• Por Andrés Timoteo / columnista

EL DÍA ‘V’
Ya no fue el ‘Día D’ o decisivo como se acostumbra a decir sobre esas fechas que sirven de parteaguas en la historia, sino un ‘Día V’ o sea el Día de las Vacunas. Ayer domingo comenzó la aplicación de las dosis anti-Covid en la mayoría de los 27 países de la Unión Europea, a excepción de Hungría que arrancó el sábado y, por supuesto, de Gran Bretaña que ya está con un pie fuera de la comunidad de naciones -el primero de enero se concreta el Brexit- que inició la vacunación el 7 de diciembre.
Fue, por supuesto, un día insigne porque es el comienzo de un largo camino a la inmunización poblacional para detener al virus que durante todo este 2020 mantuvo en vilo a la humanidad. No es el fin de la pandemia ni mucho menos la erradicación del SARS-CoV-2, que se quedará a vivir para siempre con la raza humana, pero sí el primer paso para enfrentarlo es su propio terreno: el compuesto celular de cada persona.
También es emblemática la selección de los primeros vacunados. En Francia, España e Italia -las naciones que han sido más castigadas por la pandemia en su primera y segunda ola- fueron mujeres las inmunizadas. Mauricette, una afanadora retirada de 78 años, originaria de la pequeña ciudad de Sevran, al norte de París, fue la primera en recibir la vacuna en Francia.
En España fue Araceli Hidalgo de 96 años, de Guadalajara, y en Italia fue la bióloga Maria Capobianchi de 67 años, la primera científica que logró aislar al Coronavirus en un laboratorio italiano. Después vinieron los sanitarios de primera línea; en Francia, el segundo vacunado fue el cardiólogo Jean-Jacques Monsuez, de 65 años; en España, la auxiliar de enfermería Mónica Tapias de 40 años y, en Italia, la enfermera Claudia Alivernini, de 29 años.
El mensaje emblemático se dio:  cinco mujeres y un varón, cuatro adultos mayores y dos en edad media, y, de todos ellos cuatro están involucrados en el trabajo sanitario. Ellos hicieron historia en este episodio pandémico.
Por supuesto que no faltó el ‘prietito en el arroz’ o más bien el aprovechado que hizo que lo vacunaran a destiempo. ¿Adivinen quién? Atinaron, un político. Fue Vincenzo de Luca, presidente de la región de Campania -una figura como la de gobernador- al norte de Italia. El argumento para justificar su exigencia para ser inmunizado fue que “al final todos nos tendremos que vacunar y yo tengo 71 años y califico para la vacuna”.
Vaya caradura del tipo. Claro, su actuación generó una polémica abrumadora. El propio alcalde de Nápoles, Luigi di Magistris, que depende de su jurisdicción, lo acusó de cometer un “abuso de poder indigno” porque “la vacuna, en las primeras semanas, debe destinarse exclusivamente, considerando las poquísimas cantidades disponibles, para médicos, enfermeras, trabajadores de la Salud y ancianos, y este señor se saltó la fila y le quitó la vacuna a alguien que la necesita. ¡Qué vergüenza!”.
Y como se decía línea arriba, el ‘Día V’ no es la conclusión de la pandemia de Coronavirus ni el triunfo de la humanidad sobre la peste porque falta mucho camino -y muy doloroso- que recorrer. Por lo pronto, en Europa seguirán semiconfinados y con restricciones para las fiestas de fin de año porque el virus sigue afuera y descontrolado.
El llamado de los científicos y las autoridades es que al igual que en Nochebuena y Navidad se mantenga la precaución de evitar reuniones masivas, cenar en el estricto ámbito familiar y proteger a los adultos mayores ante el riesgo de que haya una tercera ola pandémica. Es más, ayer el ministro de Salud en Francia, Olivier Véran, lo advirtió sin tapujos: “no festejen el Fin de Año ni el Año Nuevo o tendremos un tercer encierro”.
 
