémico. Los europeos prefieren sacrificar las navidades y el comercio -por ende, las ganancias financieras- a la vida de las personas. Algo que en América Latina no se comprende y hasta se contradice a gusto de las mismas autoridades.
El gobierno federal y el de la Ciudad de México acaban de ser exhibidos por el periódico The New York Times por manipular las cifras de contagios, muertos y de ocupación hospitalaria para no cerrar la urbe. Lo mismo en el puerto de Veracruz donde el superficial alcalde, Fernando Yunes, reabrió el zócalo y organizó francachelas a pesar de que la ciudad es la puntera en la cifra de muertes por Covid-19. Al indolente edil le vienen en poco los 9 mil decesos que ya acumula la ciudad.
En fin, Europa está desolada y el miedo aumenta de nivel por varias razones: la famosa nueva cepa del Coronavirus que viene de Reino Unido y que se pregona como más contagiosa, la vacuna que no acaba de llegar ni mucho menos a aplicarse y el invierno que es muy largo. La temporada invernal inició el lunes y sus fríos se prologarán hasta abril o mayo. Lo peor será entre enero y febrero cuando las temperaturas caigan bajo cero y el ambiente sea propicio para que se solace el virus pandémico.
Por cierto, otro emblema de Francia atropellado por la pandemia es la Torre Eiffel, en París, la cual finalmente no pudo reabrir el 16 de diciembre y permanecerá cerrada hasta enero del 2021 si es que se logra amainar los contagios y muertes por la gripe. Fue cerrada al público el 30 de octubre, luego de su reapertura en verano y tras el inicio de la segunda ola pandémica. La “Dama de Hierro” está en confinamiento.
 
REGALEMOS VIDA
Mañana es Nochebuena y el viernes Navidad. Las veladas serán gélidas, pues habrá ‘norte’ en la costa y la temperatura descenderá especialmente en la región centro, según los pronósticos meteorológicos. Esa es una razón para permanecer en casa, con los nuestros y con el menor número posible de convivientes. Esa y la pandemia de Coronavirus que es algo real y letal por lo que bien vale la pena guardarse en estas fiestas.
Este año más que nunca cobra sentido el llamado bíblico a los hombres y mujeres de buena voluntad para alcanzar la paz y la sanidad del mundo. Urge esa benevolencia para cuidarnos y cuidar de los otros, sobre todo de nuestros adultos mayores. No arriesgarnos al contagio y no exponer a nuestros padres, abuelos, tíos, vecinos y demás personas de la tercera edad al riesgo epidémico es también una muestra de amor.
La fiesta puede esperar igual que los abrazos, los besos y hasta el culto. Todo es recuperable y reprogramable menos la existencia física. Por esto también en esta Navidad el mejor regalo es la vida. Sí, al abstenerlos de las celebraciones y reuniones masivas -incluidas misas y otros rituales religiosos- se frena la dispersión del Coronavirus y se protege a los demás, se obsequia vida, pues. Hacerlo es un acto de buena voluntad, amor y generosidad.
A nuestros compañeros de esta casa editorial y a nuestros lectores les deseamos una tranquila, reflexiva y segura Nochebuena en el entorno familiar más íntimo y resguardado. Hacemos votos para que las tinieblas pandémicas se disipen pronto y que las horas de convivencia hogareña fortalezcan la esperanza en el buen futuro sanitario de nuestra casa, nuestro barrio, nuestra comunidad, municipio o ciudad, nuestro país y, por supuesto, nuestro mundo. ¡Feliz Navidad!