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De la Redacción

El Buen Tono

ORIZABA.- La muerte de otra tigresa en la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) Citlaltépetl vuelve a colocar bajo la lupa las condiciones en las que se encuentran los animales de vida silvestre bajo resguardo municipal.

La UMA confirmó mediante un comunicado el fallecimiento de Tímida, una ejemplar de Panthera tigris que llegó a Orizaba en 2015, procedente de un esquema de rescate y resguardo.

La administración de la UMA, encabezada por su coordinadora Brenda Abaroa Ortiz, y bajo la responsabilidad del director de Medio Ambiente, Aldo Israel Huerta Peña, atribuyó parte del deterioro de la tigresa a antecedentes médicos de epilepsia y a su edad avanzada, pues, de acuerdo con el comunicado, tenía entre 20 y 21 años.

Sin embargo, el fallecimiento vuelve a generar cuestionamientos debido a que con éste ya serían dos felinos muertos en un periodo menor a dos meses dentro de la reserva, situación que exige algo más que un comunicado: información precisa sobre las causas de cada deceso, los protocolos aplicados y las condiciones en que permanecen las demás especies.

El caso de Tímida se suma a una serie de situaciones que han encendido las alertas entre ciudadanos y defensores de los animales respecto al manejo de la fauna silvestre en la UMA Citlaltépetl.

Se han señalado previamente muertes y problemas que involucran a liebres, tucanes, venados, monos araña, un mapache y otros ejemplares. En el caso de los venados, existen cuestionamientos sobre procedimientos de desparasitación realizados cuando dos de los ejemplares se encontraba en gestación, situación que debe ser esclarecida mediante los expedientes veterinarios correspondientes.

También está el caso de las avestruces, una de las cuales perdió un ojo, mientras que otra presenta una lesión compatible con papiloma, circunstancias que igualmente demandan información veterinaria y seguimiento especializado.

Ante este panorama, la muerte de Tímida no puede analizarse únicamente desde su edad o sus antecedentes clínicos. Si la UMA sostiene que recibió atención veterinaria especializada, debe existir un expediente clínico que permita conocer su evolución, tratamientos, medicamentos suministrados, diagnósticos, estudios realizados y, sobre todo, el dictamen que establezca científicamente la causa del fallecimiento.

La ciudadanía también tiene derecho a conocer qué protocolo se siguió después de la muerte del ejemplar, incluyendo la necropsia y la disposición de los restos, particularmente por tratarse de una especie protegida y de manejo especializado.

El comunicado señala que Tímida llegó a Orizaba después de haber sido localizada en condiciones de estrés y malas prácticas de manejo, con antecedentes documentados por la Profepa. Precisamente por tratarse de fauna silvestre bajo resguardo, la responsabilidad de quienes tienen a su cargo estos ejemplares es mayor.

El problema de fondo, entonces, no es solamente que un animal haya muerto por causas naturales o por su avanzada edad, sino si la UMA cuenta con el personal, infraestructura, protocolos y especialistas necesarios para garantizar el bienestar de ejemplares que permanecen bajo su custodia.

No basta con lamentar las pérdidas ni con asegurar que existe un compromiso con el bienestar animal. La pregunta que deben responder Aldo Israel Huerta y Brenda Abaroa es qué está ocurriendo en la UMA Citlaltépetl y qué medidas concretas se toman para evitar que la lista de animales muertos crezca.

La conservación de fauna silvestre no puede depender de improvisaciones, omisiones ni explicaciones posteriores. Los animales bajo resguardo municipal no son objetos de exhibición: son seres vivos cuya protección implica obligaciones legales, técnicas y éticas.

Por ello, sería indispensable que las autoridades ambientales den a conocer públicamente los dictámenes de necropsia, expedientes veterinarios y protocolos de atención de los ejemplares fallecidos, además de informar si existe alguna investigación o inspección de las autoridades ambientales competentes.

Mientras eso no ocurra, cada nueva muerte seguirá alimentando una pregunta incómoda: ¿la UMA Citlaltépetl realmente está cumpliendo con su obligación de proteger a los animales que tiene bajo su responsabilidad?

El Gobierno del Estado debería tomar las riendas de la UMA, de los animales de la reserva porque con seguridad los tendrían mejor atendidos que el ayuntamiento de Orizaba, que solo contabiliza las muertes y no actúa para evitarlas.

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