De la redacción
El Buen Tono
El exempresario Scott Vincent Borba, cofundador de la exitosa marca de cosméticos de bajo costo e.l.f. Cosmetics, sorprendió al mundo tras renunciar a su fortuna, su estilo de vida de lujo y su entorno en Hollywood para ordenarse como sacerdote católico en California.
Borba, de 52 años, participó en la creación de una de las empresas más reconocidas del sector de la belleza accesible en Estados Unidos, lo que lo llevó a acumular grandes ganancias y a integrarse en círculos de celebridades de alto perfil.
Durante su etapa de mayor éxito, el ahora religioso también impulsó proyectos como bebidas y tratamientos enfocados en el cuidado estético, lo que reforzó su presencia en la industria del entretenimiento y la moda, además de su cercanía con figuras de Hollywood.
El exempresario llegó a relacionarse con personalidades del espectáculo y a llevar un estilo de vida marcado por mansiones, automóviles de lujo y eventos exclusivos, una etapa que él mismo ha descrito como plenamente ligada al mundo del glamour.
Sin embargo, su vida dio un giro inesperado tras una experiencia espiritual que, según su testimonio, lo llevó a replantear su camino y a sentir que su vida anterior no correspondía con sus convicciones religiosas.
A partir de ese momento, comenzó un proceso de cambio que lo llevó a alejarse del entorno empresarial y a iniciar un camino hacia la vida religiosa, dejando atrás su fortuna mediante donaciones a causas benéficas.
En 2019 anunció su decisión de dedicar su vida al ministerio católico, iniciando estudios en el seminario y regresando a su lugar de origen en California, donde retomó una vida más austera.
La ceremonia de ordenación se llevó a cabo en la Iglesia de San Carlos Borromeo, en Visalia, dentro de la Diócesis de Fresno, una comunidad ubicada en el Valle Central de California con fuerte actividad agrícola.
En el mismo acto también fueron ordenados otros diáconos, en una celebración que reunió a miembros de la comunidad católica local.
Actualmente, Borba vive con sencillez y afirma que su vida tiene un propósito distinto al que tuvo durante sus años de éxito empresarial, marcando así uno de los cambios más radicales entre el mundo corporativo y la vida religiosa en Estados Unidos.
