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Según Wikipedia, “La misoginia (del griego μισογυνία; ‘odio a la mujer’) es la aversión u odio a las mujeres, o la tendencia ideológica o psicológica que consiste en despreciar a la mujer como sexo y con ello todo lo considerado como femenino. 

Este término que regularmente se le pretende aplicar al macho mexicano, es lo más alejado a la realidad, en consideración a que los hombres le debemos respeto y consideración a la mujer como nuestra imagen materna y filial; conductas de aversión u odio, que las más de las veces se dan como consecuencia de la negación de las propias inclinaciones sexuales o deformación de la imagen materna y familiar del misógino; se dan en los estratos sociales más conservadores, que complementado con quienes pudiera considerarse de las esferas de “poder”, ya sea económico, político o criminal, da pie a los mayores abusos e impunidad, más aún cuando se realiza por quienes debieran ser ejemplo de comportamiento y probidad familiar a pesar de que el maltrato a la mujer está penado y sancionado oficialmente por ley, e incluso protegido y contenido en tratados internacionales suscritos por el estado Mexicano, como la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer o de Maltrato a la misma. Comúnmente la mujer recibe maltrato, desprecio, abuso o negligencia de los que se pretenden hombres. 

Ejemplos sobran, desprecio o maltrato es de carácter verbal, físico o psicológico. A partir del desprecio permanente, complementado con quienes pudieran considerarse de la esferas de “poder”, ya sea económico, político o criminal, realizan los actos más deleznables, pues aparentan ante los demás ser seres normales, incluso románticos, pero en la soledad por el más mínimo pretexto se convierten en “bestias”, y propician perder el control, golpean, maltratan, gritan, vociferan y humillan a su pareja haciéndola sentir culpable de sus reacciones violentas, para después “aparentemente”, dar signos de arrepentimiento y reconciliación, pretendiendo el siguiente acto violento e inmoral, escudados en exigir un respeto que no mamaron, o que al contrario, sufrieron por abusos traumáticos que los hace pretender dar la apariencia de ser quien manda y tiene el poder.

Estos “hombres”, suelen ser posesivos, controladores y celosos, con exigencias a sus parejas que renuncien a sus gustos, estilos, círculos sociales y trabajo, para poder tener mayor control sobre ellas, muchas veces ocultando sus tendencia y preferencias sexuales, que al ser rechazados o descubiertos pretenden liberarse de cualquier tipo de dependencia del género femenino, la mujer, y como consecuencia la concepción 
y la familia.

Cualquier coincidencia con la realidad, simplemente resulta casual y mera coincidencia de los abusos de quienes deberían estar obligados a respetar la ley.

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