Alejandro Solís
Columnista

Cuando eufórico, López Obrador encadena la conciencia nacional con sus cuentas alegres sobre disponer -aún- del apoyo del 71% de quién sabe quiénes, según encuestas elaboradas por vaya Usted a saber qué negocio de encuestitis (sic), pobre, no lo sabe, o si lo sabe se hace el occiso al reafirmar la naturaleza conflictiva socarrona de líderes populistas atacando iguales, sin tocar sus raíces mismas.

PopuListasListos. En lenguaje sencillo, populista es quien se dice mandatado por “el pueblo”, gracias a “sus promesas” diversificadas de acciones gubernamentales. Como esas de ser honestos, sinceros y fieles. Se destaca “regalar” dinero y recursos materiales que nunca retornarán a las arcas públicas. Diluyéndose en su consumo final, caen en las arcas bancarias y financieras.
Pero. Alguien tiene que pagar el dinero tirado “a fondo perdido”, pues la beneficencia millonaria es un modo de inversión manipulado por el Estado con recursos prestados o destinados por Hacienda, pero sumados a la deuda
pública.

EsLoMismoLaTíaChanaQueJuana. Hay, por lo menos, dos maneras de hacer la misma truculencia: dárselos directamente a los meros ricos, como le hacen los neoliberales mediante exención de impuestos, condonación de deudas, apoyos a través de todo tipo de programas, venta barata de energía, etc. los “liberales populistas”, prefiriendo modos indirectos: reparten recursos entre los pobres, quienes -generalmente- los gastan en bienes de consumo.
El resto de las actividades del gobierno en turno se reduce a echar el rollo mañanero, para que la gente crea la conveniencia de esta forma de gobernar, avalándola.
Aparte de firmar necesarias iniciativas, convenios y decretos, el presidente federal tiene muchas tareas operativas que realizar; por lo que su condición anímica, intelectual y física anatómica debe estar a todo tren para moverse constantemente atendiendo asuntos desde diplomáticos de Estado, hasta motivos de cachetadas a sus guardaespaldas por reclamos espontáneos o teledirigidos por el montón de adversarios, ganados a pulso en esas pugnas; y, otros, etiquetados.
Su labor principal es firmar, sin chistar, lo que se le ponga enfrente, pues ni tiempo tiene de redactar, dictar y/o revisar personalmente la documentación de su diaria actividad gobernante. Es así, porque, por la magia diplomática y jurídica, lo que haga y deje de hacer es “en el nombre de la Patria”.

NoEsLoMismoPejeMeroQueMeroMero. Por su delegación de cargos, funciones y responsabilidades, el Estado, que no es sinónimo de gobierno, dispone de asesores, directores, subdirectores, jefes de área y personal operativo vasto. Incluye al poder judicial, legislativo y organismos autónomos; quienes, a su vez, disponen de asesores y ayudantes variopinta.

La mayoría de la nómina pública es de base y outsoursing. No, ya no. O, quién sabe, pues esta forma de explotación extraordinaria de la fuerza de trabajo es sustantiva para sacar súper ganancias, así como trabajos públicos de precio castigado. Por sistema -neoliberal, que no se ha de modificar, la minoría de personal es “de confianza” y la mayoría “de base”.

DeMeroPeje-a-MaroMero. Se confunde el Poder Ejecutivo, con el poder de Estado erróneamente, pues sólo el primero ejecuta las decisiones legislativas vigiladas por el Poder Judicial, aunque en el presidencialismo populista se cultiva el vicio -ideológico- de colgarle mucha más autoridad, para “ocultar” al poder de Estado profundo.
Es punto de acuerdo entre neoliberales y liberales aparentar más dominio del gobierno que del Estado, para diluir sus responsabilidades en sujetos pasajeros plenos de errores; preservando supuestas virtudes de las instituciones, especialmente de las leyes y del Ejército.
Se acostumbra que, al llegar a su cargo, el nuevo presidente venga con su gente, equipos de trabajo y colaboradores, ocupando oficinas clave.
En general, los basificados no son considerados de confianza. Parece un misterio,que quienes son de confianza no sean basificados, mientras los basificados no ocupan cargos de confianza.
No hay misterio, pues estamos hablando de la conformación del Estado capitalista, donde por defecto todo se convierte en mercancía atenida a leyes del mercado y principios egocentristas, individualistas egoístas. ¿Y dónde podría ser lo contrario?
En quienes no están en el poder, deseándolo. Y entre los que estando ahora en el poder, atacan a los que se fueron. Como ocurre entre “liberales contra neoliberales” en una pugna inflada, más para distraer la atención, que para transformar las cosas.
Entre ambos polos encontrados se gestan, promueven y financian posturas intermedias, proponiéndose combinar “lo mejor de la libertad capitalista, con la planeación socialista”.
Los “humanistas” pujan a favor del “capital humano”, del “bienestar de los pobres”, atenidos a la fuerte personalidad del presidente, cacique, dictador, patrón o santón, capaz de encantar/fanatizar masas. Populistas como el Peje dirigente histórica de Morena, cuadran perfecto en esta tendencia. Relevos naturales de éstos son los socialdemócratas.

SocialDemocraciaPopulistaEstatizada. De visión dirigente menos centralizada en “la persona”, procuran la organización social con esquemas partidarios empresariales y dirigentes de perfil gerencial, resultando una vía de acomodo fácil para oportunistas de izquierda y derecha.

Si es usted un seguidor crítico esperanzado en la intervención pública de líderes con perfiles de la vieja escuela patriótica, socialista, comprometida con cusas nobles sin importarles ganar dinero por hacerlo, olvídese, en medio siglo de desmonte neoliberal lograron su objetivo: descabezar al proletariado para destrozar legítimas formas de organización social, como son los partidos de clase. ¿Necesita Usted ver un ejemplo?
Pues nomás mire el papelón de quien presume el respaldo del 71% de una población sin forma -amorfa- llegada al poder con una burbuja de Estado inflada con más del 50% del 30% de electores que por él votaron. O, sea: unos 32 millones, de los cuales, si aún lo apoyan- el 71%, equivalen a escasos 22 millones. ¡Un 23% del electorado! Por las cifras de Obrador -que no ha de hacer con ábaco chino- en realidad ha perdido el apoyo de un treinta por ciento de quienes votaron a su
favor. Pero.
Al día, suma en su contra la oposición creciente de otra ola opositora -formada, entre otros, por los anidados de siempre- que han de obligarlo a bajarle de natas a su ego prepotente. Así como le pasó a Trump.

ConsueloDeTontos. ¡Vaya, parece que hemos caído en la trampa del presidencialismo populista caudillista amarrados de la cuantificación de datos para saber la presión de la olla de los frijolitos! No.

Sólo mostramos, con sus argumentos, el verdadero aporte de los gobiernos populistas al gran capital: destrozan la organización independiente, autónoma del proletariado. Si para lograr eso han de decir misa, bailan hasta el zapateado, que las cosas profundas de Estado no se modifican ni yendo a bailar a Chalma.
¿Quiere otro ejemplo? Mire usted nomás el estado caótico de Morena, repitiendo los vicios señalados.
Con el pretexto de las encuestas definen candidaturas próximas, inclusive, entre super delegados que hace dos años prometieron no escalar políticamente, usando sus recursos.
Y, ni cómo exhibirlos al interior de un partido de opereta con reparto comprometido, incapaz de poner de acuerdo tribus amoratadas; dejando su elección en manos del Estado, al través de INE, por orden del Tribunal Electoral.
Así anulan a “agentes verdaderos” y otros tantos “siervos de la nación” sin vida partidaria, más que para hacer talacha electorera.