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Navegaba con bandera de honestidad

Superiberia

 Por: Catón  /  columnista

Chanita y Enita eran gemelas idénticas. Una noche Chanita le dijo a su hermana que iba a salir con su novio, y que de seguro llegaría tarde. En efecto, regresó cuando el reloj marcaba ya las 3 de la mañana. Despertó a Enita y le dijo con una gran sonrisa: “Hermana: ¡con la novedad de que ya no somos gemelas idénticas!”… Don Pecunio era hombre rico. Aunque algunos de sus negocios eran más que dudosos  navegaba con bandera de honestidad. (La Biblia dice que es difícil que un hombre rico entre al Cielo, pero no dice que es más difícil aún que entre a la cárcel). Sucedió que el magnate se enamoró de una muchacha desconocida. Sus abogados la hicieron investigar por un detective, temerosos de que el señor cayera en manos de una buscadora de fortunas. El investigador rindió su informe: “La joven es decente y virtuosa, pero últimamente se le ha visto en compañía de un empresario corrupto, sinvergüenza e inmoral”… Una linda chica llamada Florilí se iba a casar. Muy apenada le dijo a su mamá: “Ahora que voy a casarme quiero hacerte una pregunta, pero me da vergüenza”. “Vamos, hijita –respondió con ternura la señora-. Que eso no te apene. Es la cosa más natural del mundo. Mira: la noche de tu boda te bañas, te perfumas, te pones tu negligé…”. “No, mami –repuso Rosilí-. Todo eso ya lo sé y lo tengo bastante practicado. Lo que quiero que me digas es cómo se hace la sopa de arroz”… No sé si haya todavía alguna esposa joven que sepa hacer sopa de arroz.  Lo que sí sé que en lo relativo a la elección presidencial ese arroz todavía no está cocido. Quienes piensan –y son muchos- que López Obrador es un peligro para México seguramente se alegraron al ver los resultados de la última encuesta que el Grupo Reforma hizo. Si bien es cierto que AMLO conserva su ventaja –igual la tuvo en las otras dos elecciones en que ha participado y que al final perdió- se observa que sus números casi no se han movido, en tanto que los de Ricardo Anaya van creciendo en forma consistente. Tomemos en cuenta que el dueño de Morena lleva ya 20 años en campaña, en tanto que el panista apenas va a comenzar la suya. Pienso que el final de la carrera se dará entre estos dos contendientes, y que el llamado voto útil favorecerá más a Anaya que a López Obrador. Sea lo que fuere lo cierto es que este arroz está muy lejos de haberse ya cocido… Don Pachichi, señor con más años que un perico, casó con Tetonona, mujer que a más de estar en flor de edad tenía profusión de atributos corporales tanto en el hemisferio sur como en el norte. Ya en la suite nupcial la desposada vio que su flamante esposo escribía algo en un papel que luego ponía en el buró. Aprovechando que don Pachichi había ido por enésima vez al baño para dar trámite a una necesidad menor leyó lo que había escrito. Decía el papel: “Que no se me olviden las dos cosas que debo hacer”. Tal memorándum la dejó muy intrigada. Llegó la hora de la acción matrimonial y Tetonona quedó asombrada –y extasiada- al ver el desempeño de su provecto esposo. He aquí que el maduro señor hizo obra de varón no una sola vez, sino otra, y otra más. Y ya se disponía a emprender la cuarta demostración, pero ella, cansada y satisfecha, le pidió que sofrenara sus eróticos impulsos para dormir un poco. Se entregaron al sueño, pues, los dos, invadidos por ese dulcísimo sopor que posee a los amantes después del amor bien cumplido. Amaneció el nuevo día, y Tetonona despertó. Sintió el lecho mojado, y advirtió que en don Pachichi se había hecho pipí en la cama. Lo despertó y se lo dijo: “¡Caray! –se apenó él-. Se me olvidó ir al baño antes de dormirme. ¡Ésa era la otra cosa que tenía que hacer!”… FIN.

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