

Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com
El mundo actual se configura como una tensión entre polos de poder globales y regionales. Esta época expresa su singularidad en entornos de guerras multidimensionales, con guerras mentales y luchas de narrativas. Las narrativas constituyen un dispositivo de poder que atraviesa todas las aristas de la humanidad, operando como un patrón psíquico complejo y simbólico.
La Tercera Modernidad, entendida como una fase histórica marcada por la reconfiguración multipolar del poder y la intensificación de la disputa simbólica, no puede comprenderse desde una sola dimensión (Maury Cruz, 2026). La multipolaridad, con su diversidad de centros, deriva en conflictos estructurales globales y regionales. Cada potencia articula dimensiones económicas, financieras, militares, sociales, políticas, culturales y tecnológicas que, vinculadas entre sí, se revelan como fuerza civilizatoria.
Los Estados presentan contradicciones internas y externas que configuran tensiones impulsoras de sus dinámicas históricas y de sus relaciones internacionales. Por lo tanto, el Estado es una realidad civilizatoria y conflictiva, en correspondencia con la concepción de lo político como antagonismo en Carl Schmitt (2003).
El Estado y la persona, al ser entes conflictivos y simbólicos, conllevan preguntas como: ¿qué significa la multipolaridad civilizatoria? y ¿cuál es el papel del sistema financiero en el orden civilizatorio en esta Tercera Modernidad?
Multipolaridad civilizatoria
La multipolaridad es una disputa. Constituye la expresión histórica de una reconfiguración profunda del orden y del poder mundial, donde la hegemonía unipolar estadounidense cede —no sin resistencia— ante la consolidación y emergencia de múltiples centros de gravitación estratégica en el orden global, como Rusia y China, y en el ámbito regional, como Irán e India.
La multipolaridad es una inflexión civilizatoria y epocal. No solo se redistribuyen capacidades materiales; se confrontan matrices simbólicas y de sentido. Cada polo encarna una racionalidad histórica, una gramática del poder y una ontología política que busca instituirse como horizonte legítimo del orden global, reconfigurando alianzas y evidenciando que la soberanía se defiende en bloque.
Así, lo que está en juego no es únicamente quién domina, sino la construcción de una arquitectónica diversa y conflictiva de las relaciones internacionales y de la realidad de los individuos, redefiniendo y moldeando sus percepciones y legitimando el poder.
La multipolaridad se manifiesta como una lógica de inestabilidad estructural: ningún actor concentra la totalidad del poder, pero todos buscan ampliar su margen de maniobra. Se reconfiguran equilibrios precarios, alianzas contingentes y conflictos híbridos que atraviesan lo militar, lo económico, lo financiero, lo tecnológico y lo cultural.
Se asiste a la crisis del orden neoliberal internacional, cuya pretensión universalista revela sus límites frente a la pluralidad efectiva del mundo, que ha subvertido el orden unipolar de la América global. La soberanía retorna como principio organizador, la cual se defiende en bloque, como señala Alexander Dugin (2003); mientras el sistema se fragmenta en múltiples racionalidades en tensión, proceso que puede leerse desde la diferenciación funcional del sistema global, desde la óptica de Niklas Luhmann (1995).
La multipolaridad no es la simple coexistencia de potencias: es la disputa por la forma del mundo, donde poder, civilización y narrativa se entrelazan en una confrontación abierta por el sentido de la realidad local y global.
La multipolaridad deviene en guerra multidimensional. Hoy, las potencias despliegan fuerza y narrativas. Se disputan la “verdad operativa” de lo real. La lucha no se libra solo en territorios físicos, sino en la psique, para generar una arquitectura simbólica de las percepciones. Este poder consiste en imponer marcos interpretativos que orientan la acción colectiva.
La multipolaridad civilizatoria no es una simple prolongación de la multipolaridad geopolítica, sino su radicalización en el plano simbólico y del sentido. Designa el tránsito de una distribución material del poder hacia una diversidad de matrices civilizatorias en disputa, en un entorno de guerra mental.
