VATICANO.- La tercera encíclica del papa Francisco “Fratelli Tutti” (Hermanos todos) que se publicó este domingo es la respuesta que ofrece el santo padre para construir “un mundo más justo y fraterno en sus relaciones cotidianas, en la vida social, en la política y en las instituciones” y no perder esta oportunidad sobre todo tras la pandemia de coronavirus.

El extenso documento, que lleva el título de una frase de San Francisco de Asís, dividido en ocho capítulos, reflexiona sobre cómo la emergencia sanitaria mundial ha servido para demostrar que “nadie se salva solo” y que ha llegado el momento de que “soñemos como una única humanidad” en la que somos “todos hermanos”.

Se trata de un documento que recoge el legado del mensaje del papa en este pontificado, ya que se trata de un resumen de los varios documentos y pensamientos que ha ido desgranando en estos siete años.

La historia da muestras de estar volviendo atrás

La primera parte de la encíclica habla de “las sombras de un mundo cerrado” y pone como ejemplo que al inicio “tomó fuerza el anhelo de una integración latinoamericana y comenzaron a darse algunos pasos. En otros países y regiones hubo intentos de pacificación y acercamientos que lograron frutos y otros que parecían promisorios”.

“Pero la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos”, escribe Francisco.

Lamenta además que “en varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales”.

Describe además los males de nuestro tiempo: el desempleo, el racismo, la pobreza; así como la desigualdad de derechos y sus aberraciones, como la esclavitud, la trata, las mujeres y el tráfico de órganos.

No existe guerra justa y hay que reformar la ONU

En otro apartado, el papa Francisco afirma que hoy en día “es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible guerra justa”, a pesar de que en el catecismo se hable de la posibilidad de la legitima defensa mediante la fuerza militar”.

Advierte que “se están creando nuevamente las condiciones para la proliferación de guerras” y que “si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y los pueblos”.

Añade que “a partir del desarrollo de las armas nucleares, químicas y biológicas, y de las enormes y crecientes posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, se dio a la guerra un poder destructivo fuera de control”

Y entonces, a pesar de lo escrito en el catecismo, afirma que “ya no podemos pensar en la guerra como solución, debido a que los riesgos probablemente siempre serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuya”.

“Ante esta realidad, hoy es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible “guerra justa”. ¡Nunca más la guerra!”

Ante ello, el pontífice argentino urge “a una reforma “tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones”.

Los derechos no tienen fronteras

La encíclica de Francisco propone como respuesta a estas “sombras” del mundo el ejemplo de la parábola del Buen Samaritano en la que “todos estamos llamados a estar cerca del otro, superando prejuicios, intereses personales, barreras históricas o culturales”.

El papa reitera el concepto de que los derechos no tienen fronteras y por tanto “nadie puede quedar excluido, no importa dónde haya nacido, y menos a causa de los privilegios que otros poseen porque nacieron en lugares con mayores posibilidades”.

“Los límites y las fronteras de los Estados no pueden impedir que esto se cumpla. Así como es inaceptable que alguien tenga menos derechos por ser mujer, es igualmente inaceptable que el lugar de nacimiento o de residencia ya de por sí determine menores posibilidades de vida digna y de desarrollo”, destaca

El miedo a los migrantes, algo fomentado por la política

Una parte importante de la encíclica está dedicada a los migrantes. Francisco denuncia que “tanto desde algunos regímenes políticos populistas como desde planteamientos económicos liberales, se sostiene que hay que evitar a toda costa la llegada de personas migrantes. Al mismo tiempo se argumenta que conviene limitar la ayuda a los países pobres”.

“No se advierte que, detrás de estas afirmaciones abstractas difíciles de sostener, hay muchas vidas que se desgarran”, lamenta Francisco.

Para colmo, añade Francisco, “en algunos países de llegada, los fenómenos migratorios suscitan alarma y miedo, a menudo fomentados y explotados con fines políticos. Se difunde así una mentalidad xenófoba, de gente cerrada y replegada sobre sí misma”.

Sin embargo, para el papa, “son una bendición, una riqueza y un nuevo don que invita a una sociedad a crecer” y pone el ejemplo de que “la cultura de los latinos es «un fermento de valores y posibilidades que puede hacer mucho bien a los Estados Unidos” o que “en Argentina, la fuerte inmigración italiana ha marcado la cultura de la sociedad, y en el estilo cultural de Buenos Aires se nota mucho la presencia de alrededor de 200 mil judíos”.

El papa señala algunas “respuestas indispensables” especialmente para quienes huyen de “graves crisis humanitarias“: aumentar y simplificar la concesión de visados; abrir corredores humanitarios; garantizar la vivienda, la seguridad y los servicios esenciales; ofrecer oportunidades de trabajo y formación; fomentar la reunificación familiar; proteger a los menores; garantizar la libertad religiosa y promover la inclusión social.

El libre mercado no soluciona todo

La tercera encíclica del papa, tras “Lumen fidei” (2013), iniciada por el papa Benedicto XVI y “Laudato si” (2015) sobre la defensa de la Creación, propone “una política centrada en la dignidad humana y no sujeta a las finanzas porque “el mercado solo no resuelve todo”.

Los “estragos” provocados por la especulación financiera lo han demostrado, explica.

“El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente”, añade.

Francisco aboga entonces por “volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

También reflexiona sobre las palabras “popular” y “populista” en política. Explica que “hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad”, pero que a veces “deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”.

“Otras veces se busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad”, denuncia.