

De la Redacción
El Buen Tono
ORIZABA.- La falta de regulación y omisión de las autoridades municipales han convertido los escasos estacionamientos gratuitos de la ciudad en territorio de los llamados “viene viene”, personajes que no solamente se apropian de los espacios públicos, sino que los explotan con altanería e impunidad.
Sin que nadie los cuestione, estos individuos han extendido su control sobre calles y las pocas zonas de aparcamiento libre que, por derecho, pertenecen a la ciudadanía. En lugar de facilitar la movilidad, imponen cuotas arbitrarias a cambio de cuidar un coche, bajo la amenaza velada de represalias si el conductor se niega a pagar.
De acuerdo a ciudadanos, uno de los casos más recientes ocurrió en la zona de “Tyson”, punto de alta afluencia turística y local. Ahí, un “viene, viene” se adueñó de los cajones libres, cobra una tarifa fija a cada automovilista, especialmente a visitantes foráneos que desconocen la dinámica, y responde con soberbia a quien le reclama que se trata de espacios que son gratuitos.
Comerciantes establecidos y vecinos del sector lamentan que a pesar de que hay constantes quejas ante las autoridades, estas no han prosperado, porque personal del ayuntamiento se da cuenta y no hace nada.
La presencia de estos personajes, lejos de ser una pintoresca estampa urbana, constituye una apropiación indebida de los pocos espacios públicos que quedan sin cobro por parquímetros, un foco de intimidación para automovilistas y un desgaste para la imagen de una ciudad que presume lo que no cumple.
La crítica recae sobre el ayuntamiento y la dirección de Tránsito y Vialidad, que han sido omisos ante lo denunciado de manera reiterada.
No hay operativos efectivos, no se aplican sanciones ejemplares y, peor aún, parece haberse normalizado que un particular lucre con un bien que es de todos.
Mientras la autoridad voltea la cara, los pocos estacionamientos libres que quedan en la ciudad se transforman, día con día, en feudos privados de los “viene viene”. La pregunta obligada es, si se necesita un incidente mayor para que el gobierno municipal actúe, o si la consigna es tolerar el abuso hasta que el último espacio público gratuito haya sido capturado por la informalidad y prepotencia.
