AGENCIA
Ciudad de México.- Pagar una vivienda se ha convertido en una carga económica que obliga a miles de mexicanos a recortar gastos esenciales, desde la compra de alimentos hasta la atención médica, la ropa y el calzado. En el país, ocho de cada diez personas encuestadas reconocieron haber reducido gastos o postergado servicios de salud para poder cubrir los costos de su hogar.
El caso de Manuel Mateos, de 65 años, refleja esta realidad. Habitante de la periferia de Querétaro, paga 3 mil pesos mensuales de renta, lo que representa 36 mil pesos al año. Para mantener un techo junto a su esposa, lleva más de cinco años sin comprarse zapatos y ha dejado de renovar su ropa.
Aunque asegura que nunca ha faltado comida en su hogar, reconoce que debe priorizar el pago de la renta por encima de otras necesidades personales.
La situación coincide con los resultados del informe “Un hogar, pero ¿a qué costo?”, publicado en octubre de 2026 por Hábitat para la Humanidad Internacional, que recopiló respuestas de más de 30 mil personas en 22 países.
En México, el 80 por ciento (%) de los participantes afirmó haber reducido gastos relacionados con los alimentos o retrasado o evitado atención médica para cubrir los costos de vivienda. Además, el 36% ha utilizado sus ahorros o fondos de emergencia, mientras que el 34% ha buscado un trabajo adicional para poder pagar su hogar.
La incertidumbre también persiste entre las familias: El 56% teme que un gasto imprevisto pueda poner en riesgo su capacidad para conservar su vivienda.
Otra historia es la de Victoria, quien vende churros cerca de Bellas Artes y renta un pequeño departamento en Ecatepec, donde vive con sus hijos. Cada mes debe reunir 4 mil 500 pesos, equivalentes a 54 mil pesos anuales.
En ocasiones, completar el pago se convierte en una carrera contra el tiempo. Para reunir el dinero, ha dejado de comprar ropa, calzado y alimentos, además de posponer algunas necesidades de sus hijos.
La posibilidad de adquirir una casa propia también parece cada vez más lejana. El 81% de las personas encuestadas considera que el encarecimiento de la vivienda dificulta acceder a una propiedad.
Entre quienes no tienen casa propia y no esperan conseguirla, el 53% señala que los inmuebles son demasiado caros, el 50% considera que sus ingresos son insuficientes y el 41% afirma que carece de los ahorros necesarios para cubrir el pago inicial.
Los testimonios y las cifras muestran cómo el costo de la vivienda presiona la economía familiar y obliga a muchas personas a elegir entre conservar un techo y atender otras necesidades básicas.
La economía del país se refleja en la realidad de millones de familias que tienen que elegir entre pagar la renta, comprar alimentos o atender su salud. No basta con hablar de crecimiento o presumir cifras cuando la gente tiene que dejar de comprar zapatos durante años para conservar un techo. ¿De qué sirve trabajar todos los días si el dinero apenas alcanza para sobrevivir?
Tener una vivienda digna no debería ser un lujo ni una condena a vivir endeudado. Cuando las familias sacrifican comida, ropa y atención médica para pagar una renta, queda claro que el costo de vida está rebasando sus ingresos. La preocupación no es solo llegar a fin de mes, sino vivir con la incertidumbre de que cualquier imprevisto puede dejarlas sin hogar.
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