Sandra González
El Buen Tono
Orizaba.- Mientras el ayuntamiento presume la obtención de la Escoba de Platino, reconocimiento internacional en materia de limpieza urbana y gestión de residuos, un video difundido en redes sociales volvió a poner sobre la mesa una realidad que numerosos ciudadanos denuncian desde hace años: la persistencia de malas prácticas en el manejo de la basura y la insuficiente vigilancia en puntos de recolección.
La grabación muestra a un adulto mayor arribar en un vehículo gris a una banqueta, de la cajuela extrae bolsas de basura, las abandona y se retira.
De acuerdo con las acusaciones difundidas, se trataría de Pedro Camacho Cifuentes, conocido como “Paseo Camacho”, padre de Mariana Camacho, quien se desempeña como coordinadora de la Clínica del DIF Municipal de Orizaba.
El caso generó reacciones debido a que ocurre unos días después de que la ciudad recibiera, por segunda ocasión, la Escoba de Platino, otorgado por la Asociación Técnica para la Gestión de Residuos y Medio Ambiente (ATEGRUS), organización de origen español.
Sin embargo, más allá de la identidad de la persona, el hecho vuelve a exhibir una problemática recurrente en Orizaba. Habitantes de distintos sectores han manifestado constantemente que en varios puntos de recolección permanecen restos de basura esparcidos, residuos fuera de horario y acumulación de desechos que afectan la imagen urbana que las autoridades promueven como ejemplo nacional.
La difusión del video también abrió el debate sobre la corresponsabilidad ciudadana en el mantenimiento de los espacios públicos. Aunque los reconocimientos internacionales suelen destacar las acciones gubernamentales y los sistemas de limpieza implementados, la efectividad de estos programas depende igualmente del comportamiento de los habitantes y de la aplicación de sanciones cuando se incumplen los reglamentos municipales.
Para la gente, el episodio representa una contradicción entre el discurso oficial que celebra premios ambientales y las conductas que continúan registrándose en la vía pública sin consecuencias visibles.
Videos como el de esta semana evidencian que mantener ese prestigio requiere algo más que galardones: vigilancia efectiva, aplicación de reglamentos y una cultura ciudadana que vaya más allá de los reconocimientos.
