El Buen Tono
Sandra González
Orizaba, Ver.- Entre flores, oraciones y relatos que han pasado de generación en generación, la tumba de Ana María Dolores Segura y Couto, conocida popularmente como La Niña del Ángel, se convierte en uno de los puntos que despiertan mayor interés entre quienes visitan el panteón municipal Juan de la Luz Enríquez durante las celebraciones de Día de Muertos y Fieles Difuntos.
La pequeña murió el 6 de julio de 1908, cuando tenía aproximadamente dos años y tres meses de edad, pero su historia permanece viva más de un siglo después. Su sepultura, distinguida por una escultura de mármol en la que aparece recostada mientras un ángel parece resguardarla, forma parte de la memoria histórica y de las leyendas más arraigadas de Orizaba.
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