Se trata de diversas formas de concebir el mundo. Cada polo articula su propia racionalidad histórica y redefine categorías fundamentales como Estado, comunidad, individuo o soberanía. El orden internacional deja de sostenerse en una narrativa única —al entrar en crisis el enfoque neoliberal occidental— y se configura como un espacio de horizontes de sentido heterogéneos, como indica Samuel Huntington (1996).
El conflicto, entonces, adquiere un carácter civilizatorio. Ya no se limita a intereses estratégicos: involucra valores, cosmovisiones y estructuras simbólicas. Por ello, la disputa se desplaza hacia la legitimidad: cada polo busca instituir su principio de orden civilizatorio como válido. En consecuencia, la guerra cognitiva se vuelve central. Las potencias compiten mediante narrativas, produciendo “realidad”, redefiniendo conceptos y orientando la acción colectiva. La multipolaridad civilizatoria es también una lucha por el sentido.
Esta Tercera Modernidad constituye una fase del proceso histórico en la que el mundo se configura como un campo conflictivo de civilizaciones, sin principio unificador, donde coexisten racionalidades en tensión permanente. Así, la multipolaridad civilizatoria no es una dimensión aislada, sino la estructura que articula las interacciones del Estado con sus pares y con su población.
La multipolaridad civilizatoria radica en la distinción entre unidad de sentido y configuración del sistema. La civilización es una entidad histórico-cultural: un sistema de valores, instituciones y cosmovisiones que organizan la vida colectiva. Constituye una matriz identitaria no exenta de contradicciones.
La multipolaridad civilizatoria es una condición del orden mundial en la que múltiples civilizaciones coexisten y compiten por definir la legitimidad del sistema mundial. No describe lo que una civilización es, sino cómo se relacionan entre sí en un campo de disputa global y regional. En consecuencia, la civilización es la unidad; la multipolaridad civilizatoria es la relación conflictiva entre varias de ellas.
El orden civilizatorio y el sistema financiero
El orden civilizatorio es la directriz profunda que organiza y da sentido a la vida colectiva dentro de una población y de un Estado. No se limita a instituciones visibles, sino que constituye un entramado de valores, normas y significados que define lo que una sociedad considera sano, justo, legítimo y deseable.
Este orden funciona como un algoritmo de inteligibilidad introyectada que establece cómo se entienden la autoridad, la justicia y la relación entre el individuo, la comunidad, el Estado y las relaciones internacionales. Así, no solo regula conductas, sino que produce realidad social.
Si el orden civilizatorio articula planos materiales (instituciones y organización política), simbólicos (narrativas y representaciones) y normativos (valores y legalidad), entonces produce y legitima la realidad social y política. Es necesario reconocer sus mecanismos de operación e identificar qué dispositivos e instituciones lo encarnan y reproducen en la práctica, pues ello permite su continuidad, adaptación o eliminación.
El sistema financiero, en el orden civilizatorio, no es solo un mecanismo técnico, sino un entramado global de instituciones estructurante del poder y del sentido. En el plano material, organiza la circulación del capital y define qué proyectos y economías son viables. En el plano simbólico, construye narrativas sobre valor, riesgo y confianza, orientando la percepción de la realidad económica. En el plano normativo, impone criterios de legalidad, como la disciplina fiscal o la solvencia, influyendo o determinando decisiones estatales. Desde el entorno internacional, las sanciones financieras y la exclusión parcial de Rusia del sistema SWIFT, documentadas por Reuters (2022–2024), Associated Press (2024) y BBC News (2023), evidencian el uso del sistema financiero como instrumento geopolítico; asimismo, el World Bank (2024) advierte sobre una creciente fragmentación económica global asociada a tensiones geopolíticas.
Así, el sistema financiero no es externo al orden civilizatorio, sino uno de sus ejes centrales de estructuración. En contextos de multipolaridad civilizatoria, se convierte en un espacio de disputa entre distintas racionalidades. El sistema financiero organiza el poder material, moldea el sentido económico y regula la legitimidad.
