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Sandra González 

El Buen Tono 

Orizaba.- Mientras en países como Japón la cultura de la responsabilidad lleva a miles de aficionados a recoger la basura que generan durante eventos masivos, en México aún persisten problemas de convivencia, respeto y corresponsabilidad social que reflejan una crisis de valores que comienza en el hogar, advirtió el obispo de la Diócesis de Orizaba, Eduardo Cervantes Merino.

Durante la misa dominical de mediodía celebrada en la Catedral de San Miguel Arcángel, el prelado tomó como referencia el comportamiento mostrado por ciudadanos japoneses en competencias deportivas internacionales para destacar la importancia de fomentar hábitos de limpieza, disciplina y trabajo en equipo desde los espacios más cercanos a las personas.

Señaló que los grandes eventos deportivos no sólo ofrecen momentos de entretenimiento, sino también ejemplos de organización y responsabilidad colectiva que pueden trasladarse a la vida diaria, particularmente en las familias, centros de trabajo y comunidades.

“Aprender a trabajar en equipo en la familia, en los grupos de catequesis y en los grupos de trabajo, pero también aprender a ser más limpios, es una de las cosas buenas que podemos adoptar”, expresó.

Sin embargo, consideró que el reto va más allá de mantener limpios los espacios públicos, pues involucra la recuperación de valores fundamentales como la honradez, la honestidad, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad, los cuales, afirmó, se aprenden principalmente en el seno familiar.

Cervantes Merino sostuvo que la experiencia de fe debe traducirse en mejores relaciones humanas, comenzando entre padres e hijos y extendiéndose posteriormente a los vecinos, las comunidades, los centros laborales y los distintos grupos sociales.

Reconoció que los conflictos forman parte de la condición humana, pero advirtió que éstos suelen agravarse cuando se pretende resolverlos mediante el rencor, la confrontación o la búsqueda de imponer la voluntad propia sobre los demás.

Indicó que cuando predominan actitudes como la venganza, el abuso de poder o la propagación de rumores, las diferencias se profundizan y se dificulta encontrar soluciones reales a los problemas que enfrentan las familias y la sociedad.

El obispo enfatizó que la reconstrucción del tejido social no depende únicamente de programas o acciones gubernamentales, sino también de la capacidad de cada persona para vivir y transmitir valores que fortalezcan la convivencia cotidiana y favorezcan relaciones más sanas y respetuosas.

Finalmente, llamó a los fieles a aprovechar los ejemplos positivos que pueden encontrarse incluso en ámbitos tan populares como el deporte para promover una cultura de responsabilidad, respeto y colaboración que contribuya a mejorar la vida comunitaria.

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