El segundo reactor de fusión nuclear en suelo británico (MAST Upgrade) se ha encendido con éxito y ha generado su primer plasma, reportó la Autoridad de Energía Atómica del Reino Unido a finales de octubre. Este lanzamiento confirmó que todos los componentes del sistema pueden trabajar juntos para calentar el gas hidrógeno hasta la fase del plasma —el “cuarto estado de la materia”—, que con el tiempo permitirá sacar energía útil del proceso.

La construcción de esta instalación costó al Gobierno británico más de 71 millones de dólares y duró siete años. El comunicado oficial admite que básicamente se trata de un Tokamak (acrónimo del término ruso correspondiente a la “cámara toroidal con bobinas magnéticas”) y un análogo al proyecto en construcción en la localidad de Cadarache del sudeste de Francia, el cual será mucho más grande.

Ambas máquinas requieren intensos campos magnéticos para confinar el plasma, o aislarlo de las paredes del reactor, pero este no es un objeto que se pueda controlar al 100 por ciento y esto implica ciertas inconveniencias para la tecnología. Las repentinas inestabilidades del plasma que ocurren en el reactor interrumpen el confinamiento, provocan escapes de calor, que a su vez suspenden la generación de energía e infligen daños a algunos componentes clave del reactor.