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El Papa y el Dalai

Superiberia

 

Hace unas semanas, escribía aquí sobre las declaraciones del papa Francisco con respecto al aborto, el matrimonio gay y el uso de métodos anticonceptivos. Decíamos que si bien no era un giro de 180 grados, sí era un cambio importante en el discurso de la Iglesia católica (o por lo menos de su máxima autoridad). ¿Cuándo habíamos visto a un líder religioso de ese nivel, hablar al respecto, alejado del argumento de la condena, del dogma, pues? Los más puristas dijeron en aquel entonces que era mala interpretación de las declaraciones. No se les culpa de su escepticismo, pues siempre que un Papa ha querido mostrarse reformador, la nomenclatura (o bien la Curia) termina por impedirlo.

Hace unos días, el papa Francisco volvió a sorprender. En una entrevista que concedió a la revista jesuita Civiltà Cattolica, habló como nunca antes del papel de la mujer dentro de la Iglesia. Desde hace tiempo, el llamado para que el catolicismo se abra y dé oportunidad de ejercer el sacerdocio a mujeres, no ha encontrado eco en ningún rincón del Vaticano. Pero, al parecer, para Jorge Bergoglio, la Iglesia católica debe comenzar a incorporar a la mujer en posiciones que no sólo se limiten al servicio: “En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer, incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia (…) Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer…”.

Algunos comienzan a concluir que el Papa podría ser el precursor para que en un futuro a mediano plazo, la Iglesia católica modifique su Código de Derecho Canónico, donde se expresa que para ejercer funciones de mando y decisión (como lo es un cardenal), se debe ser hombre o “varón”. Y para eso, antes se debe ser sacerdote, lo que también tienen imposible las mujeres que dedican su vida a la religión. De alguna forma, claro que Bergoglio se convierte en precursor, por lo menos del cambio de discurso.

No sabemos qué vendrá en los próximos años, ni si su papado o el siguiente llevarán a la Iglesia católica por nuevos caminos, pero si algo ha sido evidente, es que el papa Francisco no está peleado del todo con las causas que por siglos su Iglesia ha condenado. Por lo menos se atreve a nombrarlas por su nombre sin emitir condena.

Lo mismo ocurre con el Dalai Lama. Fue de muy mal gusto aquello de “que el Dalai Lama próximo que sea mujer, tiene que ser muy atractiva” (sic), pues nada espiritual se lee en esta frase, menos, cuando sabemos que dentro de la jerarquía tibetana las mujeres ocupan siempre un lugar inferior dentro de la organización monástica. Aunque también sorprendió cuando en Guanajuato se declaraba a favor del aborto. Si bien precisó que sólo en casos que lo ameriten, también resulta extraño que un líder espiritual se exprese así de prácticas tan condenadas.

Tal vez sea atole con el dedo, pero jamás los habíamos visto expresarse así. Las religiones oficiales en el mundo son de las muy pocas instituciones que parecen no dar acuse del crecimiento de las mujeres y su cada vez más destacado papel en la toma de decisiones en el mundo. Y eso dice mucho del futuro que esperan no sólo para sus congregaciones, sino para la sobrevivencia de sus respectivas filosofías. Porque incluso quienes practican sus creencias o enseñanzas han ido abandonando las casas que ya no los y las representan, que no están espiritualmente en sintonía con sociedades que cada vez están más informadas y frente a una mucho mayor oferta, incluso, a nivel espiritual…

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