Alejandro Solís
Columnista

El caos directivo de morena facilitó al tribunal electoral federal anular el proceso de selección de delegados para elegir en asamblea general a los relevos de sus dirigentes nacionales fundacionales, como lo señalan sus estatutos registrados en el Instituto Nacional Electoral (INE).

Esta decisión de Estado sorprendió a militantes y analistas esperanzados en la regeneración independentista, autónoma, franciscana, personalizada prometida por el apóstol de la 4ª Transformación de la Vida Pública (4ªTVpm) a favor “primero de los pobres”, después de pretextar consultar a mercadólogos. 

La aparente incongruencia del liderazgo moreno, dicen sus opositores de marqueta, se debe a sus ínfulas caudillistas amparadas en Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas. Mirando de revés, opinamos que AMLO encarna perfecto al dirigente populista ideal para conducir la debacle social neoliberal a puerto garante de la sobrevivencia del capitalismo, en plena crisis general. 

#NadieComoArlequín. Así mismo, observamos un gran trecho entre las habilidades políticas escénicas del presidente López y sus relevos partidarios, en gran medida debido a ligerezas típicas de haber parido una organización partidaria inflada con renegados y encomendados de todas las fuerzas vivas exigentes ahora de cuotas de poder.

#CompromisosCastran. En sus primeros 365 días de administración federal, las diferencias entre ofrecimientos de campaña y decretos del gobierno bienhechor se amoldan –inevitablemente- a favor del Plan Nacional de Desarrollo neoliberal. ¿Pues qué podrían verbos deshilados, contra los intereses dinerarios financieros, orquestados por el habilidoso Alfonso Romo?

#CreoEnTiSobreTodasLasCosas. El dilema de chairos y fifís se reduce a seguir otorgándole, o, no, a AMLO el beneficio de la duda sobre su ingenuidad y/o perversidad política. 

¿Sabía, o, no que la política constituida en carta magna redactada y avalada por la oligarquía, opera socialmente únicamente a favor de la economía imperial? 

Su comportamiento encuadra con el de personalidades, experiencias y vivencias bonapartistas, típicas del líder carismático tolerado para darle atole con el dedo a las masas, mientras el capitalismo sale de su bache endilgando -como siempre- pérdidas al erario y proletarizando al pueblo. 

Para contener reclamos sociales se recurre a las sapiencias, habilidades y facilidades pragmáticas de un líder popular, carismático, posesionado de un verbo encantador de masas fanatizadas; además, su perfil político cuadra con el de humanistas desesperados transitando de la buena voluntad moralizada santificada, a la tentación autoritaria.

#SaliéndoseDelHuacal.  En la complejidad propia del sujeto circunstanciado anida su posible disloque, una vez que ha sido investido de poder legalmente necesario para firmar compromisos a nombre de todos los mexicanos. Miles de ejemplos hay de políticos deschavetados, como los que idearon y operaron la estafa maestra, la venta de propiedades estatales, la contrata de deuda pública, la manipulación de licitaciones para favorecer familiares, amigos y socios, la contrata directa de obra pública, el ejercicio de la “partida secreta”, la negativa amparada de funcionarios negados a ganar menos que El Presidente. Camadas sexenales de políticos súper millonarios, arrastran estelas de traiciones, deshonestidades y mentiras propias de la cultura de mercado. En suma. 

Como el poderoso no puede predecir, ni evitar, que, quien instruye, arma y licencia para su protección se aloque desconociendo su voz y mano, instituye medidas preventivas para ejercerlas en su caso, como son la revocación de mandato, la pérdida del fuero, el amparo contra abusos de autoridad. En casos extremos, financia y opera golpes y crímenes de Estado.

 Para evitar hasta donde sea posible recurrir sola y primeramente a medidas extremas, el Tribunal Electoral ejerce el papel inquisidor regulador del comportamiento esperado de sujetos, organismos y procesos autorizados para jugar al juego democrático del poder inalterable, ejemplificado en las resoluciones del Tribunal sobre el desmadre del padrón militante de morena. 

#QuiénPagaManda. Contrariando los intereses de AMLO y sus portavoces partidistas de reconocer únicamente a los 319 mil 449 “agentes del cambio verdadero” listados hasta el 20 de noviembre de 2017, la Santa Inquisición indicó la obligación de depurar el padrón no confiable, pero, preservando los derechos constitucionales de 3 millones 100 mil afiliados a morena, hasta agosto del 2018.

El caso resulta ser una maravillosa lección en vida y sitio sobre los condicionamientos normativos de la democracia burguesa, postulada en la Carta Magna para evitar locuacidades personales que pongan en riesgo delicadas políticas de Estado.

#BuenNegocioElJuegoElectoral La democracia mexicana es un logro histórico de la burguesía, y, quien desee participar legalmente en su desarrollo para mejorarla, debe aceptar la normatividad derivada de leyes constitucionales garantes de los derechos individuales de todos los mexicanos.

A cambio de ceder la regulación de su vida partidaria al arbitrio del Estado, los partidos reciben dinero del Estado en porcentajes relacionados a su capacidad organizativa concretada en la cantidad de militantes registrados en el INE, así como en la cantidad de votos emitidos a su favor en la última contienda.

El embuste implícito en la supuesta política democrática se concreta en otras mentirillas propagadas directamente por la gobernanza, e, indirectamente, mediante todas las mecánicas de aculturación y falsa conciencia diseñadas, financiadas y operadas por un Estado posesionado y auto-elogiado como libre, soberano, autónomo e independiente del centro rector imperial. Esta engañifa es necesaria para disfrazar de soberano, al incondicional sirviente.

#CarambolaDeDosBandas La obligación constitucional de convalidar los derechos de todos los militantes no es una imposición del INE a quienes en su momento aceptaron las reglas del juego electoral, con tal de participar en la contienda, con financiamiento asegurado.

El arbitraje de Estado es una regla absoluta aceptada, a sabiendas ser un instrumento de doble filo: en pos de una imaginaria democracia cede recursos a políticos de oficio gustosos de aceptar su intervención investigadora, a partir de consentir otra falacia entreguista: el Estado es el órgano supremo de regulación democrática de la vida pública, así equilibrada.

La aceptada neutralidad niega y oculta su verdadero carácter de clase. Por ello, se dice que las elecciones son un juego sucio donde todos los políticos ganan, aun perdiendo.

#MorenaEsMásDeLoMismo. En mítines masivos vimos a la golosa plana mayor de morena afiliando militantes sin más obligación que aceptar su declaración de principios y estatutos, al tiempo de canturrear frenéticos el sonsonete: “Es un honor, estar con Obrador”.

 Pasado el torbellino populista, quienes por montones se afiliaron y rejuntaron votos para hacer “el milagro” de derrotar en urnas al candidato neoliberal sumando a simpatías reales, contrariados rencores y votos útiles simplemente para joder a priistas y panistas, exigen cuotas de poder dentro del régimen de bienestar social, en la contrata licitada o mejor directa, así como en las estructuras directivas del partido.

#DePartidoClanApartidoDeEstado. Si morena es un partido de Estado, ¿por qué tanto interés en el control de sus procesos internos? 

Porque la fina táctica no es interpretada y operada con la destreza de AMLO, ni por sus cuadros directivos nacionales actuales. Urgiendo su relevo próximo, con verdaderos tiburones operativos. Además. 

Por si la megalomanía lo alcanza, el Estado se antepone a la descomposición y/o el desgaste de un líder y un organismo necesario para la cuarta T transexenal trazada desde lo más profundo del Estado; dictándole la agenda pública, a quién se vanagloriaba de hacerlo en serenatas mañaneras.