LA INOCENTADA
En México inició la vacunación anti-Covid el 24 de diciembre, aunque fue, a vista expuesta, una estrategia mediática del gobierno federal para tratar de sacudirse el alto costo político por los más de 122 mil muertos y casi 1.5 millones de contagiados. No se hizo nada para protegerlos, pero se instrumentaliza la vacuna como un logro propio para engañar a la opinión pública.
Podría decirse que el presidente Andrés Manuel López Obrador se adelantó al Día de los Inocentes -que se celebra hoy-, pues en su mensaje navideño aseguró que la vacuna es un prodigio y victoria de la ciencia, ¡la cual él mismo desprecia!. Imagínense sí cada país hubiese tenido que desarrollar su propia vacuna, en México no se lograría nunca porque el gobierno lopezobradorista le quitó los recursos a la ciencia, menosprecia a los científicos y ataca ferozmente a los que cursan postgrados en el extranjero.
Ha tildado de “corruptos”, “fifís”, “neoliberales”, “conservadores” y “aprendices de ladrones” a todos los que han realizado o realizan estudios en universidades extranjeras. Más aún, López Obrador y sus funcionarios se han cansado de acusar a las compañías farmacéuticas de ser saqueadoras del país y mantener monopolios de medicamentos, ¡y de esas transnacionales salió la vacuna que ahora ellos quieren hacer pasar como logro propio! ¿No es la incongruencia descocada?
Ojo, la vacuna anti-Covid no es un logro de la “cuarta transformación” ni del que despacha en Palacio Nacional sino de los hombres de ciencia y las empresas que se unieron y costearon sus trabajos de investigación. Ellos hicieron el prodigio, no los políticos. Así como en Italia hubo un funcionario abusivo que se aprovechó del cargo para vacunarse anticipadamente en México hay un autócrata que intenta apropiarse de la hazaña ajena.
Por cierto, tampoco se dejen engañar con la retórica triunfalista de los funcionarios mexicanos que pregonan “el fin de la pandemia”, pues esa es otra inocentada y más descarada cuando se hace el cálculo del tiempo que llevará la vacunación de los 125 millones de mexicanos si el gobierno federal mantiene el monopolio de las dosis y el ritmo con el cual inició la inmunización: ¡más de siete años! Pobre México.
 
RECUPERAR LA VERGÜENZA
“Observamos con tristeza tantas muertes, tanta precariedad de infraestructuras en la salud pública, tantos profesionales de la salud sin suficientes elementos de trabajo y bajo salario, tanta corrupción en medio del dolor, tanta impunidad en torno a la narcopolítica”, dijo el obispo. Y machacó que la narcopolítica ha provocado mucho sufrimiento al país y, aseguró, que hay ‘narcopolíticos’ que incrustados las esferas del poder dando muestra de su desprecio al estado de derecho y “a la Palabra del Señor”.
De ahí que  monseñor no solo pidió rezar para que se acabe ese contubernio entre los que conforman la clase política y el crimen organizado, sino a que exigió que los feligreses como ciudadanos les pongan un alto con los instrumentos de la democracia. ¡Ya basta de ellos!, dijo en plena homilía del pasado 8 de diciembre. El mensaje de ese día es totalmente rescatable por lo que implica y el contexto en que se emitió.
La pandemia gripal, señaló por otra parte, ha dado a los gobernantes un nuevo artefacto para la manipulación de la gente por medio del “prebendarismo -de prebendas- y el clientelismo (que) son parches que prolongan la agonía de los más necesitados”. Advirtió que la vacuna contra la Covid-19 podría ser usada con sesgo electoral y acusó que esa es la “cara visible de la corrupción que nos domina, signos de que hemos perdido la vergüenza como sociedad”.
Más aún, el obispo denunció que en cuestión política el país está en franco retroceso, volviendo al pasado, retornando a regímenes autoritarios y de corrupción. “Vemos signos de alarmantes rebrotes y repeticiones de regímenes ya superados, aunque con nuevos rostros y refinados sistemas de dominio y exclusión”, remarcó.
El país, consideró, “necesita recuperar la vergüenza social” y para ello es insoslayable la actuación ciudadana “denunciando a los políticos que marcan una agenda de marginación porque el país necesita ganar la batalla contra los que se creen dueño de todo y pretenden eternizarse en el poder acumulando ilegal e ilegítimamente casi todo”.
Vaya palabras tan duras como ciertas del predicador. Desafiantes y hasta arriesgadas, se diría. Y todas se acomodan perfectamente a lo que sucede en el país con una nueva clase política que arribó al poder, que traicionó sus promesas y que está dispuesta a apoltronarse allí a costa todo, desde el uso de erario y la manipulación de la pandemia hasta con la connivencia con lo peor, incluidas las células delictivas. No obstante, el mensaje no fue para México sino para Paraguay.
Lo pronunció monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé, uno de los pastores más valientes, directos y proféticos que tiene actualmente la Iglesia católica en América Latina y cuyo discurso es universal porque aplica a su país, al nuestro y a muchas otras naciones donde se padecen tres epidemias: la de la Covid-19, la del crimen organizado y la de los políticos-gobernantes mentirosos, autócratas y proclives a la corrupción.
El prelado emitió el mensaje navideño a los pies de Nuestra Señora de Caacupé que en guaraní significa “del monte”, o sea Nuestra Señora del Monte -también llamada Virgen de los Milagros-, receptora del fervor mariano más importante de Paraguay. Esa divina dama igualmente tuvo un mensajero indígena hace 300 años: José, un indio guaraní, quien esculpió la efigie del tronco que lo protegió de un ataque de enemigos tribales y comunicó a todos el milagro. Desde entonces, la Virgen de Caacupé ha guarecido a los paraguayos en la calamidad como la Guadalupana del Tepeyac lo ha hecho con los mexicanos.