De la Redacción
El Buen Tono
REGIÓN.- México cayó hoy en octavos de final del Mundial 2026, y con ello se prolonga una de las estadísticas más dolorosas del futbol mexicano: la llamada maldición del quinto partido. Desde que el formato del Mundial estableció los octavos de final en 1994, México no ha podido avanzar más allá de esa ronda, a excepción de los cuartos de final en 1970 y 1986, cuando el torneo aún tenía otra estructura. Esta derrota no es solo un resultado, es el espejo de una frustración que se repite década tras década.
La historia es conocida: México siempre llega con ilusión, siempre da la cara en la fase de grupos, siempre ilusiona a un país entero. Pero cuando el silbatazo inicial de los octavos de final suena, el fantasma de los fracasos pasados vuelve a aparecer. Esta vez, el rival fue Inglaterra, y el Tricolor luchó hasta el último minuto. Los jugadores dejaron todo en la cancha, pero el gol no llegó, y el sueño se apagó en el Estadio Ciudad de México.
Sin embargo, esta derrota no borra lo que México nos enseñó durante estas semanas. Nos hizo vibrar, nos unió como país, nos recordó que el futbol es más que un deporte: es un lenguaje común que borra fronteras y diferencias. México nos enseñó que el espíritu de soñar no se negocia, que el famoso “¿y si sí?” es el eco de una nación que se atreve a creer, que seguir, luchar, caer y levantarse es lo que nos hace mexicanos. Porque no hay mal que por bien no venga, y cada tropiezo es solo un escalón más para el próximo intento.
