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Cuba, bella isla del caribe, país donde se han gestado una infinidad de ritmos muy ligados a nuestra cultura mexicana y latinoamericana: el danzón, el mambo y el chachachá entre muchos otros.

 

La isla actualmente está de moda, por las relaciones que retoman después de muchos años con sus archienemigos yanquis. Cuando hablamos de Cuba, pensamos en música y baile; se nos viene a la mente la ciudad de La Habana, pero existe una bella provincia en el Oriente Cubano, Santiago de Cuba: la cuna del son. 

 

Santiago es un lugar mágico, su historia, sus calles, sus parques, la calidez de su gente; se percibe un ambiente bullanguero. Es una ciudad muy emparentada históricamente con México; el primer alcalde de esta ciudad fue el conquistador español Hernán Cortés.

 

En Santiago de Cuba, hace algunos años conocí a Carlos; un pintor santiaguero y a su amable familia. Cuando caminábamos con rumbo al teatro de la ciudad, algo interrumpió nuestra charla…

 

A lo lejos se veía una muchedumbre, un alboroto, ritmo y más ritmo, el cual cada vez se escuchaba más cerca. Fue ahí donde le pregunté qué era eso, al tiempo que corríamos para alcanzar aquello. El me respondió: “Hermano, es la conga” ¡Vamos!

 

 Ya frente a nosotros, observé a un grupo de personas bailando y tocando un ritmo rápido, con percusiones afrocubanas, cánticos y una trompeta china. 

Para entenderlo de una manera más clara, es una especie de “batucada cubana”, que avanza por las calles de Santiago. La población; al escuchar la aproximación de la música, sale de sus casas y quien gusta se une a este “gran carnaval”, otros prefieren quedarse observando desde las puertas de sus hogares.

 

Algo es seguro: quien no toca algún instrumento, baila al ritmo de la música. Y quien no baila, ni toca; disfruta viendo como tocan y bailan los demás. Entre tanto éxtasis musical, no falta alguien que quiera salirse de los lineamientos consuetudinarios, y ahí está la policía cubana, siempre al acecho, avanzando al unísono de la comparsa.

 

Los cantos de la gente no pueden faltar, coros a un solo ritmo, como auténticas tribus africanas agradeciendo al año por la buena cosecha. Los tambores con cueros llegaron de África, la corneta china de Asia, y en Cuba se combinaron ritmos y culturas, dando como resultado, algo muy peculiar que hoy forma parte de su tradición, de su cultura: La conga cubana.

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