LA GLORIA.- Incertidumbre, displicencia, molestia y falta de dinero, principalmente, por la suspensión de actividades comerciales, es el panorama en este poblado.

Esta comunidad, ubicada en las faldas del Cofre de Perote, cumple 11 años de haber sido el epicentro de otra enfermedad, la influenza H1N1, incluso ubicaron al portador, un niño de cuatro años, Edgar Hernández, denominado “Niño Cero”, por haber sido el primero a quien se le detectó la enfermedad.

Sin embargo, algunos los pobladores esta experiencia ahora la ven lejana y poco creíble y hasta dudan del coronavirus.

 A su agente municipal, Gaspar Espíndola, lo han denominado “enviado del diablo”, por haber impedido sus fiestas patronales y le expresan que por no acatar lo que manda Dios pueden ser castigados con el fuego eterno.

Este año fue distinto; les informaron que por la cuarentena no podían participar en los eventos religiosos; sólo los bautizos transcurrieron a puerta cerrada.

Durante la emergencia del H1N1, hubo reportes de defunciones y personas infectadas; La Gloria fue un pueblo popular que dejó para siempre el anonimato.

Don Gaspar Espíndola, el agente municipal, aseguró que un mes antes, el alcalde de Perote, Francisco Hervert, reunió a los 22 representantes de las comunidades a quienes les explicó la situación y les pidió aplicar las medidas sanitarias pertinentes, como la “sana distancia”; posteriormente les comunicó que, al entrar a una nueva fase, tenían que evitar que la población se reuniera u  organizara eventos masivos, para evitar la propagación.

A regañadientes, los pobladores se mantienen informados y aunque se han mostrado escépticos ante la pandemia, han acatado las disposiciones al ver los informes y a los reportes que mediante un perifoneo, les va informando el propio agente municipal.

Me querían golpear en las reuniones porque me decían que cómo les iba a quitar las celebraciones; me dijeron que era enviado del diablo…. poco a poco entienden”, se quejó don Gaspar.

En las calles los pocos vecinos que salen lo hacen sin cubrebocas; ellos están conscientes que hay un agente infeccioso que les podría provocar un malestar de serio a grave “pero eso pasa en Perote, en Xalapa; aquí en este pueblo no pasará nada, porque aquí no pasa nada, aquí nunca pasa nada”, explicó doña Victoria Espinosa.

Don Gaspar, a cargo de la tienda de Diconsa, se queja de que “tampoco hay apoyos como despensas o fondos de préstamo para enfrentar esta necesidad”.

Con información de Excelsior