Ciudad de México.- Durante el reciente lanzamiento de la nave Crew Dragon, con la que una empresa privada llevó por primera vez a un par de astronautas a la Estación Espacial Internacional (EEI), el médico cirujano y piloto aviador Carlos Salicrup daba una entrevista en vivo para la televisión.

“Entonces realmente no pude gritar y brincar como me hubiera encantado”, comparte a REFORMA el especialista en medicina aeroespacial, nacido en la Ciudad de México en 1978.

El volver a ver partir una misión tripulada desde suelo estadounidense fue particularmente significativo para él, luego de haber tenido la oportunidad de colaborar en algunas de las últimas misiones del programa del transbordador espacial de la NASA antes de que éste cerrara sus puertas en 2011.

“Yo cada lanzamiento y cada aterrizaje lo festejaba en grande porque es un gran logro para la humanidad. Es el resultado de miles de personas, de años de trabajo e, incluso, hasta del sacrificio de las vidas que ha costado la carrera espacial”, dice Salicrup, quien durante el último vuelo que partió hace nueve años desde el Centro Espacial Kennedy portaba en su uniforme el parche de una recién creada Agencia Espacial Mexicana, de la cual fue impulsor.

Hoy, cuando el éxito de SpaceX allana la senda de vuelta a la Luna para de ahí dar el gran salto a Marte, Salicrup y todos aquellos expertos dedicados a la medicina aeroespacial tienen una serie de retos por resolver antes de poder materializar la colonización del cosmos.

“Estos años que no hubo lanzamientos desde el continente americano he estado dedicado a la investigación y el desarrollo de la parte médica para las misiones lunares de larga duración y las misiones interplanetarias, dedicándome básicamente a qué es lo que pasaría si alguien se enferma o si alguien tiene un accidente y no podemos regresar a la Tierra, si ya estamos en el punto de no retorno o en un campamento lunar.

“La mayoría de los grandes emprendimientos del ser humano cuando han fracasado es por un evento médico”, detalla el médico mexicano.

La parte psicológica, destaca Salicrup, es uno de los primeros aspectos que habrán de tomarse en cuenta. Cómo hacer para que en una misión de año y medio un equipo no sólo sobreviva, sino que conviva, que trabaje en equipo y que los conflictos se mantengan al mínimo.

Una forma en la que esto puede entenderse es desde la experiencia que actualmente se vive a lo largo del mundo por el confinamiento ante la pandemia de Covid-19.

“Se está experimentando un poco lo que nosotros pasamos desde los primeros días de misiones: el aislamiento y confinamiento, el trabajo en equipo, el estar con una tripulación en un hábitat sin forma de salir, o si no se interrumpe la misión”, relata el especialista mexicano.

Además de esto, que puede conllevar la pérdida del sentimiento de pertenencia por la lejanía con la Tierra, está lo relativo al óptimo mantenimiento de los sistemas y órganos vitales, ya que con la falta de gravedad hay alteraciones en el sistema cardiovascular, en el musculoesquelético y hasta en la vista, así como en los ritmos circadianos.

Otro problema, continúa Salicrup, es la forma de proteger a los tripulantes de las grandes cantidades de radiación solar y cósmica durante el largo trayecto hacia Marte, por ejemplo, y ya una vez que se esté en el Planeta Rojo, donde la atmósfera es delgada y carente de ozono. Razón por la que se ha planteado la posibilidad de habitar bajo la superficie marciana.

Sin embargo, acaso el mayor desafío a superar para estas misiones de larga duración es el de la alimentación. ¿Qué comerán los astronautas durante año y medio de viaje? ¿Cómo se producirán tales alimentos?

“Debe ser una alimentación balanceada, que tenga antioxidantes, que proteja contra mutaciones celulares por la cantidad de radiación a la que se va a estar expuesto, que nutra y que psicológicamente se vea bien la comida. Uno no puede comer de un tubo de pasta de dientes toda la vida, te deprimes”, expone el médico y piloto.

Las opciones hasta ahora perfiladas para esto son la incorporación de huertos con hidroponia en las naves, o tratar de generar comida mediante peceras donde el agua y los propios desechos orgánicos de los peces sirva para cultivar algunas plantas. O, por otro lado, el uso de compostas.