Si el orden civilizatorio produce sentido y legitimidad, entonces el sistema financiero aparece como un mecanismo operativo preponderante. En consecuencia, el poder financiero no es neutral ni meramente instrumental: define lo posible, orienta la percepción de la realidad y condiciona las decisiones políticas, operando como estructura económica vinculada con la significación y la legitimidad.
Por ende, intervenir, disputar o transformar el orden civilizatorio implica necesariamente reconfigurar el sistema financiero, pues en él se condensan las dinámicas fundamentales del poder contemporáneo. Por lo tanto, quien estructura el sistema financiero incide decisivamente en la configuración del orden civilizatorio.
En esta Tercera Modernidad, el desarrollo de sistemas financieros y monetarios alternativos a Occidente genera una multipolaridad financiera incipiente, que actúa como brazo ejecutor de los patrones civilizatorios. Sin embargo, Estados Unidos continúa siendo la potencia financiera hegemónica del globo, aunque en un proceso de erosión relativa. En efecto, el International Monetary Fund (2024) mostró que el dólar mantiene la primacía en las reservas globales, aunque con una diversificación gradual hacia otras monedas. Por su parte, el Bank for International Settlements (2023) identificó innovaciones en sistemas de pago y el surgimiento de infraestructuras financieras alternativas aún incipientes.
Algunas conclusiones
La actualidad se configura como una fase de transición del orden unipolar hacia una estructura multipolar, cuya especificidad radica en la redistribución de capacidades materiales y en una disputa multidimensional que articula lo geopolítico, lo simbólico y lo civilizatorio. En este marco, la multipolaridad, en sentido geopolítico, describe la coexistencia de centros de poder que compiten y cooperan, explicando la lógica estratégica del sistema internacional.
La multipolaridad civilizatoria sitúa el conflicto en la confrontación entre matrices de sentido e históricas. Mientras la multipolaridad mide capacidades, la civilizatoria disputa legitimidades, desplazando el conflicto hacia la producción de realidad mediante narrativas y consolidando un entorno de guerra cognitiva.
El orden civilizatorio se revela como una estructura dinámica que organiza y legitima la vida colectiva, articulando dimensiones materiales, simbólicas y normativas. En este contexto, el sistema financiero emerge como un dispositivo central de reproducción, estructuración y disputa de dicho orden. No es neutral: organiza la circulación del capital, orienta percepciones e impone criterios que inciden en las decisiones estatales.
La evidencia muestra que el sistema financiero opera como instrumento geopolítico, mientras surgen arquitecturas alternativas que apuntan a una multipolaridad financiera incipiente, en coexistencia con la hegemonía estadounidense en crisis relativa.
El poder en la Tercera Modernidad se articula en la intersección entre civilización, narrativa y sistema financiero. Así, la multipolaridad civilizatoria se presenta como una dinámica abierta y conflictiva, donde la disputa por el orden mundial es, en última instancia, una disputa por la producción de sentido y la definición de la realidad.
Referencias
Dugin, A. (2003). The foundations of geopolitics. Moscow: Arktogeya.
Associated Press. (2024). Sanctions and global finance: The ongoing impact on Russia. Retrieved from https://apnews.com
Bank for International Settlements. (2023). Innovations in payment systems and emerging financial infrastructures. Basel, Switzerland: BIS.
Huntington, S. P. (1996). The clash of civilizations and the remaking of world order. New York, NY: Simon & Schuster.
International Monetary Fund. (2024). World economic outlook: Global reserves and currency diversification. Washington, DC: IMF.
Luhmann, N. (1995). Social systems. Stanford, CA: Stanford University Press.
Maury Cruz, L. A. (2026). Falanges: Multipolaridad civilizatoria y sistema financiero. Ciudad de México: Publicación en curso.
Reuters. (2022–2024). Financial sanctions and geopolitical strategies. London, UK: Reuters News Agency.
Schmitt, C. (2003). The concept of the political. Chicago, IL: University of Chicago Press.
BBC News. (2023). Global financial networks and sanctions: Implications for geopolitics. London, UK: BBC.
World Bank. (2024). Global economic trends and fragmentation risks. Washington, DC: World Bank.
