AGENCIA
Nacional.- En México ya no basta con tener empleo para salir adelante. La informalidad se convirtió en el refugio obligado de millones de personas mientras el trabajo formal se debilita, desaparecen plazas con prestaciones y los salarios continúan siendo insuficientes para sostener a una familia.
Los datos más recientes del Inegi reflejan una realidad preocupante: Todos los nuevos empleos creados durante el último año fueron informales. En contraste, el país perdió más de 31 mil plazas formales, confirmando que la estabilidad laboral cada vez es más escasa.
El problema no sólo es conseguir trabajo, sino sobrevivir con lo que se gana.
Actualmente, casi ocho de cada 10 trabajadores mexicanos viven con uno o dos salarios mínimos, una cifra que evidencia el deterioro del poder adquisitivo y la precarización del empleo.
La situación golpea especialmente a quienes reciben el salario mínimo. Cerca de 47 por ciento de la población ocupada obtiene apenas 9 mil 582 pesos mensuales, cantidad que debe alcanzar para comida, transporte, renta, medicinas, luz, agua y educación.
Traducido a la vida diaria, miles de familias sobreviven con poco más de 100 pesos diarios por integrante únicamente para alimentación, dejando fuera otros gastos básicos indispensables.
Mientras el discurso oficial presume estabilidad económica y generación de empleo, la realidad en calles, mercados y colonias es distinta: Más personas trabajan sin contrato, sin seguridad social, sin prestaciones y sin garantía de retiro digno.
La informalidad terminó por devorar el crecimiento laboral.
Comercio ambulante, trabajos eventuales, empleo doméstico sin prestaciones y actividades sin registro fiscal concentran ahora la mayor parte de las oportunidades laborales del país, fenómeno que también refleja la incapacidad económica de empresas y gobiernos para generar empleo estable y bien pagado.
Otro dato que exhibe la desigualdad salarial es que apenas una minoría logra ingresos altos. Sólo 0.8 por ciento de los trabajadores gana más de cinco salarios mínimos, mientras millones permanecen atrapados en niveles salariales que apenas permiten sobrevivir.
Especialistas advierten que el país enfrenta un mercado laboral donde trabajar ya no garantiza movilidad social, ahorro ni estabilidad familiar.
La consecuencia es visible: Jornadas más largas, empleos más frágiles y familias completas viviendo al límite, en una economía donde millones trabajan todos los días, pero continúan atrapados en la incertidumbre y la pobreza laboral.
Presumen generación de empleo, pero la realidad es que la mayoría termina vendiendo en la calle o trabajando sin prestaciones. Tener trabajo en México ya no significa vivir dignamente, apenas alcanza para sobrevivir.
Mientras el gobierno habla de bienestar, millones de familias viven con salarios miserables y sin seguridad social. La informalidad crece porque el empleo formal ya no alcanza ni para mantener la comida sobre la mesa.