“En Marte no hay tierra como en la Tierra, y no me puedo llevar costales de tierra de Xochimilco a una misión de año y medio. Entonces, a través de compostas, de los desechos orgánicos de todo y de todos, estamos plantando semillas; las estamos fertilizando con espirulina que activamos con la urea que sacamos de nuestra propia orina, y esto nos está dando una gran opción de alimentos”, indica Salicrup.

Este tipo de investigación no sólo resolvería el problema de aquellos enviados a culminar la expansión interplanetaria de la humanidad, sino algunos otros que actualmente tienen lugar en nuestro planeta.

“Con esto, el día de hoy en la Tierra no hay excusas para decir que en una zona árida, en una zona desértica, alejada, hay hambruna y no hay como tener alimentos”, subraya Salicrup.

“Es padre jugar con cohetes, definitivamente, pero todo lo que nosotros hacemos en ciencia espacial tiene beneficios para la raza humana”, añade, ante el eterno cuestionamiento crítico sobre la utilidad y el beneficio de invertir millones en la industria espacial.

Un último ejemplo de esto, donde también ha estado involucrado el mexicano, es el desarrollo mediante impresión 3D de equipo y aparatos médicos funcionales, como un dispositivo de ventilación mecánica, probado hace unos años en vuelos de cero gravedad en Japón, y que podría resultar de gran utilidad en el actual contexto de la pandemia de SARS-CoV-2.

“Este dispositivo ya está en la EEI, se está sometiendo a pruebas”, señala. “Y esto también es una respuesta. Ahora en el caso de la pandemia, que empiecen a faltar ventiladores pulmonares, pues bueno, con una impresora 3D sin ningún problema puedes imprimirte uno. Ahorita estamos en la fase de pruebas clínicas”.

‘A aprovechar tiempo de crisis’

“Yo toda mi vida realmente quise ser piloto”, recuerda Carlos Salicrup, hoy capitán de Boeing 737 de Aeroméxico.

El interés por la medicina vino después, y un tanto de manera incidental, luego de realizar a los 15 años su servicio social de bachillerato como socorrista de la Cruz Roja Mexicana, institución en la que hoy día suma más de 25 años de servicio como voluntario, y donde además funge como instructor de paramédicos de niveles avanzados.

“Se me dio mucha facilidad por la medicina”, confiesa. Y esto fue así al grado de que el plan original de dedicarse a la ingeniería pronto quedó desplazado.

Ya una vez cursando la carrera de medicina en la UNAM, el estallido de la huelga en 1999, más que un obstáculo, representó una oportunidad, pues pudo aprovechar el impasse académico para concursar para entrar a Aeroméxico, lo cual consiguió.

Una nueva crisis, el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, trajo consigo una serie de recortes en la aerolínea mexicana que no alcanzó a Salicrup, pero sí le permitió tomarse una licencia sin goce de sueldo para regresar a terminar la universidad, siendo ya un piloto profesional.

Tiempo después logró especializarse en medicina aeroespacial en un programa auspiciado por la NASA en la Universidad Estatal Wright, en Ohio, lo cual encaminaría una carrera que lo ha llevado lo mismo a participar en misiones análogas con diferentes agencias espaciales para simular la atención inmediata de accidentes en el entorno marciano, así como a colaborar en auténticos lanzamientos de la NASA.

¿Está entre sus objetivos ser el médico de una misión tripulada?

Sí, claro. Para eso me he estado entrenando.

A propósito de la era convulsa que atraviesa el mundo a causa del Covid-19, Salicrup, invita a no rendirse ni lamentarse.

“Para mí, los tiempos de crisis como éste, como los tiempos de pandemia, siempre me han favorecido a hacer cosas que no podría yo hacer en otros momentos Entonces, pues a aprovechar esos momentos no para lamentarse, sino para salir adelante”, concluye.

Carlos Salicrup (CDMX, 1978)

-Piloto aviador, paramédico y médico cirujano egresado de la UNAM.

-Maestro en ciencias con especialidad en medicina aeroespacial.

-Médico examinador senior designado para México por la U.S. Federal Aviation Administration y Transport Canada.

-Presidente de la Asociación Iberoamericana de Medicina Aeroespacial.

-Presidente del Comité de Seguridad Aeroespacial y fellow de la Aerospace Medical Association.

-Fellow de la Royal Aeronautical Society del Reino Unido.