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AGENCIA

Pompeya.- En el año 79 d.C., una de las catástrofes más devastadoras de la historia sepultó bajo toneladas de ceniza y piedra a la próspera ciudad romana de Pompeya, ubicada cerca de la bahía de Nápoles. El causante fue el Monte Vesubio, un volcán que hasta entonces se creía inactivo.

El 24 de agosto, una violenta erupción volcánica lanzó al cielo una columna de ceniza, piedra pómez y gases tóxicos que alcanzó los 30 kilómetros de altura. Durante dos días, una lluvia mortal cayó sobre Pompeya y la cercana Herculano, atrapando a miles de personas que no lograron escapar a tiempo. Las ciudades quedaron enterradas bajo varios metros de material volcánico, selladas en el tiempo por una capa que más tarde serviría como preservante.

Los cuerpos de los habitantes de Pompeya quedaron inmortalizados en moldes formados por la ceniza endurecida, muchos de ellos en sus últimos momentos, lo que hoy ofrece una impactante visión de la tragedia. Calles, viviendas, foros y templos fueron cubiertos, pero también conservados, lo que ha permitido a los arqueólogos reconstruir con detalle la vida cotidiana de una ciudad romana del siglo I.

Las ruinas de Pompeya fueron redescubiertas en el siglo XVIII, revelando una ciudad detenida en el tiempo. Mosaicos, frescos, utensilios domésticos y estructuras completas salieron a la luz, convirtiendo a Pompeya en uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo.

La erupción del Vesubio es hoy un símbolo de la fragilidad humana ante la fuerza de la naturaleza, y la historia de Pompeya sigue siendo un testimonio silencioso de una tragedia que, al mismo tiempo, nos permite entender mejor el pasado.

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